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Hay películas cuya propuesta, y consecuente planteamiento, es más interesante que el resultado final. Podría ser el caso de Revelación, el nuevo largometraje del director surcoreano Yeon Sang-ho, apreciado en los géneros de terror y fantástico por cintas como Tren a Busan y Península o la serie Rumbo al infierno. En esta ocasión, y bajo el patrocinio de Netflix y del cineasta mexicano Alfonso Cuarón, nos ofrece un thriller que combina fe, suspense, elementos sobrenaturales y el modo en que los traumas y los aspectos psicológicos afectan a la percepción de las personas dañadas. En realidad es una película sobre la salud mental.
Lo mejor: su arranque. Es un día lluvioso y desapacible y una adolescente camina asustada hacia la parroquia católica del barrio: ha visto que la sigue un individuo de mala catadura. Se trata de Kwon Yang-Rae, un ex convicto. Detrás de él, a su vez, va Lee Yeon-Hui, una agente de policía obsesionada con el hombre. La muchacha entra en la iglesia y el merodeador también. Cuando termina la ceremonia, en la que el pastor Sung Min-Chan canta y toca la guitarra, éste advierte que Kwon es nuevo y trata de impedir que se vaya. Le ofrece un café, le regala una sudadera, nota que es un tipo raro y que parece perdido y le ruega que se inscriba como nuevo feligrés y, percibiendo que necesita ayuda, le dice: “La iglesia es un lugar para los pecadores. Dios nos ama a todos”. Entonces ve que, en el tobillo, lleva un grillete electrónico para localizar presos. El ex convicto se va sin rellenar la ficha de inscripción.
Unas horas después su esposa le comunica que un hombre se ha llevado al hijo de ambos de la guardería. El pastor Sung cree que el responsable es el preso y quiere encontrarlo. Empieza a ver señales divinas, quizá porque su mente se daña desde que le confirman la infidelidad de su mujer: sospecha que Kwon es el Diablo y pretende castigarlo. Por su parte, la agente de policía también está obsesionada porque Kwon, en el pasado, violó a su hermana: incapaz de superar el trauma, la chica se suicidó. Lee también quiere castigarlo y vengarse, pues está convencida de ver al fantasma de su hermana, quien le recuerda que ese hombre sigue libre. Kwon fue torturado y vejado de niño y los traumas y el dolor lo han convertido en un monstruo atormentado por las visiones de antaño. Se trata de tres mentes dañadas.
Culpas, traumas, fantasmas, señales divinas

La percepción de estas personas está afectada, como explica un psiquiatra en la película. Porque en realidad las anomalías visuales obedecen a creaciones de sus mentes. La agente de policía arrastra la culpa de no haber salvado a su hermana: su culpabilidad crea esas visiones fantasmagóricas. El pastor padece de apofenia (tendencia a encontrar conexiones en cosas no relacionadas) y de pareidolia (tendencia a ver imágenes concretas en manchas, nubes y demás objetos): por eso ve la cara de Jesucristo en las montañas y en las sombras. El violador achaca sus crímenes a “un monstruo de un solo ojo” que lo atormentó de niño y es incapaz de superar esa infancia destruida.
Cuando alerten de la desaparición de la adolescente del inicio, tanto Lee como Sung se obsesionarán con encontrarla. Como vemos, Revelación también toca el tema de las desapariciones, muy frecuente últimamente en cine y televisión (como algunos artículos de Aleteia lo demuestran).
El filme de Yeon Sang-ho va sorprendiendo al espectador con giros propios del cine surcoreano, siempre tendente a la originalidad. Aunque en el último tercio, quizá porque le sobra algo de metraje o porque no han aprovechado todas las posibilidades de la propuesta, parece perder fuelle. En esa última parte se hubiera necesitado algo tan rompedor como en “Seven”.
Queda así como una película con altibajos, con momentos notables (el largo inicio de presentación de los protagonistas; la locura que empieza a apoderarse de Sung porque ve indicios correctos en los lugares incorrectos; cómo los personajes se ven afectados por sus demonios internos) y otros más toscos (el desenlace; la trama paralela que atañe al pastor, su mujer y sus aspiraciones laborales; los planos con efectos digitales). Uno de sus aciertos es que ningún personaje es completamente bueno o malo: tienen aristas, zonas grises, defectos y virtudes. Los espectadores católicos comprobarán, además, que los rituales y la iconografía religiosa están presentes en numerosas escenas: misas, templos, cruces, oraciones, lecturas de evangelios, arrepentimientos…

