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¿Qué pasa si en Venezuela se produce un “default”?

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El país está a punto…

Venezuela enfrenta una crisis económica de proporciones descomunales. No hay en el planeta un país que tenga 1.300 de inflación como se espera este año extraoficialmente. Pero, aparte de eso, está el peso del servicio de la deuda de las exportaciones, que este año estarán sobre los 30.000 millones de dólares. Recordemos que hace 5 años estuvo en $ 100 mil millones.

La opinión pública se pregunta, si el presupuesto destinado a exportaciones ha bajado sensiblemente, al punto de que no hay dinero para exportar…y si el dinero que había para ello se destinaría a cumplir los pagos de deuda a fin de evitar el default y ahora nos planteamos reestructurar, ¿qué ha pasado con el dinero? Es inevitable concluir que se ha ido por el desaguadero de la corrupción o al clientelismo político, otra forma de corrupción.

El economista Orlando Ochoa aclaró en el programa matutino del canal televisivo Globovisión, que el problema con la deuda externa no es de voluntad, “sino de capacidad de pago” respecto al anuncio del primer mandatario, Nicolás Maduro, sobre reestructuración y refinanciamiento.

El presidente venezolano reveló este viernes que el país reestructurará el pago su deuda externa, lo cual ha encendido las luces rojas: Venezuela podría caer en default. Los especialistas han advertido que el solo anuncio del Jefe de Estado denota la dificultad para cumplir con los deudores.

Se impone detener la caída de la producción petrolera, pero establecer un plan económico en medio de continuas amenazas y sanciones discrecionales por parte del Estado es imposible.

Venezuela estaba en el límite de pago. Realmente el año pasado las exportaciones  se habían restringido para pagar deudas, pero para el próximo año es preciso pagar estas deudas de los bonos y hay que servir la deuda con China.

Si entramos en default la situación país se agravaría considerablemente, una vez sumado esto a la hiperinflación, la depresión económica. Como si fuera poco, la campaña electoral  engulle buena parte de lo que podría destinarse a importar alimentos y medicinas y a pagar las deudas.

Venezuela está entrando técnicamente en hiperinflación al rebasar por primera vez en su historia el umbral de 50%, tal y como anunció la firma de asesoría económica y financiera Econométrica. 

“Con la inflación general de octubre de este año de 50,6% con respecto a septiembre, Venezuela entra en la definición técnica de hiperinflación planteada por Philip Cagan”, se lee en la cuenta de Twitter de Econométrica, haciendo referencia al economista estadounidense que acuñó el concepto en 1956.

Aparte de ello, el default económico acarrearía el embargo de activos de la República en el extranjero, así como una baja en la producción y venta de petróleo, principal fuente de ingreso nacional. “En las condiciones actuales de Venezuela, es imposible acometer un proceso de reestructuración de la deuda (…) Entramos en un evento de default”, expuso el economista Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, quien acentuó que un escenario de este tipo sería “caótico bajo el mandato de Nicolás Maduro, en extremo negativo, profundizando la crisis”.

Guillermo García, un muy consultado asesor financiero, explicó que un default puede incidir en la producción y venta de crudo por meses, además de disminuir activos en el extranjero como el oro en custodia y las cuentas bancarias. El gobierno y el sector privado no podrían recurrir al financiamiento internacional. Bajaría la inversión extranjera, agudizando la escasez y el desabastecimiento.

La agencia de calificación Standard & Poor’s anunció este viernes que bajó la nota de la deuda de Venezuela, anticipando un probable default luego de que el presidente Nicolás Maduro anunciara su reestructuración y refinanciación. Esta decisión se produce tras una medida similar tomada por la agencia Fitch más temprano este viernes, según lo reseñó AFP.

Por su parte, la firma Torino Capital realizó un análisis de las alternativas y perspectivas existentes. Al tiempo que califican el refinanciamiento como poco probable, proponen alternativas entre las cuales figura que el país suspenda los pagos de sus bonos soberanos, pero se mantenga al día con los bonos Pdvsa (Petróleos de Venezuela).  Señalan que los tenedores de bonos que traten de tomar los activos o los efectos por cobrar tendrían que comprobar ante un tribunal que la petrolera estatal es un alter ego de la República en lo que sería un proceso legal bastante incierto y prolongado.

Para remate, el gobierno ha designado al vicepresidente de la república, Tarek El Aissami, un controvertido personaje sancionado por el gobierno de los Estados Unidos, el país con más acreedores que muy difícilmente negociarían con él. El nombramiento es, por lo menos, inconveniente. Los bondholders no son, precisamente, países amigos, lo que facilitaría el asunto. Son países donde la irritación hacia el gobierno venezolano es grande, justamente por acciones del propio gobierno venezolano destinadas a hostilizar y a enredar las relaciones.

Lo que el mercado está leyendo es que Maduro pretende seguir sirviendo la deuda manteniendo a la economía nacional en ruinas.  El mensaje al exterior es negativo. Por estas y otras razones, la reestructuración de la deuda no depende –como depende todo en Venezuela de la voluntad de un solo hombre-  de un decreto presidencial, sino  de negociaciones complejas que requieren mínimos de confianza y la certeza de que el país busca el saneamiento de su economía para poder honrar los compromisos de pagos a futuro.

Si los acreedores no aceptan, el resultado es el temido default. Hasta hoy, el régimen no ha mostrado la más mínima intención de rectificar. Tampoco puede. No es extraño, entonces, que Maduro no haya ofrecido el más mínimo detalle sobre sus propuestas para reestructurar y refinanciar.

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