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San Cleofás, uno de los dos discípulos de Emaús

CLEOPAS

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Dolors Massot - publicado el 25/09/14

Jesús Resucitado salió a su encuentro cuando iba con otro discípulo; los acompañó, les escuchó, les habló y se les reveló al partir el Pan

San Cleofás es uno de los discípulos de Cristo a los que conocemos por su nombre. De él los evangelios aportan dos referencias. Una, la de su marcha de Jerusalén después de que Cristo ha padecido y muerto en la Cruz, y el consiguiente encuentro con Jesús Resucitado, que se narra en Lucas 24, 13-33. Otra, en la que san Juan dice en su evangelio que al pie de la Cruz, en el Calvario, estaba acompañando a la Virgen Santísima «María, mujer de Cleofás».

No sabemos si esta María era discípula que acompañaba a Cleofás en el camino, aunque algunos teólogos consideran que podía ser que el Señor se hiciera el encontradizo con el matrimonio.

En cualquier caso, la enseñanza es clara: Cristo se muestra como Dios y Hombre Resucitado, en cuerpo glorioso, a algunos de sus seguidores para que den testimonio de Él de ahora en adelante para todas las generaciones futuras.

El evangelio de san Lucas narra así los hechos:

«Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.

En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.

El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».

«¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.

Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».

«Se les abrieron los ojos»

Jesús Resucitado, con infinita paciencia, les explica entonces que en Él se cumplen las profecías tan ansiadas por el pueblo de Israel (que ellos sí conocían). El Señor se pone a su nivel:

«Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.»

Entonces se produce el primer acercamiento de los discípulos de Emaús al Señor, sin aún saber quién es del todo. Pronto llegará la gran revelación:

«Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos.»

Cristo entonces se les revela plenamente en la Eucaristía:

«Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.

Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.

Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, (…)»

La Iglesia católica celebra san Cleofás el 25 de septiembre.

Oración

Confesamos, Señor, que sólo tú eres santo y que sin ti nadie es bueno, y humildemente te pedimos que la intercesión de San Cleofás venga en nuestra ayuda para que de tal forma vivamos en el mundo que merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Si quieres consultar la vida de otros santos, puedes seguir este enlace.

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