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La historia de Pato y Kevin y del fútbol que queremos

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Un niño ofrece a su ídolo un gesto que muestra la grandeza del corazón humano

Meses antes de la tragedia del Chapecoense, otra tragedia con final menos fatal ya alertaba sobre las dificultades de desplazamiento que hay en Sudamérica, donde se organizan torneos continentales de fútbol como si la infraestructura de traslados fuese la del primer mundo.

Hace apenas más de un año el equipo de fútbol argentino Huracán sufría un accidente en las rutas de Venezuela, con cuatro heridos. El más grave de ellos, el jugador Patricio Toranzo.

Hace exactamente un año, el 13 de marzo de 2016, Toranzo volvía a patear una pelota, tras la amputación parcial de tres dedos del pie. Por esos días, y ante la incertidumbre del regreso a las canchas, un niño de cinco años le escribió, a mano, una carta al futbolista.

El mensaje le llegó por Twitter: “Hola Pato, soy Kevin Molina y tengo 5 años. Te quería contar que hoy estoy contento porque ya sé que estás bien. Te quiero ver otra vez jugando así. Hacé muchos goles con todos tus amigos y si necesitás dedos para tu pie, yo te doy los míos porque yo no quiero jugar a la pelota. Yo quiero boxear y vos los necesitás”.

Inmediatamente, Toranzo buscó contactar a Kevin. Y a los pocos días, lo invitó al estadio a ver a Huracán. Juntos estuvieron en las gradas, mientras el mediocampista todavía se recuperaba del accidente. Kevin se veía feliz, vestido con los colores del club de sus amores, al lado de su ídolo al que le había ofrecido lo imposible para ayudarlo. Al mes, Toranzo pudo volver a los campos, y desde ya que no hizo falta el ofrecimiento del niño.

El año terminó bien para Toranzo, que a fin de año decidió casarse con su pareja, con quien ya tenían una hija. También terminó siendo un buen año para Huracán, al punto que pudo clasificar para competir en la Copa Sudamericana, el segundo campeonato en importancia de la región.

Este torneo, cuyo campeón honorífico es el Chapecoense, ya llevó a Huracán y Toranzo nuevamente a Venezuela, país en el que se había producido el accidente.

El “Globo”, como se conoce al club, acaba de regresar con una dura derrota, pero habiendo pasado la traumática experiencia del regreso al lugar en el que casi se acaba todo.

Mientras tanto, el Chapecoense retoma su andar futbolístico tras la tragedia de diciembre, y de buena manera con una victoria de visitante en la Copa Libertadores. También hasta Venezuela viajó el equipo brasileño, con un plantel completamente renovado.

Huracán y Chapecoense vuelven a subirse al ruedo de un espectáculo que no se detiene, ni tampoco presentó planes de mejora concretos frente a traslados que difícilmente puedan tener el control que tienen los medios de transporte en Europa. Pero el fútbol, dicen, debe continuar.

Al menos quedan historias como las de Kevin y Toranzo, que cada tanto muestran el corazón humano de un engranaje que no se detiene.

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