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El mecanismo de las imágenes: Ready Player One

READY PLAYER ONE
Warner Bros Pictures
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Reinventarse a uno mismo: de eso trata el universo virtual, de eso tratan los videojuegos en los que te inventas con la ayuda de la tecnología y con el apoyo de otros, como en las redes sociales

Un cineasta como Steven Spielberg nunca se relaja y mucho menos cuando se lo está pasando bien. Basta con ver Los papeles del Pentágono (2017) y Ready Player One (2018) para darse cuenta. La primera fluye gracias a su talento narrativo, y la segunda fluye gracias a su talento arquitectónico. De un presupuesto moderado pasamos a una importante apuesta económica, de un rodaje urgente pasamos a uno más dilatado, de un proyecto casi instantáneo pasamos a otro que ha necesitado años hasta hacerse real.

En ambos casos estamos en la misma máquina, que crea, procesa y reproduce imágenes, unas veces con carácter dialéctico y otras con carácter experimental. Una máquina que hace películas pero también cine, grandes narraciones pero también grandes experiencias. Una máquina cuyo engranaje está construido con las potencialidades del medio cinematográfico, siempre en proceso de cuestionamiento y readaptación, ampliando su campo de batalla.

Si buscásemos un padre putativo a Spielberg en el Hollywood clásico, seguramente nos inclinaríamos por Howard Hawks. Aunque nunca ha sido muy purista a las hora de dibujar las coordenadas de sus gustos cinéfilos, Spielberg comparte con Hawks una enorme capacidad camaleónica para transitar géneros y conseguir grandes obras en casi todos, impidiendo así una definición fácil de sí mismo, como si su personalidad fuese un “work in progress” y sólo proyectara el retrato robot de alguien a quien conoceremos en el futuro, cuando ponga un punto y final a su carrera.

Hawks y Spielberg son maestros del desvío, de la interrupción, de momentos cómicos en mitad de grandes dramas, de silencios seguidos de torrentes verbales. A ambos les gusta trabajar a partir de grupos y no de personajes, a ambos los caracterizan sus alianzas con montadores, compositores, directores de fotografía, guionistas y, por encima de todo, actores. Por si fuera poco, sus películas lineales siempre se comportan de manera rizomática.

Ready Player One es, a su manera, un laberinto como El sueño eterno (1946). No es que carezca de sentido sino que su sentido está en construcción, perdido en Oasis, un universo virtual donde hay que seguir pistas. El detective privado aquí es un vídeo jugador, movido por sus conocimientos del cine que se hacía mayormente en los ochenta, mientras las imágenes sufrían una mutación, dejando de ser algo que se ve y pasando a ser algo que se experimenta, además de establecer diálogos con las nuevas tecnologías, la ciencia, el cómic, el heavy y el rock, la moda, la publicidad e incluso la serialidad televisiva.

Esta película, de hecho, plantea un regreso a aquel campo de batalla cinematográfico, en opinión de algunos -entre quienes me contaba- la peor década de la historia del cine. Así, podemos ver al mismo tiempo las motos de Tron (1982, Steven Lisberger) y el coche de Regreso al futuro (1985, Robert Zemeckis), referencias a grandes triunfos y sonados fracasos en taquilla, todos ellos devueltos a la vida no con la sensación nostálgica que podría parecer a primera vista, sino más bien con la sensación de estar devolviendo a la vida a los mad doctors que han dado forma al universo digital, en la primera visita que le hace Steven Spielberg desde el comienzo de su carrera, hasta ahora enteramente analógica.

La película comienza en el año 2045, en la ciudad de Columbus (Ohio), la más poblada del planeta. El futuro, por supuesto, no podría ofrecer peores expectativas. Se vive en caravanas apiladas unas encima de otras. Nuestro protagonista (Tye Sheridan) prefiere la soledad antes que los malos rollos entre su tía y un novio que la brutaliza. Y en su pequeño cuarto sólo tiene que ponerse unas gafas para entrar en otra dimensión, reinventándose a hacerlo, como si entonces pasase a ser el doctor Frankenstein y el monstruo al mismo tiempo: la criatura y su creador.

De eso trata el universo virtual, de eso tratan los videojuegos en los que te inventas con la ayuda de la tecnología y con el apoyo de otros, como en las redes sociales. Aquí un grupo de adolescentes va a unir fuerzas para encontrar las llaves que conducen al trofeo que escondió el inventor de Oasis (Mark Rylance) antes de morir, codiciado -cómo no- por una multinacional con ominosas intenciones y peligrosos sicarios. Quien llegue a él primero se convierte en el nuevo dueño del juego. O quizás sería mejor llamarlo universo.

Spielberg -supongo- se lo pasó en grande filmando competiciones entre fans de las películas de John Hughes, carreras por autopistas en mutación constante y peligros como King Kong o un T-Rex a ambos lados de la calzada, pistas de baile fuera de la gravedad…

Pero supongo que también era consciente mientras lo hacía de estar dando vida al cuerpo cuya alma mostró en Inteligencia artificial (2001), moviéndose en este caso como un Indiana Jones dentro de una pirámide en cuyas paredes se proyectan imágenes encriptadas, como las que nos muestran el interior del Hotel Overlook de El resplandor (1979, Stanley Kubrick), donde no se mueven mejor quienes interpretan sino quienes mejor recuerdan las imágenes.

Eso coloca a la película en una posición poco propicia para los críticos y más propicia para los nerds, los geeks y los friquis, esa gente incapaz de tomarse tan en serio la vida como su vida entre revistas, cómics, maquetas, soldaditos, recortables, disfraces, videojuegos y todos esos artilugios culturales que construyeron la imaginación de mucha gente (en especial durante la década de los ochenta).

La mejor hoja de ruta para disfrutar Ready Player One no está ni en sus cimientos argumentales ni en la complejidad de sus personajes, está en la capacidad de sus imágenes para metamorfosearse con otras imágenes, dando forma a una de aquellas alucinadas fiestas fellinianas, sólo que en este caso los invitados no son parte de nuestros sueños sino que posiblemente les dieron forma a través de películas, series y videojuegos. No son nuestro pasado, fueron nuestro futuro y ahora regresan para devolvérnoslo.

Ficha Técnica

Título original: Ready Player One (2018).

País: Estados Unidos.

Director: Steven Spielberg.

Guión: Ernest Cline y Zak Penn (a partir de la novela homónima de Ernest Cline).

Reparto: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Mark Rylance, Simon Pegg, T.J. Miller, Hannah John-Kamen, Win Morisaki, Philip Zhao, Julia Nickson, Kae Alexander, Lena Waithe, Ralph Ineson, David Barrera, Michael Wildman, Lynne Wilmot, Carter Hastings, Daniel Eghan.

Tags:
cine
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