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El Cristo del que habla la Nueva Era, ¿es el Jesús de los evangelios?

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Sólo el cristianismo habla de un Jesús Dios y hombre a la vez, la new age dice algo muy distinto

1. ¿Qué o quién es Jesucristo?

Esta pregunta ha recibido innumerables respuestas. Pero todas las ya dadas y las que puedan darse se reducen a tres:

a) un dios mítico. Así pensaron “los filósofos epicúreos y estoicos”, que escucharon a san Pablo “hablar de dioses extranjeros: Jesús y la resurrección” (Hch 17,18). Catalogaron el cristianismo entre las religiones mistéricas, veneradoras de la diosa Madre Tierra (Isis, Atargatis, Deméter, etc.) y de un joven dios (Adonis, Baal, Dióniso/Baco, etc.,) que muere y resurge mitológicamente en sincronía con el proceso “invierno-primavera” de la vegetación. Eso serían la “Resurrección” (= anástasis en griego) y “Jesús”. En cuanto comprobaron que hablaba de “la resurrección” de Jesús y “de los muertos”, dijeron a san Pablo: “te oiremos en otra ocasión” (Hch 17,32).

b) Un hombre mitificado. Es la interpretación predominante en la época moderna entre los no cristianos. Jesucristo sería un hombre excepcional, un superstar o “superestrella”, único, pero un hombre y solamente hombre, en el mismo estrato –aunque quizás en un peldaño más elevado- que los fundadores de otras grandes religiones: Buda, Mahoma, Zoroastro, etc.

c) Dios verdadero y hombre perfecto. Solo el que crea y afirme esto es y puede ser llamado “cristiano” [1].

2. Nueva Era separa a “Jesús” de “Cristo”

“Jesús”, “Cristo” y “Jesucristo”, en el léxico cristiano, son nombres sinónimos. Nueva Era (NE) distingue y contrapone a Jesús y a Cristo. Por eso, en el actual contexto sociocultural y religioso impregnado de Nueva Era, es preferible usar “Jesucristo” que unifica a los dos. Para NE “Jesús” es el de Nazaret, un hombre como otro cualquiera. En cambio, “Cristo”, al que suele llamar “Cristo cósmico”, “Energía crística”, no es un ser personal de unos rasgos físicos y caracteriológicos determinados, sino la Energía cósmica [2], que habría descendido sobre Jesús de Nazaret en el instante de su bautismo en el Jordán por Juan Bautista (Mt 3,13-17; Lc 3,21-22, etc.).

Es lo que habían enseñado los gnósticos originarios en los siglos II-IV y lo que enseñan los gnósticos modernos desde su fundación por el masón Jules Doinel a finales del siglo XIX. No caen en la cuenta de que lo acaecido en el Jordán, aunque importante, señala el inicio de la vida pública de Jesucristo, pero se limita a hacer público lo que había acontecido en Nazaret privadamente, siendo consciente de ello (inicio de la existencia embrionaria, humana, de Jesucristo) solo la Virgen María (Lc 1,26-38). En ambos momentos intervienen las tres Personas de la Trinidad divina, otra creencia específica del cristianismo.

Además, como –según los gnósticos– la materia es intrínsecamente mala, el cuerpo de Jesucristo no habría sido material, sino apariencial energético e impasible y el Cristo descendido del pleroma divino en el Jordán habría abandonado a Jesús de Nazaret antes de la Pasión. Según NE, Jesucristo –como el Cristo, de cada Era– habría abandonado su cuerpo tras la crucifixión y entrado en el reino etéreo o energético, inaccesible a los sentidos. En y desde él sigue influyendo en la humanidad, al menos según D. Splanger, del cual –no sin razón– se ha escrito: “si Nueva Era tuviera un fundador concreto, ese sería D. Splanger” (J. Gordon-Melton).

