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Fomentar la relación entre profesores y padres es crucial

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Ignasi de Bofarull - publicado el 19/01/22

La buena avenencia entre padres y maestros (en primaria, niños) y profesores (en secundaria, adolescentes) es un predictor de buen rendimiento escolar. ¿Cómo hacer que se dé en las mejores condiciones?

El compromiso de los padres con la escuela. Para comenzar a tratar este tema es necesario definir un concepto fundamental: el compromiso de los padres con la escuela (parent involvement).

La literatura científica en el ámbito de la educación señala que este acuerdo, estos encuentros, esta buena avenencia entre padres y maestros (en primaria, niños) y profesores (en secundaria, adolescentes) es un predictor de buen rendimiento escolar.

Además, entre los efectos positivos también se da una mejor asistencia al aula (y ausencia de absentismo escolar) y un mejor comportamiento en el aula y en la escuela.

El clima del aula mejora también entendido este concepto como aquella atmósfera positiva que supone una mejor autorregulación de cada estudiante. Esta autorregulación (entendida en sentido clásico autodisciplina) facilita el aprendizaje en función del sosiego que se despliega y que no hace más que des-tensionar todos los procesos de enseñanza-aprendizaje.

El encuentro entre tutores y padres: tutorías

¿Cómo iniciar estos procesos? Uno de los puntos de partida, lógicamente, es el acercamiento entre las familias de los estudiantes y los profesores-maestros en el marco de la escuela. Y ahí la punta de lanza es la relación entre padres y docentes que normalmente se concreta en las tutorías. Sin embargo, no todo consiste en las tutorías sino que también se dan otros encuentros entre la vida escolar y familiar.

Las tutorías se realizan en el colegio: reuniones entre el profesor o maestro tutor y los padres para monitorizar los progresos del estudiante. Pero estas tutorías admiten variaciones muy imaginativas: desde la más formal a la más informal. La versión más avanzada de las tutorías se da cuando el encuentro tiene lugar en el hogar familiar: entonces la implicación parental se llena muy dúctilmente de contenido y perspectivas.

También es verdad que los encuentros padres-tutores pueden ser más amplios: encuentros que pueden ser grupales (formación de padres) o festivos. Relación que se puede circunscribir incluso al voluntariado cuando los padres se ofrecen para ayudar a la escuela en un importante número de posibilidades. Un encuentro productivo se da cuando el liderazgo familiar mancomunado, que se puede constituir en plataformas, asesora (de un modo no vinculante) a la dirección escolar en la toma de decisiones. Sin embargo, en estas líneas nos focalizaremos en la tutoría.

Los padres descubren qué es la escuela

Pero regresemos al concepto de compromiso familiar o parental (parent involvement). Lo primero que sucede cuando un maestro-profesor llama periódicamente a unos padres para hablar de su hijo es que la escuela se convierte para este hogar en un tema más significativo. Los padres entran en la escuela llamados por los docentes y la escuela (el aprendizaje, la maduración, la formación moral, como temas prioritarios) entran en casa. Y entonces quizá esta familia se avenga a crecer en su actividad social-cultural y comunitaria.

Quizá crezcan las conversaciones familiares sobre estos temas. Quizá crezca el número de libros, revistas y con ellos el número de palabras manejadas en el hogar que acaba siendo un muy significativo predictor del éxito escolar.  Es posible que entonces todo lo que tiene que ver con la escuela reciba más atención en casa. Y el valor de la escuela crece y los padres se dedican más a pensar en la escuela como una oportunidad central en la vida de sus hijos.

PARENTS
En la tutoría, los padres comprueban que sus hijos son importantes para la escuela.

Los padres comprueban que el hijo importa para la escuela y para los docentes: ¿Cómo no iba a importar para ellos que son los padres? Y con la misma sencillez de planteamientos, los padres descubren que ellos importan para la escuela. A partir de ese momento los padres (insisto) descubren qué supone la escuela en la vida de sus hijos: una oportunidad vital y las tutorías una invitación indeclinable.

Dudas, apriorismos, dificultades

Sin embargo, no todo anda sobre ruedas desde el principio. Cada una de las dos partes pueden presentar dudas, apriorismos, dificultades. Problemas que proceden de muchos planos. Por ejemplo: una inicial desconfianza de los padres en la escuela por razones étnicas, lingüística, de estatus socioeconómico.  Ahí, lo veremos, el maestro-tutor debe esforzarse en allanar el camino y deshacerse prejuicios.

