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¿No cabemos todos en el mundo? No te alarmes tanto…

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Los alarmistas han estado anunciando el fin de la humanidad década tras década, pero el resultado es bastante más positivo

El crecimiento demográfico sin control provocará una hambruna generalizada, varias guerras debido a la escasez de recursos y dará paso a un colapso social, económico y medioambiental.

Estas son algunas de las predicciones que abocaban a la muerte que aparecen en el libro de 1968 La bomba P, de Paul R. Ehrlich, profesor de la Universidad de Samford. Su esposa, Anne Ehrlich, fue coautora, pero no obtuvo el reconocimiento hasta algunos años más tarde. Ehrlich era por aquel entonces un biólogo especializado en mariposas, y se convirtió en profesor de estudios demográficos tras la publicación del libro.

Ehrlich era un alarmista, por decirlo de una forma agradable. La única predicción que se acerca de alguna forma a la realidad es el tamaño de la población mundial en la actualidad. En cuanto al resto de predicciones, La bomba P es un fraude.

En primer lugar, Ehrlich no predijo el desarrollo de las mejoras agrícolas. Ni siquiera sabía que estaban en progreso. La revolución verde se había ido extendiendo desde antes de la década de los 50, y con resultados demostrables. Sin embargo, para Ehrlich, muchas personas simplemente significaba menos alimentos.

Mientras que Ehrlich llevaba un soporte publicitario con la frase El fin está cerca, Norman Borlaug, un ingeniero agrónomo luterano que falleció en 2009, trabajaba sin descanso en México, Pakistán y la India, entre otros lugares. México se convirtió en un exportador neto de trigo en 1963. Filipinas se convirtió en exportadora de arroz en 1968 por primera vez en el siglo XX. En 1970, India y Pakistán habían duplicado su producción de trigo. India se convirtió en una exportadora neta y Pakistán se colocó como el tercer productor más importante de cereales de Asia, así como exportador. Borlaug recibió el Premio Nobel de la la Paz en 1970 por su labor.

Mientras estos hechos se producían, Ehrlich demandaba políticas sociales para frenar el crecimiento de la población. Sugirió la esterilización obligatoria de la población masculina en la India con dos hijos, y mantuvo que la ayuda alimentaria por parte de los Estados Unidos al tercer mundo debería retirarse de aquellas naciones que no estuvieran de acuerdo con el control demográfico obligatorio.

A menudo se dice que Borlaug fue “el hombre que salvó miles de millones de vidas”, mientras que Ehrlich, que ahora tiene unos 86 años, afirmó en 2009 que “quizás el error más grave de La bomba P fue que era demasiado optimista en cuanto al futuro”.

¿No fue Yogi Berra el que dijo que “es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro”?

Ehrlich no fue la única voz que criticaba que las personas eran la enfermedad del mundo. Simplemente fue el último de su época, pero popularizó el cuento que aterra a tanta gente.

Dos libros anteriores mostraban la preocupación sobre el mismo tema. Nuestro planeta saqueado (1948), escrito por Fairfield Osborn Jr., se describe de forma acertada como un ejemplo prematuro de “literatura medioambiental apocalíptica”. Él también tenía propuestas para salvar la Tierra, si bien la mayoría, como él mismo reconocía, era políticamente imposible. Sin embargo, afirmaba rotundamente que tenía las propuestas correctas, independientemente de si los hechos eran correctos o no. Este libro recibió grandes halagos en la época, y aún hoy lo sigue haciendo. “Una excelente declaración anticipada sobre el colapso medioambiental por la superpoblación humana”, se afirma en una reseña de Amazon.

Camino de supervivencia, de William Vogt (1948) fue otro libro del mismo género. Con la aprobación de un revisor de la época, Vogt declaró de forma confidencial: “Se debe frenar la curva ascendente de población en la mayoría de países si no queremos ver un nivel de vida reducido en todo el mundo”. Para Vogt, la ayuda alimentaria era igual que “tirar sacos de arena en una inundación”.

Osborn era secretario en el consejo de la Sociedad Zoológica de Nueva York, y falleció en 1969. Vogt, por su parte, fue durante muchos años el director nacional de Planned Parenthood, y murió en 1968. Se les atribuye la reaparición de la economía de la maldición de Malthus, que comenzó a reaparecer en la década de los 50 y 60. La obra de Ehrlich simplemente repite muchas de las ideas.

Para todos estos hombres, la ira en cuanto a la población se dirigía hacia China, Sudamérica, India y otras naciones del denominado tercer mundo. La provocación no provenía de que hubiese mucha población, sino de “algunas poblaciones”. La premisa principal era “deben suprimirse esas poblaciones”. Aquella gente comía demasiado, reclamaban demasiados recursos, y bajarían el nivel de vida si les dejábamos seguir.

(Nota acerca del nivel de vida: la mayoría de la población mundial ahora pertenece a la clase media, en relación con el PIB nacional, según The Economist, 12 de febrero de 2009).

Las soluciones que se ofrecían a los problemas demográficos eran, y en algunos casos siguen siendo, burocracia, aumento de los impuestos, coacción, amenaza y políticas familiares. De lo contrario, “en solo diez años” nos enfrentaríamos a calamidades. En este sentido, no distan mucho de los actuales pronosticadores de una catástrofe climática (demasiadas personas emitiendo demasiadas emisiones). Todo se reduce a más burocracia, más impuestos, más amenazas y más planificación familiar obligatoria.

Curiosamente, no paro de pensar en Harold Camping y la serie de predicciones fallidas estrepitosamente sobre el espectacular fin del mundo. En la última predicción de Camping era el 21 de octubre de 2012. La fecha se había movido desde el 21 de mayo de 2011, cuando no se produjo el fin del mundo. Mi esposa tenía un amigo que se dejó llevar por esta afirmación y publicaba comentarios desalentadores en Facebook conforme la hora se acercaba e inevitablemente pasaba.

Ehrlich, Vogt, Osborn y muchos otros llevan un disfraz de algo religioso camuflado como científico. Sus advertencias eran y son como las de Camping, que traicionó la confianza de muchos que donaban sus ahorros para que realizase cálculos esotéricos, insistiendo en que contaba con los mejores diagramas y gráficos bíblicos, lo que lo convertía en un experto incuestionable.

Y, como Camping, los profetas poblacionales se defienden diciendo que nunca se equivocan, solo que la fecha no es correcta.

 

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