3. La diosa Madre Tierra y el joven dios

Una cosa es la mismidad divina, la realidad de Dios en sí, y otra su conceptualización. La realidad, por ejemplo del lobo, existe al margen de que se identifiquen o no sus huellas sobre la nieve o se las confunda con las de un perro. En contra de lo afirmado por Ludwig Feuerbach, la existencia de Dios no está condicionada por nuestro modo de concebirlo o representarlo. Pero ciertamente lo está nuestra conceptualización de lo divino y su figuración –artística o no–.

Los diferentes pueblos, mediante la sola razón, han saltado a lo divino desde su sistema de vida y desde su constitución familiar. Por eso, en una constante religiosa en la historia de la humanidad [3], la representación de lo divino ha sido femenina (diosa madre), telúrica (Tierra, tellus/telluris = la Tierra en cuanto numinosa), etc. Es la conceptualización restaurada por NE, que la llama Gaia, transliteración de la palabra griega de uso más bien poético, que designa a la arcaica diosa Tierra.

De ahí el feminismo radicalizado de NE, que ha degenerado en la ideología de género, y su ecologismo, ideologización de la ecología con las protestas por la construcción de pantanos, carreteras, etc., aparentemente porque destrozan la belleza de la naturaleza y contaminan el ambiente, en realidad principalmente por considerarlo un “sacrilegio” contra la numinosidad de la Tierra. De ahí también que NE promueva el neoidigenismo, o sea, la cultura y la religiosidad (con su culto de la Pachamama o “madre Tierra” divinizada en tantos pueblos hipanoamericanos) de lo anterior a la colonización española y a la evangelización católica.

En la religiosidad telúrico-mistérica, junto a la diosa Madre Tierra figura el fenómeno de la Vegetación con su alternancia primavera-invierno, encarnada inicialmente en un animal (serpiente, macho cabrío, toro) y más tarde en un joven dios. Esta función corresponde en NE a la Energía cósmica o crística, encarnada en el Cristo de cada Era (Jesús de Nazaret en la Era Piscis, Maitreya en la inminente Acuario, etc.), vivificadora y activa especialmente en algunos lugares, por ejemplo, en la doble cuna de NE en 1962: Esalen (California, EE.UU) y Findhord (en el norte de Escocia), también el Camino de Santiago (España), el Tepeyac pero no por la Virgen de Guadalupe, sino de la diosa Tonatzin azteca y símbolo de lo prehispánico y de lo precatólico, Monte Verità (Ascona, Suiza), sede de una comunidad utópica y de los encuenros Eranos con su publicación Eranos Jahrbuch (= “Anuario”), promotores del renacimiento de las deidades paganas, de la restauración del politeísmo y de la imposición de lo común a todas las espiritualidades, al margen de las religiones tradicionales, como única religión mundial.

4. Un “Cristo” en cada Era o ciclo cósmico e histórico

La concepción cíclica, tanto cósmica o del universo como histórica o de la historia de la humanidad ha sido una constante en la historia del pensamiento humano. Su punto de partida hay que situarlo en el hinduismo. En este la bebieron sus dos ramas principales: el budismo y jinismo, desgajadas en la India. Más tarde se difundió hacia Occidente (estoicismo y pitagorismo griegos, etc.). En nuestros días ha rebrotado con pujanza en Nueva Era. Según la concepción cíclica, la evolución del universo y de la humanidad se estructura en ciclos eternos y eterna e ininterrumpidamente sometidos a la progresiva degeneración hasta que se llega a su total degradación.

Entonces irrumpe una nueva Era paradisiaca, utópica, la Edad de Oro de la mitología grecorromana (Hesiodo –siglos VIII-VII a. C.–, Virgilio –siglo I a.C./I d.C.–, etc.), recordada por Cervantes (El Quijote, cap. 11 de su 1ª parte). Precisamente en la Era final o de máxima corrupción de cada ciclo sería cuando aparecería el avatara (= “descenso, descendido” en sánscrito, idioma del cual se ha derivado el hindi, la lengua mayoritaria actualmente en la India) en el hinduismo, que influirá muy beneficiosamente en su entorno, provocando el paso a una nueva Era, a una nueva Edad de Oro. Un eco de los ciclos cósmicos es, en el plano humano, la reencarnación de las almas, admitida también y difundida por Nueva Era.

