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Papa Francisco: Perdonemos «olvidando» las culpas

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En la homilía de este martes en Santa Marta, Francisco plantea: «Si tú no eres capaz de perdonar ¿cómo te podrá perdonar Dios a ti?»

El tiempo de Cuaresma “nos prepare el corazón” al perdón de Dios y a perdonar nosotros también como Él, es decir “olvidar” las culpas de los demás. Con esta oración, el papa Francisco concluyó la homilía de la misa de la mañana celebrada este martes 1 de marzo en la Casa Santa Marta del Vaticano.

La perfección de Dios tiene un punto débil, justo donde la imperfección humana nunca falla: la capacidad de perdonar.

Sin memoria

Los pensamientos del papa Francisco en la homilía se guiaron por las lecturas de la liturgia.

El Evangelio de hoy presenta la famosa pregunta de Pedro a Jesús: «¿Cuántas veces tengo perdonar al hermano que me ha ofendido?».

La lectura tomada del Profeta Daniel, se centra en la oración del joven Azarías que, a punto de morir en un horno por rechazar adorar a un ídolo de otro, invoca entre las llamas la misericordia de Dios para el pueblo, pidiéndole también perdón para sí mismo.

Esto, destacó Francisco, es el modo exacto de rezar. Sabiendo que podemos contar con un aspecto especial de la bondad de Dios:

“Cuando Dios perdona, su perdón es tan grande que es como si «olvidase». Todo lo contrario de lo que hacemos nosotros, la murmuración: «Este ha hecho esto, aquel lo otro…» y podríamos hablar de muchas personas, historia antigua, media, medieval y moderna ¿eh? Y no olvidamos. ¿Por qué? Porque no tenemos el corazón misericordioso».

«Haz con nosotros según Tu clemencia», dice este joven Azarías. «Según Tu gran misericordia. ¡Sálvanos!». Es una llamada a la misericordia de Dios, para que nos dé el perdón y la salvación y olvide nuestros pecados”

La ecuación del perdón

En la cita del Evangelio, para explicar a Pedro que es necesario perdonar siempre, Jesús cuenta la parábola de los dos deudores, el primero obtiene el perdón de su señor, aunque la deuda era enorme. Pero él mismo es incapaz de ser igualmente misericordioso con otro que le debe solo una pequeña suma.

Sobre este punto el Papa observó que: “En el Padrenuestro rezamos: ‘Perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Es una ecuación, van juntas. Si tú no eres capaz de perdonar ¿cómo te podrá perdonar Dios a ti?».

«Él quiere perdonarte, pero no puede si tu corazón está cerrado, la misericordia no puede entrar. ‘Pero Padre, yo perdono, pero no puedo olvidar lo que me ha hecho’… ‘Pues pídele al Señor que te ayude a olvidar’. Esto ya es otra cosa. Se puede perdonar aunque a veces olvidar sea difícil. Pero ‘perdonar’ y ya ‘luego me la pagas’ no: ¡eso no! Perdonar como perdona Dios: al máximo”.

Misericordia que “olvida”

Misericordia, compasión, perdón, repitió el Papa, recordando que “el perdón del corazón que Dios nos da es siempre misericordia”.

“Que la Cuaresma nos prepare el corazón para recibir el perdón de Dios. Pero recibirlo y después hacer lo mismo con los demás: perdonarles de corazón».

«Quizás no me salude nunca, pero yo en el corazón ya te he perdonado. Y así nos acercamos a esto tan grande, que es de Dios, que es la misericordia. Perdonando, abrimos el corazón para que la misericordia de Dios nos perdone a nosotros», añadió.

«Porque todos tenemos motivos para pedir perdón: todos. Perdonemos y seremos perdonados -concluyó-. Tengamos misericordia unos con otros y sentiremos también la misericordia de Dios que, cuando perdona, ‘olvida’”.

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