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No se sentía con derecho a pedir el bautismo. Es más, ¡no lo pidió! "Nunca me habría atrevido", exclama Élodie, una asesora fiscal de cuarenta y tantos años. Antes de llegar a bautizarse pensaba que había que conocer a fondo la religión católica. "Yo no tenía esa formación, a diferencia de mi marido. Incluso en Misa, donde voy regularmente desde que nos casamos, me sentía fuera de lugar…".
Desde muy joven, Élodie frecuentó la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocida como los mormones. Casada con Théophile desde 2009, ha querido descubrir la fe católica desde el principio de su matrimonio, sin adherirse necesariamente a ella. Está impresionada por la manera en que sus suegros practican su fe. "Es hermoso verles vivir su fe", confiesa. "Sin embargo, Théophile nunca me presionó: compartíamos el hecho de que creíamos en Dios, ¡y eso ya era algo!"
Durante sus primeros años de matrimonio en París, Élodie y Théophile asistieron a la Escuela de Vida Matrimonial y luego a la Escuela de Caridad y Misión, dos cursos ofrecidos por la comunidad del Emmanuel. Desde muy pronto, hablaron de la educación religiosa que darían a sus futuros hijos. "Quería bautizarlos y darles una educación católica. Aún no había conocido al Dios misericordioso de los católicos, pero no quería un Dios castigador, como me lo presentaban en la religión de mi infancia, basada en muchas prohibiciones", explica.
La respuesta a una llamada
Unos años más tarde, tras ser padres de dos hijas, se trasladaron al Val d'Oise. Allí se implicaron en la capellanía de su parroquia como animadores juveniles. Cada vez que entraba en contacto con la Iglesia, Élodie recibía una "gran acogida" por parte de los sacerdotes.
"No había más que luz de principio a fin. Me di cuenta de que no era solo la comunidad de Emmanuel lo que me gustaba, sino la Iglesia católica en su conjunto. Varios sacerdotes me ofrecieron el bautismo, siendo muy respetuosos con mi libertad, y en un momento dado supe que si decía sí al bautismo, estaba dispuesta a recibirlo todo".
"¡Todavía había un freno a mi conversión a causa de los santos!"
Esto desencadenó una discusión con un amigo sobre los santos. "¡Todavía había un freno en mi conversión a causa de los santos! No entendía por qué los católicos los veneraban tanto. Pero luego me di cuenta de que solo ofrecían ayuda, intercesión, y en ese momento supe que estaba preparada para el bautismo". Este itinerario personal no escapó a la atención de su párroco en la diócesis de Pontoise, que le propuso bautizarse. "Como no pedí expresamente que me bautizaran, en realidad doy este paso como respuesta a una llamada", subraya.
Una elección difícil para su familia
Una llamada a abrazar a Cristo y la fe católica que no es fácil de aceptar a los ojos de su propia familia. "Están encantados porque saben que es importante para mí y para mi familia, pero sigue siendo una herida para ellos", admite, llena de gratitud hacia sus padres, que fueron los primeros en transmitirle la fe.
Desde que dijo sí y empezó el catecumenado, Élodie ha experimentado una inmensa sensación de paz. "Durante mucho tiempo no me sentí a gusto en una iglesia o en la Iglesia, pero desde hace poco me siento como en casa, mi corazón está más tranquilo y puedo ser yo misma", dice. "Lo importante es el deseo de amar, de descubrir y de encontrar a Cristo".