Según NE, ahora estaríamos en el desenlace de la Era Piscis (= “pez” en latín), la Era de los dos mil años del cristianismo. Lo es por el oficio “pescador” de casi todos los Apóstoles, por su peculiar vinculación y de Jesucristo con el mar de Tiberiades y, sobre todo, por haber sido el pez un signo cristiano en los primeros siglos de la Iglesia, porque las letras de su acrónimo griego forman la frase “J(esús) C(risto de) D(ios) H(ijo) S(alvador). NE llena con todos los errores y horrores la Era Piscis, que se habría caracterizado por el dogmatismo, la intolerancia, la violencia, la Inquisición, las guerras de religión, etc. Jesucristo habría sido el “Cristo” de la Era Piscis.

Los adeptos de NE están convencidos de que está a punto de irrumpir la Era Acuario o “Aguador”, que nos va a inundar torrencialmente de paz, concordia, amor y armonía con uno mismo, con los demás y con el universo. El Cristo de la Era Acuario o NE es Maitreya, derivado de maitri = “clemencia” en sánscrito, nombre de la virtud característica e ideal en el budismo más extendido y numeroso, el mahayánico. NE lo identifica con Omar Ben, nacido en 1942 en Amán (Jordania), trasladado con su familia a Paona (India), iniciado en el budismo, y desde 1977 miembro de la comunidad india-pakistaní de Londres. En fecha próxima “se manifestará” a toda la humanidad cuando irrumpa Nueva Era por obra de la eficacia mágica y fatalista de la astrología (paso de un signo a otro del zodiaco).

Este Maitreya, por evidente influjo cristiano, tiene su Juan Bautista o “Precursor”, a saber, el escritor y esoterista británico Benjamin Creme, que lleva más de 35 años preparando la emergencia de Maitreya. Dice recibir telepáticamente del “Instructor Mundial” (Maitreya) el texto de sus libros, cuya versión española edita en su editorial: “Share Ediciones” (Barcelona, España) y divulga en su Librería Bohindra. Publica en seis idiomas la revista mensual (distribuida en 60 países) Share International y el periódico trimestral Emerger Mundial (de Maitreya); la edición originaria en Holanda, su versión española en Barcelona. Esta sección de NE cuenta con un elevado número de grupos para “La Meditación de Transmisión”, en toda la Tierra.

5. Cada uno puede ser “Cristo” e incluso más “Cristo” que Jesucristo mismo

Cada hombre, según NE, debe aspirar a la expansión máxima de su conciencia hasta llegar a la capa freática de la Energía crística [4]. Entonces se extingue la luz de los sentidos y de la razón; el yo consciente queda desbordado e inundado de luminosidad gozosa, irrumpiendo los fenómenos llamados “místicos”: visiones, levitación, éxtasis, clarividencia, telecinesia, etc. Sorprende que NE ponga de moda la fenomenología mística sin distinción entre natural, preternatural y sobrenatural y, para colmo, que lo haga en nombre de la ciencia moderna.

NE identifica la experiencia mística con sus concomitancias: los efectos físicos de la mística, es decir, con el gozo, la paz y la serenidad interiores que se experimentan cuando el EEG (electroencefalograma, que permite medir el consumo de energía electromagnética del cerebro en su actividad) marca el rito alfa, distinto del beta (en estado de vigilia) y del delta (durante el sueño, que se convierte en alfa durante los sueños o cuando se sueña). Pero el ritmo alfa permite saber si hay o no fraude en los fenómenos místicos; no permite discernir su causa, o sea, si es natural (producto de las fuerzas ocultas de la mente humana, del subconsciente), preternatural (demonio) o sobrenatural (Dios). Acerca de esto nada pueden decir el EEG ni las ciencias positivas ni la física cuántica o subatómica.

