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No hay personas “ilegales”

MIGRANTS
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Hacia una narrativa ética para difundir los fenómenos migratorios en América Latina (y en el mundo)

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Tres grandes fenómenos migratorios tocan, en estos momentos, al continente americano: las caravanas de migrantes procedentes del Triángulo Norte de América Central (Honduras, El Salvador y Guatemala) hacia Estados Unidos; los exiliados de Nicaragua, principalmente hacia Costa Rica, y la de Venezuela hacia diversos países del Cono Sur, en primer lugar Colombia y Brasil.

Además de las migraciones constantes de mexicanos hacia Estados Unidos, de los haitianos hacia República Dominica y Estados Unidos, de los cubanos hacia Miami y de muchas otras partes del continente hacia Estados Unidos y, recientemente, hacia Canadá (aunque en menor proporción).

Todo este movimiento –sobre todo el de los venezolanos que salen de su país ya no en busca de mejores condiciones de trabajo, sino por hambre y enfermedad, o el de los hondureños por la presión violentísima de las maras—ha hecho que la fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), tome cartas en el asunto y ofrezca ocho recomendaciones para la cobertura de fenómenos migratorios en Latinoamérica.

No hay personas “ilegales”

Las orientaciones buscan que las producciones informativas y de opinión sobre migraciones humanas se realicen desde un compromiso de generar “narrativas éticas” en las que se ponga, en principio de cuentas, la centralidad de la persona por encima de la disquisición sobre los intereses políticos o económicos de quienes la manipulan.

Un de ellas -muy en uso en Estados Unidos y, como reflejo en distintas narrativas de medios hispanoamericanos– es evitar el uso de la palabra “ilegal” para referirse al migrante sin documentos o que se desplaza hacia otro país en situación jurídica irregular. Ninguna persona, por el hecho de ser migrante, es “ilegal”. Todos los seres humanos tienen la misma dignidad.

La FNPI ha puesto el énfasis en usar términos precisos para prevenir la estigmatización del fenómeno migratorio en sí mismo y, desde luego, de las personas que se ven obligadas, por muy diversas circunstancias, a abandonar su país e irse a vivir fuera.

“También es importante no mencionar nacionalidades de las/los implicados al momento de informar sobre crímenes o violencia”, explicó la FNPI, indicando que, aunque las olas migratorias traen problemas en el corto plazo, “la violencia no puede ser considerada una característica intrínseca de la migración, ni de los migrantes de determinada nacionalidad”.

Asimismo, la FNPI señaló la necesidad de “profundizar en temáticas más complejas”, como la forma en la que afecta a niños y jóvenes el hecho de migrar, o los riesgos particulares que enfrentan las mujeres migrantes. Ambas cuestiones están fuera de cualquier tipo de interpretación política o (como en el caso de Estados Unidos y su política de separación de las familias migrantes del año anterior) de doctrinas de “seguridad fronteriza”.

Recomendaciones concretas

Las recomendaciones de la Fundación que recoge el legado del colombiano Premio Nobel de Literatura son importantes y pueden (deben) cambiar la narrativa del fenómeno migratorio en el Continente. En resumen, las primeras cuatro recomendaciones son: dejar de entender la migración solo como una emergencia; recurrir a colaboraciones internacionales para facilitar la cobertura; evitar coberturas basadas solo en fuentes oficiales e humanizar las cifras.

El segundo paquete de cuatro recomendaciones se compone de las siguientes líneas de trabajo periodístico: complejizar el relato sobre la migración; evitar mencionar nacionalidades al momento de informar sobre crimen o violencia; usar términos precisos para evitar la estigmatización del migrante y ser cuidadosos con la cobertura diaria de la migración.

La FNPI tiene ya 21 años realizando talleres y seminarios sobre periodismo en Iberoamérica, cuenta con 121 maestros y consejeros en una red internacional de colaboradores y, hasta el día de hoy, ha realizado 854 actividades de capacitación y de formación en vista a lograr un nuevo periodismo en la región.

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