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Oración de la embarazada

Pixabay/CC
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La escribió san Francisco de Sales

Oh Dios eterno, Padre de bondad infinita que instituiste el matrimonio para propagar el género humano y poblar el cielo y destinaste principalmente nuestro sexo para esa tarea, queriendo que nuestra fecundidad fuese una de las marcas de vuestra bendición sobre nosotros, yo me postro suplicante, frente a Vuestra Majestad, que yo adoro.

Yo te doy gracias por el niño que traigo, a quien le diste el ser. Señor, extiende Vuestra mano y completa la obra que tú comenzaste.

Que Vuestra Providencia traiga conmigo, por medio de una continua asistencia, la frágil criatura que Tú me confiaste, hasta la hora de su llegada al mundo. En este momento, Oh Dios de mi vida, asísteme y sustenta mi debilidad con vuestra mano poderosa. Recibe entonces, Tú mismo a mi hijo y guárdalo hasta que él haya entrado por el bautizo en el seno de la Iglesia, vuestra Esposa, a fin de que él te pertenezca por el doble título de la creación y de la redención.

Oh, Salvador de mi alma, que durante vuestra vida mortal tanto amaste a los niños y tantas veces las tomaste en los brazos, tomad también al mío, a fin de que teniéndote a ti como Padre y habiéndote llamado Padre, santifique vuestro nombre y participe de vuestro Reino. Yo lo consagro con todo mi corazón, Oh mi Salvador, y lo entrego a vuestro amor.

Vuestra justicia sometió a Eva y a todas las mujeres que nacen de ella con grandes dolores, yo acepto Señor, todos los sufrimientos que me destinas en esta ocasión y te suplico humildemente, por la santa y feliz concepción de Vuestra Madre Inmaculada, que me seas benigno en el momento de dar a luz a mi hijo, bendiciéndome a mí y a ese niño que me darás, así como concediéndome Vuestro amor y una confianza entera en Vuestra Bondad.

Y vos, bienaventurada Virgen, Santísima Madre de Nuestro Salvador, honra y gloria de nuestro sexo, interceded junto a Vuestro Divino Hijo a fin de que atienda, en su misericordia, mi humilde oración.

Te lo pido, oh criatura más amable, por el amor virginal que tuviste por José, vuestro santo esposo y por los méritos infinitos del nacimiento de vuestro Divino Hijo.

Oh santos ángeles encargados de velar por mí y por mi hijo, protéjannos y condúzcannos a fin de que por su asistencia podamos un día llegar a la gloria de la cual ustedes ya gozan y alabar junto con ustedes a nuestro Señor común, que vive y reina por todos los siglos de los siglos.

Amén

Por San Francisco de Sales

Artículo originalmente publicada por Canción Nueva

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