Aunque parece inofensivo quejarse desahogarnos, la realidad es que es un hábito muy dañino porque olvidamos las gracias que recibimos. Lee estos consejos para romper este mal hábito
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Cuando nos desahogamos, nos gana el sentimiento. Y aunque puede ser bueno sacar de nuestro interior aquello que nos duele o molesta, hay ocasiones en que transmitimos nuestros sentimientos de forma no constructiva y negativa, lo que no genera un beneficio para el que lo escucha.
"Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones" (Filipenses 2, 14)
En Filipenses se nos enseña que, todo lo que hagamos, tenemos que hacerlo sin queja y sin crear murmuraciones. Incluso, si leemos los pasajes bíblicos, podemos observar que Jesús, en ningún momento emitió alguna queja ante los sufrimientos que estaba padeciendo; al contrario, los ofreció por todos nosotros.
Conoce estos consejos para erradicar este hábito y empezar a vivir una vida más plena:
1Identifica el origen
Dean Drobot | Shutterstock
Toma un momento para ir a un lugar tranquilo y hacer una introspección. Pregúntate: ¿de dónde surge esta necesidad de expresar negativamente lo que me ocurre? ¿Es por hábito? ¿Lo aprendí de otra persona? ¿Tiendo al pesimismo?
2Detecta los temas por los que te quejas
Hay situaciones o personas que pueden generar estos sentimientos negativos, por lo que es importante localizarlos para saber cómo tratar con ellos. Pregúntate: ¿son temas de trabajo? ¿De familia, esposo e hijos? ¿Amistades? ¿Enfermedades? ¿Sobre ti mismo?
3Sé consciente de lo que hablas
Ahora que ya sabes el porqué lo haces y sobre cuáles temas tiendes a quejarte, es importante hacer consciencia del daño que puedes estar generando en ti y en los demás. Porque, aunque parecen inofensivas, decirlas constantemente puede ser agotador y llevarte por un camino donde todo se ve deprimente y molesto, olvidando las gracias que Dios nos da diariamente.
4Pide ayuda
Ilona Kozhevnikova | Shutterstock
Dile a las personas con las que te desahogas comúnmente que estás tratando de erradicar este mal hábito para que ellas, cada vez que escuchen que vuelves a quejarte, te lo hagan notar. Con esto te darás cuenta más fácil. Incluso puedes preguntarles cómo se sintieron con tu desahogo.
Aunque puede parecer un poco frustrante al principio, recuerda que es el proceso para que puedas tener conversaciones más sanas y disfrutables.
5Busca soluciones
La queja puede emitirse, por ejemplo, ante un problema que tenemos que resolver y que nos cuesta. Así que buscar soluciones para ello puede ser una gran forma de evitarlo. Por ejemplo: si nos quejamos de que tenemos sueño en las mañanas, puede ser bueno empezar a acostarse más temprano, cambiando nuestros hábitos de sueño.
Aquello que no puedas solucionar, ofrécelo a Dios. Dedica espacios en tu día para conversar con Él y decirle todo aquello que te molesta. Él será el mejor confidente sin dudarlo.
7Haz un diario de agradecimientos
El mejor antídoto ante el pesimismo de la vida cotidiana es recordar todas las bendiciones que recibimos.
Puedes empezar un diario en donde anotes todas aquellas cosas positivas que viviste en ese día, por las cuales le quieres agradecer a Dios. Comienza con tres cosas buenas y después puedes agregar más. ¡Te aseguramos que hay motivos suficientes para llenar una hoja entera!
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