Uno de los temas más serios es el horario laboral del propio tutor pues muchos docentes de baja disponibilidad solo quieren ver a los padres en horario escolar. El ajuste de horarios entre padres y docentes para el encuentro tutorial es un asunto muy importante. Quizá la escuela no habilita horarios y espacios para estos encuentros. Quizá los maestros-profesores no tienen (o no están dispuestos) a prestar su tiempo para adaptarse a los horarios de los padres.

Estos pequeños conflictos y desajustes son letales para la relación docentes-padres pues pueden generar malos entendidos y romper las sinergias de unos encuentros más fluidos. Ahí la dirección de la escuela tiene su papel: debe organizar y canalizar sin reticencias esos encuentros institucionalmente y con remuneración y recursos económicos.

Si la vocación del maestro ayuda, mejor. Si el maestro no presenta tanta disponibilidad, será la escuela y las familias quienes pierdan. Pues es fácil que algunos maestros desconfíen de estos encuentros y se inicie una espiral negativa.

¿Por qué actúan así los maestros? Por muchos motivos: por falta de habilidades, por miedo a quedar expuestos ante sus contradicciones como profesionales, porque la escuela no remunera este esfuerzo extracurricular. Además, muchos de estos encuentros pueden ser complicados pues los padres acceden a la tutoría con problemas, reivindicaciones, desacuerdos y es fácil que un maestro-tutor sin formación carezca de la suficiente preparación y profesionalidad para enfrentarlos.

Formar los docentes en la tarea de ser tutores

La clave es la profesionalidad alcanzada por el tutor-profesor, la confianza que se puede generar, la disponibilidad por parte del maestro-profesor para manejar la mejor información con la cual va a ilustrar a los padres en todas sus dudas y quejas: calificaciones,  autorregulación, actitud, amigos, etc. No es fácil.

Además, los pequeños o grandes fracasos en estos encuentros pueden acabar generando distanciamiento y rencores entre las dos partes.  El equilibrio debe ser mimado. Y el equilibrio se construye cuando en las prácticas escolares de los futuros maestros y profesores, en la facultad, no solo se les forma en cómo deben proceder dentro del aula sino también en cómo se debe manejar un tutor en el resto de las vicisitudes del colegio: por ejemplo, las tutorías.

La educación escolar no solo tiene lugar en el aula: el docente educa en todos los rincones del colegio y de la vida escolar: descanso, pasillos, comidas, salidas culturales, relación con los padres. 

La educación escolar no solo tiene lugar en el aula. El docente educa en todos los rincones del colegio y de la vida escolar: descanso, pasillos, comidas, salidas culturales, relación con los padres.  La escuela debe ser una comunidad educativa muy coherente que se prolonga en la comunidad educativa que une a padres, barrio, municipio, actores culturales, etc. Y estos planos se enseñan (o se deben enseñar), en programas ad hoc, en las facultades de educación.

El maestro tiene que contar con una gran puesta en escena en clase, con los niños. También con los adultos: en el claustro, ante los directivos. Y principalmente ante los padres. Debe saber involucrarlos en el mundo escolar y en el apoyo a las tareas de sus hijos. Debe implicarlos en el apoyo a la promoción de los esfuerzos del hijo, invitarles a sentirse corresponsables con la escuela.

Y este trabajo se aprende en las prácticas en el grado de educación. Y no se debe improvisar cuando se está ya trabajando en la escuela. Es más: es muy interesante que todo futuro maestro-profesor se someta a un año de prueba (ante de comenzar a trabajar definitivamente con un contrato) en la escuela como un verdadero trabajo final de grado práctico.

Estamos hablando de un becario a prueba. Entonces se convertirá en un docente que no solo enseña: también es un informal psicólogo, tutor, guía y ejemplo que debe saber representar un papel muy coherente no solo ante los hijos sino también ante los padres. En una palabra: debe formar a padres en la ciencia de ser maestros de sus hijos (parents as teachers). Y para esta tarea no sirven todos los que estudian para maestros-profesores. Y los candidatos equivocados deben descubrirlo cuanto antes mejor.

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