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¿Por qué los Archivos Vaticanos son “secretos”?

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La verdad sobre las bóvedas vaticanas es más sencilla de lo que a menudo se piensa

El Archivo Vaticano está lejos de ser un parque de atracciones para teóricos de la conspiración. De hecho, resultaría bastante aburrido para el público general: nada demasiado escandaloso, nada demasiado secreto.

De hecho, el aura que cubre al Archivum Secretum Apostolicum Vaticanum —tal es su nombre oficial completo— podría deberse únicamente a un error de traducción del latín original: ‘secretum’ que, mejor que traducido como ‘secreto’, significa sencillamente ‘personal’.

Cualquiera que haya tenido alguna vez un secrétaire (un escritorio de despacho, con suerte un Chippendale) probablemente tenga más claro lo que está en juego aquí: el “Archivo Secreto” Vaticano es una colección de documentos personales, sobre todo cartas privadas, crónicas y registros históricos de papas pasados. Lamento explotar vuestra burbuja, Dan Brown y compañía.

En cualquier caso, esto no convierte necesariamente al Archivo Vaticano en un lugar aburrido.

De hecho, nos podríamos referir a él como un Jardín del Edén de un investigador: en sus estanterías encontramos la bula papal que excomulgó a Martín Lutero al lado de un pergamino completo de 60 metros de largo con las actas de los juicios contra los Caballeros Templarios, y las cartas de Miguel Ángel al papa Julio II, y los registros del juicio contra Galileo, e incluso una carta del papa Clemente XII al séptimo Dalai Lama solicitando protección para los frailes franciscanos en el Tíbet.

Saqueado una vez por Napoleón —que trasladó toda la colección a París—, el “Archivo Secreto” creado por el papa Paulo V en 1612, es en realidad no tan secreto (como puedes verificar por el vídeo más arriba o en esta gran colección fotográfica publicada por The Guardian en 2010).

El lugar rebosa constantemente de actividad académica, lo cual significa que tienes que ser un investigador autorizado para tener acceso al Archivo (las credenciales tienen que renovarse cada seis meses), poder buscar en sus catálogos (que requeriría fluidez en latín o italiano) para encontrar el documento en concreto con el que quieres trabajar y luego, finalmente, llevártelo a cualquiera de las salas de lectura, donde podrás tomar notas, pero nunca fotografías (cualquier exposición a un flash por accidente podría deteriorar los manuscritos).

Pero si no puedes ir hasta Roma, el Archivo Secreto es tan secreto (oh, la ironía) que puedes navegar en su interior visitando este sitio web.

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