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El Sufismo: la mística islámica ¿opuesta al islamismo?

María Angeles Corpas - publicado el 02/01/16

Existe una gran mayoría de personas que identifica el sufismo con una mística similar a la católica

Una espiritualidad profunda que trata de ir más allá de la observancia y del cumplimiento de la ley y las costumbres del Profeta. Una relación sensitiva con Dios a través del Corán. Una vía a la que todo musulmán puede acceder y que por sus características no deja indiferente. De un lado, en muchos círculos occidentales ha servido como puerta de entrada al universo del Islam y un polo de atracción para las religiosidades posmodernas. De otro, aunque muchos hayan adoptado sus formas ha causado un profundo rechazo entre los movimientos islamistas.

  1. ¿Qué es el sufismo?

Podría definirse como un conjunto de creencias y rituales de carácter ascético o místico. Una forma de espiritualidad denominada “tasáwwuf”. La denominación sufí, estaría relacionada con la vestimenta de lana tosca o “suf” que llevaban los primeros ascetas y cuya presencia se remonta al siglo IX en Kufa. Una señal de renuncia a los bienes materiales que también podría emparentarse con el concepto “safá” o pureza.

Su objetivo último sería el abandono total del individuo a Dios (faná) a través de una introspección profunda del contenido del mensaje revelado en el Corán. En esta relación con Dios, la poesía adquiere un protagonismo especial como vehículo de expresión y alabanza. Aunque comparte con el resto de las corrientes místicas un ideal de conocimiento y perfección del individuo, el sufismo tiene la particularidad de dirigirse a revivir el mensaje espiritual de Mahoma contenido en su ascensión a los cielos (mirach).  Este itinerario ascético, esta vía (tariqa) conducirá a este fin a través de moradas (manazil), de grados (maqanat) y de estados (ahwal).

La ascesis sufí o tariqa presenta variaciones y reglas según los grupos o cofradías. Sin embargo, algunos elementos permanecen como comunes. En primer lugar, la existencia de un sistema jerárquico de disciplina y autoridad. Las prácticas rituales están basadas en la salmodia oral o mental de jaculatorias (dikr), repeticiones del nombre de Dios hasta entrar en éxtasis. Por último la indiferencia y la introspección como olvido de cualquier aspecto carnal, que sucede al adepto durante estas prácticas.  En lo doctrinal, los sufíes comparten una fe centrada en el sumo poder de la providencia divina (tawakkul), a asunción total de la voluntad de Dios y una metafísica que establece una distinción clara entre la literalidad de la Revelación (charía) y la verdad absoluta de la esencia divina (haqiqa), a la que el sufí siempre tiende.

  1. ¿Cómo ha evolucionado?

En sus inicios, entre los siglo VIII-IX, el sufismo fue ante todo una actitud de ruptura frente a una sociedad que se transformaba de modo acelerado, tanto económica como ideológicamente. En este contexto, el pensamiento islámico está centrado en la elaboración de la jurisprudencia (fiqh) y la exégesis o interpretación coránica (tafsir). Elementos imprescindibles para la dirección terrenal y unificación de la comunidad musulmana.

En ese contexto, los primeros sufíes mostraron su extrañeza ante estas preferencias legalistas y literalistas. Y prefirieron hacerlo a través de una meditación que partía del Corán, pero que lo sometía a una intensa hermenéutica o itinerario explicativo (tawil). Con él, se pretendía consensuar la senda espiritual del maestro con la letra del texto sagrado. De modo paralelo, en el mismo contexto, emergió la gnoseología o teoría del conocimiento chií. Este hecho explicaría en parte las coincidencias entre sufismo y filosofía profética chií.

No es de extrañar así que los primeros sufíes de los que queda testimonio fueran personalidades ligadas al mundo iraní, cuyo ejemplo se extendió por la Baja Mesopotamia. El poeta y predicador al-Hallach, sunní de origen persa, quien con su ejemplo y predicación logró traspasar los círculos de los iniciados y apostar por la fuerza contenida por este Islam místico. Fue ejecutado en Bagdad en 928 por disidencia política, teológica y jurídica al predicar la unión del hombre con Dios a través del amor, Un concepto que parte de hermosos pasajes del Corán y el hadiz: “Dios los ama y ellos le aman “(Qur. 5,34) y “Mi tierra y mi cielo no me contienen, pero sí el corazón de mi fiel servidor”.

  1. De la espiritualidad al control de las tariqas

A raíz de esta ejecución, el sufismo quedó absorbido por la corriente sunní y su reconocimiento por el Islam escriturario se produjo a través de pensadores como Abu Hamid al-Gazali (Algazel en las fuentes latinas), que trató de integrar la mística a la teología clásica.

