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San Antonio María Claret: arzobispo en Cuba y confesor de Isabel II

ANTHONY MARY CLARET

H Zell-(CC BY-SA 4.0)-modified

Dolors Massot - publicado el 24/10/14

Fundador de los claretianos, apóstol de la prensa... No le faltaron enemigos que incluso intentaron asesinarle

Antonio Claret Clará nació en Sallent (Barcelona, España) el 23 de diciembre de 1807. Era el quinto de once hijo. Lo bautizaron el día de Navidad.

El enfrentamiento contra la invasión napoleónica de España empapaba el ambiente del momento. Los soldados franceses pasaban frecuentemente por la villa entre los años 1808 y 1814. En 1812 se promulgaba la nueva Constitución, “la Pepa” porque se publicó el día de san José.

Antoni Claret, ya de niño, era muy buen estudiante (leía con gusto) y muy piadoso. Amaba la Eucaristía y a la Virgen. Atiende en misa, va a ver a Jesús en la iglesia aprovechando momentos de juegos infantiles, reza el rosario cada día, visita con frecuencia la ermita de Fusimaña… Pronto descubrirá que quiere ser sacerdote y apóstol.

Sin embargo, no pudo ir inmediatamente al seminario. Su padre tenía en casa un taller textil, y él aprendió el oficio. Fue a Barcelona y allí se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios.

Un día experimentó el auxilio de la Virgen. Estaba en la playa y de pronto una ola lo engulló y se lo llevó mar adentro. Antoni gritó “Virgen santa, salvadme”, e inmediatamente se encontró en tierra firme.

Definitivamente, después de otras experiencias fuertes Antoni entiende que la vida mundana no es para él. Acude al oratorio de san Felipe Neri, junto a la catedral, y decide hacerse cartujo. Emprende viaje de regreso a Sallent, su pueblo, en septiembre de 1829 y se matricula como seminarista externo de Vic.  

Al cabo de un año debía partir hacia la cartuja de Montalegre, pero una tormenta de verano a medio camino desbarató este proyecto. Claret regresó a Vic.

A los 27 años, el 13 de junio de 1835, el obispo de Solsona, fray Juan José de Tejada, que había sido general de los Mercedarios, lo ordenó sacerdote.  Su primera misa la celebró en la parroquia de Sallent el día 21 de junio, y allí se quedó como párroco.

Al morir Fernando VII, los constitucionales tomaron el poder al estilo revolucionario francés. Entre otras medidas, las Cortes de 1835 aprobaron la supresión de todos los Institutos Religiosos. En 1836 se produce la desamortización de Mendizábal. Se expropian los bienes de la Iglesia, pasan a subasta pública y se genera un ambiente de crispación que invita a quemar conventos y a matar a los religiosos. En Navarra, Cataluña y el País Vasco, esto produce un levantamiento que desemboca en guerra entre carlistas e isabelinos.

En septiembre de 1839, a los 31 años, Claret decide ir a Roma -primero a pie y luego en barco desde Marsella- e inscribirse en «Propaganda Fide», para ser misionero. Allí hace unos ejercicios espirituales, piensa que tal vez deba ser jesuita, pero entretanto sufre un fuerte dolor de pierna y ve que no tiene salud para evangelizar en el extranjero. De modo que decide regresar a España. Será regente en el pueblo de Viladrau, donde el párroco está muy anciano.

En julio de 1841 es nombrado Misionero Apostólico en Cataluña. Comienza así a viajar desde Vic, donde residirá, y predica con éxito en las catedrales de Solsona, Girona, Tarragona, Lleida, Barcelona… Predica ejercicios a las Carmelitas de la Caridad de Vic, entre las que se encuentra santa Joaquina Vedruna. Algunas personas se dan cuenta de que tiene el don de penetrar las conciencias. Sabe qué le ocurre a una persona sin necesidad de que se lo explique.

Comienza a sufrir calumnias y llegará a ser el arzobispo de Tarragona quien salga al paso de la situación.

Publica “El camino recto”, que será el libro de espiritualidad más vendido del siglo XIX. Se le llamará «el apóstol de la prensa». Funda la «Librería Religiosa” y la Archicofradía del Corazón de María. Redacta los estatutos de La Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amantes de la Humanidad, compuesta por sacerdotes y seglares, hombres y mujeres.

Siguió predicando en Canarias

En 1847 en Cataluña se produce una nueva rebelión armada. Ya no es posible hacer misiones. Al año siguiente va a Canarias y allí predica, de nuevo con gran éxito. Telde, Agüimes, Arucas, Gáldar, Guía, Firgas, Teror… En Lanzarote, evangeliza en Teguise y Arrecife. Lo llamaban “padrito” y estuvo 15 meses.

 Deja escrito esto en una carta al obispo de Vic:  

«Estos canarios me tienen robado el corazón… será para mí muy sensible el día en que los tendré que dejar para ir a misionar a otros lugares, según mi ministerio» (27 de septiembre de 1847). 

