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¿Ser católico me hace un fanático?

HOLY INNOCENTS,NEW YORK
Jeffrey Bruno | Aleteia
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La Iglesia te orienta hacia lo que realmente fuiste llamado a ser

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“No hay cien personas en los Estados Unidos que odian a la Iglesia católica, pero hay millones que odian lo que erróneamente perciben que es la Iglesia católica” –Venerable Arzobispo Fulton Sheen.

Puede que no te consideres un rebelde o un revolucionario, pero, en realidad, la vida de un católico es audaz, atrevida, radical e inusual.

Piénsalo. Estás invitado a comer la carne de Dios al menos una vez por semana. Usas en tu cuello un dije que muestra un método antiguo de ejecución y lo completa un cuerpo muerto colgando de él. Se te pide que ames y reces por las personas que te odian. Tu principal objetivo en la vida es morir un día para poder heredar un Reino celestial.

Creencias como éstas inevitablemente harán que muchos te levanten las cejas y te dirijan miradas escépticas.

Y si comienzas a explicar algunas de las implicaciones morales de estas creencias, varias de estas cejas levantadas pueden arrugarse y las miradas pueden convertirse en disgusto.

Los reclamos de intolerancia se escucharán, habrá buenas argumentaciones y, probablemente, te llamarán fanático.

Después de todo, muchos -incluso tú o yo- luchamos por aceptar o entender las enseñanzas del catolicismo sobre cosas como el matrimonio, la castidad, el aborto o la pena de muerte (solo por mencionar algunas).

Hay muchas razones por las cuales las personas no están de acuerdo con la Iglesia. A menudo la fuente de esta lucha es el resultado de malinterpretar la naturaleza del pecado.

Cuando no entiendes lo que es el pecado, los mandamientos y las pautas morales comienzan a parecer restricciones que te impiden divertirte; obstáculos que te impiden disfrutar de la vida o simplemente ideas que te mantienen en desacuerdo con las tendencias del momento.

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En realidad, las enseñanzas de la Iglesia pretenden ser pautas para la libertad; razones para vivir un verdadero encuentro; lugares donde encuentras, por fin, lo que tanto buscabas.

Pero no siempre es fácil de entenderlo.

Todo parte por la certeza de que Dios te creó y conoce cada detalle de ti, incluso la cantidad de pelos en tu cabeza (Lc 12, 7). Tú eres su obra maestra. Él sabe lo que te permitirá florecer, crecer y ser feliz.

Si no tienes esa certeza, cualquier sugerencia que la Iglesia te haga, te parecerá una imposición. Por eso, para aquellos que tenemos esa seguridad, las enseñanzas de la Iglesia nos ponen en un camino que nos mantiene cerca de Cristo, de crecer y ser felices.

Tú también puedes creer esto. Mi consejo es -te lo digo con el alma y con el corazón abierto- : disponte. Ábrete a la posibilidad.

Verás que si te quedas el tiempo suficiente y tratas de practicarlo con esfuerzo y diligencia –aunque al principio sientas que no consigues nada-, Él te dará la fuerza y te ayudará a adentrarte en la hermosa y bien ejecutada sinfonía de la que fuiste llamado a ser, aunque para aquellos que miran a la distancia, el trabajo arduo que se necesita para llegar allí pueda parecer opresivo, poco saludable y lo opuesto a la diversión.

Sin embargo, es importante señalar que si sigues estas pautas de una manera amarga, agresiva o sombría, a los escépticos les costará creer que todo esto es por amor.

Alguien estará mucho más dispuesto a escuchar la postura de una persona amable sobre el aborto, que la de una persona grosera y áspera.

Por eso es tan importante responder con amor cuando tratamos con los que no están de acuerdo con nosotros.

No te desanimes si no puedes cambiar la opinión de todos sobre la Iglesia. No es nada nuevo que algunas personas nunca se convencerán.

Mira a través de las muchas páginas de la historia de la Iglesia, ella está llena de grandes hombres y mujeres que fueron maltratados -e incluso martirizados- por aquellos que eran tan hostiles a las creencias cristianas.

Testimonia siempre, nunca se sabe cuándo está mirando alguien que no está tan seguro de su apatía. La forma en que trates a alguien que ya ha tomado una decisión puede ser un factor para que decida a la Iglesia como lo que verdaderamente es.

Tratemos a todas las personas como buscadores que solo necesitan un empuje en la dirección correcta, incluso cuando parece que no es el caso.

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