¿Por qué la muerte ya no forma parte de la vida, sino que se trata como un mal que hay que esconder o un trauma del que hay que protegerse?
Todavía conservo en la memoria dos fechas muy importantes: el día en que falleció mi abuela y el día en que nos dejó mi padre.
Lo recuerdo por dos hechos realmente significativos. Mi tía, gritando en un llanto desconsolado durante el velatorio y su forma desgarrada de nombrar a su madre (¡ay! mi madre…); y unos años después, a mi padre (¡ay! mi hermano…). Recuerdo que aquello fue motivo de burla por parte de otros familiares y amigos, que no entendieron que llorara y gritara tan abiertamente y en público, y no hacerlo a escondidas.












