Campaña de Cuaresma 2025
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Es propio de los seres humanos tomar constantemente toda clase de decisiones, algunas irrelevantes, otras importantes que pueden conducir a la persona por muchos caminos. Una de estas decisiones trascendentales tiene mucho que ver con la relación con Dios; y, en el caso de los católicos, dicha relación con Dios pasa por la Iglesia.
El bautismo solamente se da una vez en la vida

Para muchos esta relación ha sido constantemente feliz, serena y fructosa. En otros casos es una relación tibia y esporádica, para algunos se trata de una relación de constante y total indiferencia y, finalmente, para otros, de odio y de rechazo abierto.
Recibir el sacramento del bautismo en la Iglesia vincula a la persona a la Iglesia por siempre. Por eso, en caso de retorno a la Iglesia, incluso de un apóstata, la persona no tiene que ser rebautizada, porque el bautismo es uno de los sacramentos que imprime carácter.
La Iglesia no es una institución que mantenga ficheros de sus "afiliados", pues la Iglesia es madre y como toda madre normal no lleva un archivo de sus hijos.
Lo que en realidad pasa es que se abandona la práctica de la fe, la vivencia de los sacramentos, el crecimiento espiritual.
¿Por qué algunos católicos se marginan de la Iglesia?
Los fieles que han optado por abandonar la Iglesia han tenido diferentes motivaciones: unos han sido presa de la confusión al desconocer la auténtica identidad de la Iglesia, y han preferido frecuentar algunas propuestas de ‘fe’ muy humanas. Otros se han echado encima una carga tan pesada de pecados que piensan que todo está perdido, y no es así.
También los hay que dejaron la Iglesia por dejadez. No ven el por qué de lo que la Iglesia enseña, pide y espera de sus miembros. Otros abandonan la Iglesia por enfado, por desilusión. Se cree que los pecados de los hijos de la Iglesia hacen a la Iglesia pecadora, pero no es así.
Siempre serás bienvenido

En fin, razones para dejar la Iglesia no faltan. Pero las motivaciones para volver a la Iglesia son también muchas, más numerosas y de mucho peso. En todo caso las personas que quieren volver no tendrán las puertas de la Iglesia -y de la iglesia parroquial- cerradas.
No importa por cuánto tiempo el fiel haya estado alejado de la Iglesia, siempre puede volver a casa. No importa por qué se fue o por qué dejó de ir a Misa, siempre puede volver a la fe católica y practicar los sacramentos. No importa la causa, todos son bienvenidos de nuevo a la Iglesia y algo siempre habrá que hacer.
La Iglesia, como Jesucristo mismo, exulta de gozo cuando un fiel regresa. Recordemos las parábolas de la oveja perdida, del hijo prodigo.
Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión” (Lc 15, 7).
Y, efectivamente, algunos de estos fieles que han "abandonado" la Iglesia regresan al descubrir tarde o temprano lo equivocada que fue la decisión personal de abandonarla.
En el fondo del corazón descubrieron que, si se mira sin prejuicios la esencia de la Iglesia, la plenitud de la verdad y de la gracia está en ella.
Qué hacer para regresar

1Diálogo
Tener diálogo es importante, pues sin diálogo no existe familia ni fraternidad. Por eso el fiel es invitado a venir y hablar y dar así el primer paso de regreso.
2Completar los sacramentos
El párroco o los religiosos le indicarán a la persona qué hacer. Si tras ser bautizado no ha recibido los sacramentos de iniciación cristiana (comunión y confirmación) pues será preparado para ello pasando primero por el sacramento de la confesión.
3Recibir formación
Una vez recibidos estos sacramentos, el fiel podrá contar con un seguimiento junto a algún cursillo personalizado de formación en la fe.
Si el fiel reingresa con los sacramentos de iniciación cristiana pues se mirará qué más habrá que hacer; incluyendo, en muchos casos, la preparación al sacramento del matrimonio.
4Encuentro con Cristo
La Iglesia siempre acoge a sus hijos como lo hace Cristo pues los dos son una única e indisoluble unidad y realidad, la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo. Y Cristo, como la Iglesia, está para acoger a los pecadores; Cristo la fundó para acoger y servir a pecadores.
Cristo, cuando hablaba con las personas, no hablaba solo con sus discípulos, hablaba con ladrones, publicanos, prostitutas, etc. De manera pues que la Iglesia (una, santa, católica y apostólica) es el lugar de encuentro con Cristo, y allí es donde todos nos encontramos con Él como el médico que sana.


