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Dakar, entre el entretenimiento y la muerte

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Un artificio que no prioriza la seguridad de las personas desde que el Dakar desembarcó en Sudamérica con epicentro en la Argentina

Es una de las carreras de automóviles más emblemáticas del planeta, y pese a que abandonó su África natal, aún supone para los amantes de las pruebas de supervivencia en deportes de motor su gran hito anual. Pero el espectáculo de los aventureros es acompañado por una serie de riesgos que desde el inicio de la competición en 1978 ya se han cobrado la vida de más de 60 personas. En la presente edición, que acaba de concluir, fallecieron dos personas.

Máximo Riso, espectador boliviano de 63 años que fue embestido por el coche del piloto francés Lionel Baud en la etapa que unía la localidad boliviana de Uyuni con la argentina Salta. Era la primera vez que Baud corría el Dakar.

El retiro de Baud y su equipo dejó otra víctima en el camino, aunque una que difícilmente ingrese como víctima oficial. En la provincia de Córdoba, en la Argentina, mientras el equipo del francés con los autos de apoyo y un camión se dirigían hacia el puerto de Campana en el Río de la Plata para emprender el regreso a Europa, colisionó con otros automóviles produciendo la muerte de un argentino que circulaba por la ruta con su propio coche.

Ya la competencia se había iniciado de manera catastrófica con el accidente producido con el despiste de la china Guo Meiling, también debutante, que provocó diez heridos en una etapa de conexión. Milagrosamente, como muestran los videos del accidente, no se lamentaron víctimas fatales. El consuelo de que no haya ha habido muertos en este accidente en Arrecifes, provincia argentina de Santa Fe, no contempla en lo más mínimo el grave trastorno para todos los involucrados, entre ellos un niño y una mujer embarazada con su bebe.

La cercanía del público con los autos en tránsito, en competencia o no, supone un riesgo que no se mitiga requiriendo experiencia a los pilotos. Tanto Baud como Meiling competían por primera vez en esta competencia.

Pero tampoco es que era la primera vez del ya histórico Robbie Gordon, uno de los máximos referentes del rally mundial. En un trayecto fuera de competencia, camino al cierre del Dakar en Rosario, protagonizó junto con su equipo un accidente que parecía salido de la película The Fast and The Furious. Su coche chocó con uno de apoyo mientras desde éste se le pasaban alimentos a alta velocidad por la ventana, en una circunstancia que pudo ser grabada por testigos argentinos.

En esta edición no hubo que lamentar el fallecimiento de pilotos, como sí ocurrió en otras ediciones. Pero año a año el listado intercala pilotos y espectadores, en circunstancias que casi siempre parecen evitables.

Sí, a diferencia de otros años, ante lo evitable de los accidentes se escucharon comentarios de periodistas argentinos muy críticos para la organización, acaso cansados de un artificio que no prioriza la seguridad de las personas desde que el Dakar desembarcó en Sudamérica con epicentro en la Argentina. Pareciera que lamentar menos de dos víctimas por edición, o que haya heridos y no muertos, alcanza para seguir con una competencia que entretiene y atrapa, pero también mata.

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