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La catedral de Córdoba (1), corazón de las reivindicaciones del islam en España

© Timor Espallargas
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Algunos tratan de contaminar el diálogo interreligioso con planteamientos ajenos a su ámbito

inspirada en una propuesta multicultural, una visión política/sociológica más que religiosa. Introducirla en este contexto como un asunto necesario es falsear la verdadera naturaleza del encuentro.

Sobre el uso ecuménico del espacio catedralicio, insistimos en recordar que se trata de un templo católico consagrado al culto, de manera ininterrumpida y pacífica desde el siglo XIII.

La presencia del Sagrario (Cristo vivo) hace que su uso no sea compatible con otros cultos, especialmente el Islam, que no reconoce la naturaleza divina de Cristo. A diferencia de una mezquita, la catedral no es sólo un espacio de oración, donde evocar a Dios. Es “casa de Dios”.

3. Reinvención de la historia: los mitos del “andalusismo”

Siendo un edificio histórico, la catedral no es un resto arqueológico, ni un museo. Tampoco es un recinto de interpretación de al Ándalus. Es un templo, y como tal, un ámbito que goza de especial protección legal, en tanto que expresión de la libertad religiosa de sus fieles.

Resulta evidente que al tratarse de un símbolo histórico híbrido (católico-islámico) ha estado y está sujeto a una falacia histórica y política sostenida por la Plataforma. A saber: que es  un templo “enajenado por la Iglesia”, no sólo a los musulmanes / al islam, sino también al pueblo andaluz / español.

En este sentido, la Plataforma ha acusado a la Iglesia de estar “borrando” el nombre de mezquita de su denominación oficial para “ocultar su islamidad”, en tanto que símbolo del Califato Omeya (islam triunfante en la Península).

Con ello, subraya la reinvención del pasado histórico que viene sosteniendo un sector de los musulmanes en España. En este discurso, la Iglesia católica sigue ejerciendo un papel negativo, obstructor de la verdad, modernidad y la civilización.

Por último es importante subrayar que la construcción de España como nación está indiscutiblemente ligada al cristianismo.

En un intento de borrar estas raíces, las autoridades andaluzas han privilegiado desde hace décadas al islam como referente más señero y rentable del pasado andaluz. Una suerte de “analusismo” histórico, en el que Al Ándalus es un mito que da coherencia al “ser” de Andalucía, bien en el pasado o en el futuro.

Expropiar el templo a la Iglesia sería certificar el comienzo de este desplazamiento definitivo de lo católico como raíz cultural y espiritual, una estrategia política y económica que de tener éxito no impediría que se reeditara en cualquier parte de España.
 
 

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