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Vivir un amor auténtico y pleno en el matrimonio requiere decisión y entrega, a su vez requiere esfuerzo, para lograr vivir un amor ordenado y puro, pues de esta manera se alcanza la felicidad total en el matrimonio. La castidad toma parte importante no solo en el noviazgo, sino también en el matrimonio.
La gracia de la castidad
La virtud de la castidad, la cual forma parte de la templanza, y este camino se recorre a lo largo de las etapas de nuestra vida. Aquí te explicamos cuándo y por qué.
Pero antes, es necesario comprender que la castidad, como bien lo describe el Catecismo, implica un aprendizaje del dominio de sí mismo, ya que, "es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado". (#2339)
La castidad es también un don de Dios, misma gracia que nos motiva a imitar el ejemplo de Cristo; por ende debemos pedir esta gracia en la oración, debido a que requiere un arduo esfuerzo a lo largo de toda la vida.
¿Por qué la castidad en el matrimonio?

Ahora que sabes la importancia de la castidad, seguro te estarás preguntando por su relevancia en el matrimonio y si tiene sentido o no. La especialista Brezy López, explicó para los lectores de Aleteia:
"La castidad conyugal consiste precisamente en observar esos periodos donde debería haber distanciamiento por diferentes situaciones, la persona es física, espiritual y emocional, así que tengo que analizar cómo estoy, en relación a cómo me siento, para poder decir: estoy completamente en esta entrega y en esta disposición".
Lo que quiere decir que habrá periodos dentro del matrimonio en los cuales puede existir un motivo para practicar la castidad. Muchas parejas creen que al casarse, podrán disponer del otro para el acto sexual cuando lo deseen. Sin embargo, debe haber un respeto mutuo.

Abiertos al diálogo
Los periodos de castidad se deben platicar en pareja, de modo que puedan comunicarse con confianza y entender la situación. Brezy lo explica de la siguiente manera:
"En el momento en que los cónyuges se sientan a dialogar, a reflexionar y a planificar su vida, es cuando pueden trabajar en el tema de la castidad y la abstinencia, que también se vive en el matrimonio. Esto nos abre al diálogo, al conocimiento, a hacernos cargo de mi cuerpo, pero también del cuerpo de mi cónyuge".
Muchos cónyuges no se dan el tiempo necesario para dialogar y profundizar en temas que son importantes para el bienestar de ambos; sin embargo, esto es básico para un compromiso filial con el otro.
¿Cuándo optar por la castidad conyugal?

Aunque mucho de esto dependerá de cada matrimonio, hay algunos factores que nos invitan a permanecer en estado de castidad, por ejemplo: los períodos menstruales de la mujer, enfermedades, la convivencia con los hijos, complicaciones durante el embarazo.
Inclusive, por razones justificadas que los lleven a optar por la regulación de la procreación, espaciando el nacimiento de sus hijos. El numeral 2368 del Catecismo explica que esto es legítimo siempre y cuando estas intenciones no vengan del egoísmo, sino que sea conforme a la justa generosidad de una paternidad responsable.
Los frutos de la castidad a lo largo de nuestra vida, sin duda, son muchos y nos arman de templanza, empatía, respeto y amor, forjando nuestro camino hacia el cielo.


