Campaña de Cuaresma 2025
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Luna es una adolescente mexicana de 14 años que ha decidido dar ese sí a Cristo en la Vigilia Pascual. Actualmente se está preparando para recibir el bautismo, con el que será reconocida como hija de Dios.
No fue bautizada desde pequeña porque sus padres querían que, a una edad consciente, pudiera escoger la religión a la que se sintiera llamada. Cuando ingresó a un colegio católico, se dio cuenta de la riqueza del catolicismo.
“Yo entré a una escuela religiosa siendo atea. Entonces, escuchando las clases, poco a poco, me fui dando una idea. Y la verdad es que yo siempre me quise bautizar, pero no tenía muy seguro el porqué”.
Sintió el llamado mientras estaba en sus clases. Conmovida por escuchar sobre la Palabra y la historia de Dios, le habló a su coordinadora académica sobre su inquietud y ella fue quien la dirigió para iniciar su preparación.

Sus padres se alegraron al enterarse de su decisión; ellos le platican constantemente lo bonito que es pertenecer a una religión y la llevan a todos los lugares para que Luna pueda aprender sobre la fe. La han apoyado en todo momento.
Preparándose para ser hija de Dios
Su formación inició con las clases de religión, pero ahora ha tomado lecciones con una maestra particular y un sacerdote, quienes le ayudan a aprender los conceptos básicos de la fe, así como a resolver todas las dudas que tiene.
Además de la formación, el padre Jorge le organizó una ceremonia de bienvenida: una celebración eucarística acompañada de sus familiares, amigos y sus futuros padrinos.
“Es como tu bienvenida a la Iglesia y tienes que renunciar a muchas cosas y aceptar que hay un solo Dios. Prácticamente, estás confirmando esa fe que tienes para bautizarte”.

Para ella es una gran emoción ver que se acerca ese día de su bautizo. No solo recibirá el primer sacramento, también hará la Primera Comunión y la Confirmación, por lo que también podrá comulgar en la ceremonia. Luna lo define como un proceso muy lindo que definitivamente le ha marcado.
“Mi maestra me platicó cómo va a ser la ceremonia. Me dijo que en el momento en el que me bauticen es Dios [diciendo] ‘esta es mi hija Luna, mi hija muy amada’. Se me hizo muy fuerte, [saber que] literalmente Dios me está dando la bienvenida”.
Una vida nueva
Luna puede notar cómo su vida está cambiando positivamente. Vive para ofrecer todo lo que le cuesta. Inicia y termina su día visitando el oratorio de su escuela porque sabe que, aunque son cinco minutos estando a lado de Jesús, el ánimo cambia completamente.
“Cada momento que entró al oratorio estoy platicando con Dios. Entonces, eso me impulsa más a ir con esa fe y esas ganas de, verdaderamente, platicar con Él”.
Al mismo tiempo, le gusta hablar de Dios con sus amigas; como una pequeña misionera, les enseña lo que ha aprendido con la esperanza de que quieran ser hijas de Dios, miembros de la Iglesia Católica.
“Yo no tengo miedo de seguir ese llamado, porque en verdad es Dios quien quiere que forme parte de la iglesia. Porque Él nos quiere mucho a todos”.

