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Papa Francisco: ¿Te gusta corregir a los demás? Eso no viene de Dios

AFP PHOTO / ALBERTO PIZZOLI
ITALY, Rome : Pope Francis waves has he arrives for a visit at the "Bambino Gesu" children's hospital on December 21, 2013 in Rome. AFP PHOTO / ALBERTO PIZZOLI
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La verdadera corrección, explicada por el Papa en Santa Marta

La verdadera corrección fraterna es dolorosa porque está hecha con amor, en verdad y con humildad. Si sentimos placer al corregir, esto no viene de Dios. Es lo que ha dicho el Papa en la homilía de esta mañana en Santa Marta, en el día en el que la Iglesia celebra la Memoria litúrgica del Santísimo Nombre de María.
 
En el Evangelio del día, Jesús advierte a los que ven la paja en el ojo del hermano y no se dan cuenta de la viga que tienen en el suyo. Comentando esta cita, Papa Francisco vuelve sobre la corrección fraterna. Antes que nada al hermano que se equivoca se le ha de corregir con caridad.
 
“No se puede corregir a una persona sin amor y sin caridad. No se puede hacer una intervención quirúrgica sin anestesia: no se puede, porque el enfermo morirá de dolor. Y la caridad es una anestesia que ayuda a recibir la cura y aceptar la corrección. Cogerlo aparte, con mansedumbre, con amor y hablarle”.
 
En segundo lugar, prosiguió, es necesario hablarle con la verdad: “no decir algo que no es verdad. ¡Cuántas veces en nuestras comunidades se dicen cosas de una persona que no son verdad: son calumnias O si son verdad, se quita la fama a esa persona”. “Las murmuraciones, afirmó el Papa, hieren; las murmuraciones son bofetadas a la fama de una persona, son bofetadas al corazón de una persona”. Cierto, observó, “cuando te dicen la verdad no es bonito escucharla, pero si te la dicen con caridad y amor es más fácil aceptarla”. Por tanto “se debe habla de los defectos a los demás”, con caridad.
 
El tercer punto es corregir con humildad: “Si debes corregir un defecto pequeño, piensa que tú los tienes más grandes”.
 
“La corrección fraterna es un acto para curar el cuerpo de la Iglesia. Hay un agujero, allí, en el tejido de la Iglesia, que es necesario remendar. Y como las mamás, las abuelas, cuando remiendan, l hacen con mucha delicadeza, así se debe hacer la corrección fraterna. Si no eres capaz de hacerla con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, tú harás una ofensa, una destrucción en el corazón de esa persona, harás una murmuración de más que herirá, y te convertirás en un ciego hipócrita, como dice Jesús: ‘Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo..’. ‘¡Hipócrita! Reconoce que tú eres más pecador que el otro, pero que como hermano debes ayudar a corregir al otro”.
 
“Un signo que quizás puede ayudar, observó el Papa, es el hecho de sentir “un cierto placer” cuando “uno ve algo que no funciona” y que considera que debe corregir: es necesario “estar atentos porque eso no viene del Señor”.
 
“En el Señor siempre está la cruz, la dificultad de hacer algo bueno; del Señor es siempre el amor, la mansedumbre. No hacer juicios. Nosotros los cristianos tenemos la tentación de convertirnos en doctores: nos retiramos del juego del pecado y de la gracia como si fuésemos ángeles… ¡No! Es lo que Pablo dice: ‘Que no suceda que después de haber predicado a los demás, yo mismo venga descalificado’. Y un cristiano que, en comunidad, no hace las cosas, inclusive la corrección fraterna, en caridad, en verdad y con humildad, se descalifica. No ha conseguido convertirse en un cristiano maduro. Que el Señor nos ayude en este servicio fraterno, tan bello y tan doloroso, de ayudar a los hermanos y a las hermanas a ser mejores y nos ayude a hacerlo siempre con caridad, en verdad y con humildad”.
 
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