NE, como las religiones orientales, considera esencial el misticismo y sus fenómenos. Sin ellos no hay “perfección”, que depende del grado de expansión de la conciencia, de los “estados alterados de la conciencia y subconsciencia” (fenómenos paranormales, parapsicológicos), o sea, de la abundancia de la Energía crística en cada uno. Por eso, uno –en teoría– puede ser más “Cristo” que Jesús de Nazaret, que Jesucristo. Cada uno es lo que es por su esfuerzo personal, por su capacidad de concentración, por los recursos psicotécnicos capaces de producir el biensentirse interior aunque sea mediante medios artificiales (movimientos gimnásticos, respiratorios, alucinógenos, aparatos mecánicos para producir el ritmo alfa).

En cambio, en el cristianismo, la mística no es necesaria ni, menos aún, esencial para la perfección o santidad, a la cual están llamados todos los cristianos, cada uno en su propio estado y circunstancias. A la hora de declarar oficialmente beato o santo a uno, la Iglesia valora la práctica de las virtudes, no necesariamente los fenómenos místicos. Aparte de la Virgen María, san José, etc., hay santos de primera magnitud que no tuvieron ninguna experiencia mística o al menos no consta que la tuvieran (san Vicente de Paúl, san Juan Bautista de la Salle, etc.). La santificación supone la colaboración del individuo y sobre todo la acción divina, las gracias de Dios; es efecto básico de la gratuidad.

Además, en NE (también en el hinduismo, jinismo, etc.,) se quedan en el ámbito psicológico y subjetivo del individuo, carecen de proyección apostólica y de preocupación social o de atención a los más necesitados, dos vertientes esenciales en la espiritualidad cristiana. NE huye de la cruz y de las cruces. En fin, la mística de NE, como la oriental, desconoce una palabra y realidad clave en la vida y mística cristianas: la humildad, capaz –como la Reina en el juego del ajedrez– de dar jaque mate al Rey, a Dios. Por eso, NE desconoce la misericordia divina y el sentimiento de pesar religioso, el dolor de amor por los pecados, una de las bases firmes de la humildad y del sano temor de Dios, así como de “la vida escondida con Cristo en Dios Padre”, en la unidad trinitaria (Col 3,3).

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

Pontificios Consejos para la Cultura y para el Diálogo Interreligioso, Jesucristo, portador del agua de la vida. Una reflexión cristiana sobre la “Nueva Era”, Ciudad del Vaticano (Edice, Madrid 2004)
Manuel Guerra, Diccionario enciclopédico de las sectas, BAC, Madrid 20135, s.v. Jesucristo (págs.. 447-473).
Manuel Guerra, 100 peguntas-clave sobre la New Age, Monte Carmelo, Burgos 2004.
Alessandro Olivieri Pennesi, Il Cristo del New Age. Indagine critica, Libreria Vaticana, Città del Vaticano 1999.
Jean Vernette, Jésus dans la nouvelle religiosité. Ésoterismes, gnoses et sectes d´ aujourd´ hui, Desclée, Paris 1987.

NOTAS

1. Cf. la exposición de estas tres respuestas en M. Guerra, Historia de las Religiones, BAC, Madrid 20104, 335-345.
2. Cf. ¿A qué se refieren en Nueva Era cuando hablan de “Energía”? en Aleteia.
3. La telúrica en el neolítico y probablemente en el arte rupestre del paleolítico, la mistérica en tantos misterios vigentes en los siglos inmediatamente anteriores y posteriores al nacimiento de Jesucristo, cf. M. Guerra, Historia de las Religiones….pp. 93-118.131-144; Interpretación religiosa del arte rupestre, Facultad de Teología, Burgos 1984, pp. 57-117.
4. Cf. M. Guerra, 100 preguntas-clave sobre la New Age…, pp. 65-84, 95-99.

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