El 16 de julio de 1849 en una celda del seminario de Vic san Antonio María Claret fundó la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Tenía 41 años. Los cofundadores los padres Esteban Sala, José Xifré, Manuel Vilaró, Domingo Fábregas y Jaime Clotet. Además intervino en el nacimiento de otras fundaciones.

Arzobispo de Santiago de Cuba: la esclavitud

Fue nombrado arzobispo de Santiago de Cuba. El día 6 de octubre de 1850, con 42 años, fue consagrado obispo en la catedral de Vic. Antes de marchar a Cuba, se puso en manos de la Santísima Virgen. Visitó el Pilar, Montserrat y Fusimaña. En el puerto de Barcelona mucha gente fue a despedirle.

En la diócesis de Santiago de Cuba estuvo seis años. Luchó contra la esclavitud, llevó la justicia social de la Iglesia.

A un hacendado que maltrataba a los negros le mostró un día un papel blanco y otro negro. Los quemó y le mostró las cenizas: «Señor, -le dijo- ¿podría decir qué diferencia hay entre las cenizas de estos dos papeles? Pues así de iguales somos los hombres ante Dios».

Fundó instituciones religiosas y sociales para niños y mayores; creó escuelas técnicas y agrícolas, cajas de ahorros, asilos.

Un día en Holguín sufrió un atentado y casi muere al salir de la iglesia. Él mismo lo relató y vio en él tres prodigios, dos relacionados con su salud y el tercero, la creación de la Academia de san Miguel, que aprobaría el papa Pío IX.

Confesor de la reina

En marzo de 1857, la reina Isabel II lo nombró su confesor, así que tuvo que regresar a Madrid, pero al saber cuál era su oficio, exigió no vivir en palacio, que no se le implicara en política y no guardar antesalas teniendo libertad de acción apostólica.

En Madrid estuvo 11 años, metido en una intensa vida en la corte y fuera de ella, predicando a menudo en iglesias y conventos. Hizo restaurar El Escorial, que había sido exclaustrado en 1835 y se encontraba en un estado lamentable. Acompañó a la reina en sus viajes por España. Pero siempre destacó por su vida de oración, por su amor a la Eucaristía y a la Virgen, y por su austeridad.

A su trabajo externo se unía la escritura. Publicó 96 obras propias. “Son los libros la comida del alma», decía. Entre otras, son famosas «El camino recto», «El catecismo explicado» y «El colegial instruido». Se le llamará «el apóstol de la prensa».

En 1865, la Reina firmó la probación del Reino de Italia. Esto implicaba el expolio de los estados Pontificios. Claret decidió dejar la Corte y marcharse a Roma. Pero el Papa Pío IX le consoló y le ordenó que volviera otra vez a la corte. La reina y su familia se alegraron de que regresara.

Desterrado: El 18 de septiembre de 1868, la Reina Isabel II fue destronada. Claret tuvo que marchar a exilio con la familia real. Fueron a París. Al año siguiente, dejó se ser confesor de la reina y se fue a Roma.

El 30 de marzo de 1869 Claret se separaba definitivamente de la Reina y se iba a Roma. Ese año participará en el concilio Vaticano I.

En 1870 vuelve a España y para en Prada de Conflent (Francia). El 5 de agosto recibe un aviso de que quieren detenerlo. Huye y se refugia en el monasterio cisterciense de Fontfroide, cerca de Narbona.

El 24 de octubre, después de sufrir un ataque de apoplejía unos días antes, Claret falleció rodeado de todos los religiosos de la comunidad. Tenía 62 años.

Los restos del padre Claret fueron trasladados más tarde a Vic, en 1897, donde se veneran. El 7 de mayo de 1950 el Papa Pío XII lo proclamó santo.

Patronazgo

San Antonio María Claret es Copatrono de la Diócesis de Canarias junto con la Virgen del Pino.

Predicación de san Antonio María Claret sobre la Virgen

«Ya veis cuanto importa ser devoto de María Santísima. Ella os librará de males y desgracias de cuerpo y alma. Ella os alcanzará los bienes terrenales y eternos. …Rezadle el Santo Rosario todos los días con devoción y fervor y veréis como María Santísima será vuestra Madre, vuestra abogada, vuestra medianera, vuestra maestra, vuestro todo después de Jesús».

 «Ni en mi vida personal, ni en mis andanzas misioneras podía olvidarme de la figura maternal de María. Ella es todo corazón y toda amor. Siempre la he visto como Madre del Hijo amado y esto la hace Madre mía, Madre de la Iglesia, Madre de todos. Mi relación con María siempre ha sido muy íntima y a la vez cercana y familiar, de gran confianza. Yo me siento formado y modelado en la fragua de su amor de Madre, de su Corazón lleno de ternura y amor. Por eso me siento un instrumento de su maternidad divina. Ella está siempre presente en mi vida y en mi predicación misionera. Para mí, María, su Corazón Inmaculado, ha sido siempre y es mi fuerza, mi guía, mi consuelo, mi modelo, mi Maestra, mi todo después de Jesús».

Si quieres conocer la vida de otros santos, aquí las encontrarás.

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