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Sobre las reliquias de san Pedro: ¿por qué venerarlas?

Fr Lawrence Lew OP

Dwight Longenecker - publicado el 04/12/13

Los santos huesos del primer Santo Padre fueron expuestos a la veneración de los fieles al terminar el Año de la Fe

¿Qué clase de religión coge los huesos de personas difuntas, los expone y espera que la gente los venere? Las noticias del último fin de semana de noviembre recordaron al mundo que la veneración de las reliquias siguen formando parte importante de la fe católica. Como clímax perfecto del Año de la Fe, el Papa Francisco expuso en público por primera vez los huesos de san Pedro, el primer Papa.

Los titulares de las noticias se centraron en lo sensacionalista, y muchos periodistas hicieron preguntas obvias, a menudo olvidando lo esencial y descafeinando los hechos para informar superficialmente. Hay muchas buenas preguntas que plantear en las informaciones que se estaban produciendo sobre los huesos de San Pedro: ¿Qué son las reliquias y por qué son importantes para los católicos?  ¿Por qué los católicos besan los huesos de personas difuntas? ¿Son los católicos realmente tan crédulos que creen en la autenticidad de las reliquias? (sabemos que son falsas, ¿no?) ¿Podrían ser estos huesos realmente los restos de Pedro el Apóstol?

Una reliquia es algo asociado con una persona que ha sido canonizada como santa o beatificada como beata. Hay tres categorías de reliquias: una reliquia de primera clase es alguna parte de los restos mortales de esa persona. La reliquia puede ser un fragmento de hueso, pelo, piel o sangre. La reliquia es tomada del cuerpo del santo cuando éste es exhumado como parte del proceso de canonización.

Una segunda clase de reliquia es algún fragmento de objeto que fuese habitualmente usado o llevado por el santo durante su vida mortal. Hay muchas reliquias de esta segunda clase. Pueden incluir objetos personales del santo, vestidos, muebles o una parte de ellos. Estas reliquias del Papa Juan Pablo II, por ejemplo, incluyen restos de sus vestimentas, o piezas de sus pertenencias.

Una tercera clase de reliquia es una pieza de tejido que haya tocado una reliquia del primer tipo. Estas reliquias de tercera clase se incluyen normalmente como parte de tarjetas de oración y objetos devotos. Un tejido sería tocado por una reliquia de primera clase, luego se cortaría en muchas piezas para que un gran número de personas puedan tener contacto físico con el santo.

Una reliquia es “venerada” tanto besándola como besándose un dedo y tocándola a continuación. Se suele hacer como parte de los servicios religiosos en honor del santo. Los católicos creen que el mundo físico importa. Cuando una persona es reconocida santa, todo lo suyo es tocado por esa santidad. La santidad permea incluso el mundo físico.

La veneración de los santos comenzó en los primeros siglos. Cuando los cristianos eran martirizados, sus restos eran recogidos y honrados. En el año 156, los cristianos de la ciudad de Esmirna escribieron lo que hicieron con los restos de su amado obispo Policarpo, que había sido asesinado: “Cogimos sus huesos, que tienen más valor que las piedras preciosas y que son más hermosos que el oro puro, y los depositamos en un lugar adecuado, donde el Señor nos permitiera reunirnos, en la medida de nuestras posibilidades, en alegría y gozo para celebrar el día de su martirio”.

La costumbre de honrar a los muertos santos comenzó con la exposición de sus restos en el aniversario de su muerte. Desde esos primeros tiempos de la fe, los católicos han honrado a sus santos venerando sus restos mortales.

¿Son los católicos crédulos respecto de las reliquias? No tanto. Evaluamos la autenticidad de las reliquias como lo haríamos con cualquier reivindicación histórica. Algunas reliquias son falsas; otras son definitivamente genuinas. La veracidad de otras sigue siendo incierta. Para que una reliquia sea venerada públicamente, el propietario debe tener documentación oficial autenticada. Esa autenticación la hace el obispo cuando las reliquias se producen. La autenticación puede ser revisada por expertos para asegurar que es genuina.


¿Qué sucedió con las reliquias de San Pedro que fueron expuestas hace dos domingos? La historia de su descubrimiento es una fascinante obra de trabajo detectivesco. Sabemos que la gran Basílica de san Pedro está sobre lo que anteriormente fue la colina vaticana. En el primer siglo, esa colina era la localización de un cementerio. A mitad del siglo IV, el emperador Constantino mandó a sus ingenieros excavar parte de la colina y volcar el relleno para crear una plataforma nivelada donde construir una iglesia. Constantino afrontó todos esos inconvenientes porque esa iglesia debía estar colocada sobre una determinada tumba del cementerio de la colina vaticana. Durante tres siglos, esa tumba había sido honrada por los cristianos de Roma como la tumba de san Pedro.

Varios siglos más tarde, cuando los arqueólogos comenzaron a excavar por debajo de la Basílica de San Pedro en la década de los 40, se descubrió el cementerio; ahí, justo debajo del altar mayor, descubrieron un monumento del siglo II que fue construido sobre una fosa común del siglo I. Dentro de ella, se encontraron algunos huesos envueltos en un paño de seda púrpura. Esculpido en el lado del monumento estaban las palabras: "Pedro está aquí". El examen de los huesos reveló que eran de un hombre fornido que murió a los sesenta años – la edad aproximada del apóstol cuando murió en las persecuciones de Nerón en el año 65. El esqueleto estaba incompleto – no tenía pies. Las historias antiguas dicen que Pedro fue crucificado cabeza abajo. Los historiadores suponen que sus seguidores pueden haber retirado el cuerpo del santo de la cruz a toda prisa, cortando los pies.

¿Los huesos expuestos eran los huesos de San Pedro? Nunca lo sabremos a ciencia cierta, porque no podemos llevar a cabo una prueba de ADN a sus parientes. El debate continúa, y el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi se mostró prudente. Dijo que la presentación de las reliquias era "una manera de sentirse espiritualmente cerca de la historia de la tumba y del apóstol. Existe la seria posibilidad de que sean huesos de San Pedro, pero no podemos ir más allá de eso”. Cuando toda la evidencia ha sido reconstruida, se puede afirmar que existe una gran probabilidad de que los huesos de un hombre fornido de unos sesenta años encontrados en la tumba debajo del altar mayor de la Basílica de San Pedro sean los restos del hombre al que hace 2.000 años Jesucristo llamó a dejar sus redes y ser pescador de hombres.

El hecho de que la iglesia más grande del mundo católico se alce majestuosa sobre la tumba de San Pedro es un recordatorio maravilloso de que Jesús no sólo llamó a Pedro a ser pescador de hombres, sino que también declaró que Pedro era la roca sobre la que él edificaría su Iglesia.

Artículo publicado originalmente por la edición inglesa de Aleteia

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arqueologiareligiosidad popularreliquiassan Pedrosantos
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