Campaña de Cuaresma 2025
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La primavera ha comenzado en Europa bajo la sombra de un temor creciente: el miedo a una guerra nuclear. En España, este temor se ha materializado en un notable aumento en la demanda de búnkeres privados y equipos de protección antirradiación. Las empresas especializadas en este tipo de instalaciones están viendo dispararse sus encargos, alimentados por una ansiedad colectiva que va más allá de la geopolítica.
Pero, en medio de esta carrera por asegurar la supervivencia material, pocos se han detenido a considerar un “kit de emergencia” aún más esencial: aquel que incluya una Biblia, un rosario y agua bendita. Instrumentos sencillos, humildes, pero cargados de un poder espiritual que trasciende cualquier blindaje físico. Tal vez, entre tantos refugios fortificados, alguno debería albergar también lo más precioso que tenemos en la Tierra: un sagrario. Porque si el cuerpo necesita resguardo, cuánto más lo necesita el alma.
La Divina Misericordia
Mientras proliferan soluciones humanas para enfrentar amenazas concretas, deberíamos detenernos a recordar que no todo se resuelve con tecnología o infraestructura. La historia espiritual de la humanidad nos recuerda que la oración y la fe pueden tener una eficacia insospechada. Un ejemplo conmovedor de esto lo encontramos en Santa Faustina Kowalska, la mística polaca que fue testigo de revelaciones profundamente ligadas al destino de las naciones.
El 16 de diciembre de 1936, Santa Faustina ofreció sus sufrimientos por Rusia, movida por una angustia que el mismo Jesús le había manifestado. Ella escribió en su Diario espiritual:
“El día de hoy lo ofrecí por Rusia. Todos mis sufrimientos y oraciones los ofrecí por este país. Después de la Santa Comunión, Jesús me dijo más. Me dijo: ‘No puedo soportar más este país. No me ates las manos, hija mía’. Comprendí que, si no hubiera sido por las oraciones de las almas que agradan a Dios, habría vuelto a la nada toda esa nación. ¡Oh, cuánto sufro por esa nación que expulsó a Dios de sus fronteras!” (Diario, 818).
Estas palabras nos recuerdan que la intercesión y la confianza en la Divina Misericordia pueden detener incluso el curso de una tragedia histórica. No es casualidad que el mensaje central del Diario de Santa Faustina sea una súplica simple y poderosa: Jesús, en ti confío.

Preparar los corazones
Hoy, ante la incertidumbre que sacude a Europa y al mundo entero, más allá de preparar búnkeres, deberíamos preparar nuestros corazones. Junto con víveres y filtros de agua, no olvidemos lo esencial: la fe que mueve montañas y la oración que puede cambiar el rumbo de las naciones. Recemos por Rusia, recemos por Europa, recemos por el mundo. Porque por mucho que se tambalee la historia, la Misericordia de Dios es inmutable y capaz de triunfar sobre todo.
Unámonos a la oración de Santa Faustina y no dejemos de repetir cada día, con fe y confianza:
Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, Jesús, en ti confío.
Jesús Misericordioso, confiamos en tu amor infinito,
en tu poder sanador y en tu gracia transformadora.
Te entregamos nuestras penas, nuestros miedos y nuestras esperanzas.
Mira con compasión al mundo entero,
especialmente a quienes han perdido la fe,
y a aquellos países que se han alejado de ti.Por los méritos de tu dolorosa Pasión,
ten misericordia de nosotros y del mundo entero.Jesús, en ti confío.
Jesús, en ti confío.
Jesús, en ti confío. Amén.