A partir del siglo XII el sufismo se organizó en tariqas o cofradías. Una estructura que vino a mitigar, a frenar la influencia del sufismo chií, que propugnaba como vía espiritual la devoción ritual a los santos imames. De este sufismo sunní surgieron cuatro personalidades reconocidas unánimemente como sus principales representantes: Ibrahim al-Dasuqi (1235-1288), Ahmad al-Badawi, Abd al-Qadir al-Yilani (m.1166) y Ahmad al-Rifai (m. 1182).

Tras la invasión mongola y la destrucción de Bagdad en 1258 que supuso una catástrofe dentro del mundo islámico, surgió dentro del sufismo una fuerte renovación y se extendió un sufismo de zagüía. Es decir, ligado a pequeñas mezquitas en torno a la tumba de algún santón venerado. En este sentido, la predicación isámica se produjo en comunidades con tradiciones autóctonas.

Desde el siglo XVI, las tariqas han impartido doctrina e imponen un comportamiento ascético estructurado. A veces, han servido como organizaciones en las que se ha apoyado distintos soberanos. Algo que propició no sólo el inmovilismo, sino una institucionalización contraria al espíritu y la práctica ritual de los primeros sufíes. En este sentido, el papel de las cofradías como organizaciones de control de la espiritualidad se complementaba con el que poseían las madrasas en el plano jurídico.

En los siglo XIX y XX, las potencias coloniales se sirvieron de estas tariqas para mantener controlada y satisfecha a la población, tal y como hizo Francia en África con la cofradía tiyaní (Ahmad al-Tiyani m 1815, Senegal). De otro lado, la resistencia a la colonización y la consolidación de una respuesta también se realizó a través de la llamada a la yuhad de grandes jeques sufíes tanto qaridíes (And al-Qadir al Yilani (m. 1166, Bagdad) como sanusíes (Muhammad Ibn Ali al-Sanusi, m. 1859, Cirenaica).

  1. ¿Es reconocido por parte del Islam institucional?

Tanto los representantes sunníes (ulemas) como los chiíes (mulaes) han mostrado hacia el sufismo una actitud que oscila entre la gran reserva y la hostilidad abierta. Especialmente porque pugnan con él por el monopolio de la doctrina islámica y especialmente, por la capacidad de influencia sobre sus fieles. La capacidad del sufismo de tender puentes hacia la religiosidad popular le ha permitido gozar de un reconocimiento no sólo popular, sino también de canalizar grandes donaciones de bienes de manos muertas (habús). Donaciones inalienables a fundaciones sufíes. Algunas cofradías como la tiyaní en el oeste de África, este ascendiente popular se verifica a través de manifestaciones del sentimiento religioso muy primarias, expresadas en amuletos o rogativas, que se hacen inseparables de este tipo de Islam. No en vano, la devoción a los santones sufíes se ha convertido en una de las conexiones más fuertes entre musulmanes e hindúes en la India actual.

La influencia del sufismo es palpable en amplias manifestaciones de la vida cultural. Desde la música, danza, arte y especialmente la poesía. Los poetas místicos han florecido en las principales lenguas islámicas en su época clásica. En árabe, Muhyi al-Din Ibn al-Arabi (m 1240). En persa, Farid al-Din Attar (m.1230) y Háfiz (m.1390). En turco, Yunus Emre (m.1329). En malayo Hamza Fanrusi (m.1600). En urdu, Mazhar (m.1781).

Para los sufíes más estrictos, este sufismo “artístico” corre el riesgo de desvirtuar el mensaje místico originario y su dimensión como vivencia comunitaria. De este modo, podría quedar convertido en una simple expresión folclórica, tal y como sucede con los derviches. Este temor se apoya en el hecho de que estas manifestaciones representan un polo de atracción indudable a las religiosidades posmodernas del mundo occidental.

  1. La instrumentalización del sufismo por los movimientos islamistas

Como hemos comentado, esta especial ascendencia del sufismo sobre amplias capas de la población ha motivado, entre otros, su instrumentalización por movimientos islamistas. Es el caso de los Hermanos Musulmanes. Su fundador Hasan al-Banna eligió para sí el nombre de guía (murchid), un concepto propio del jeque de una tariqa y de Hermandad (ijwan), con claras reminiscencias sufíes, para su organización. De modo complementario, las primeras estructuras y congresos de los Hermanos Musulmanes se parecían al sistema de cofradías, incluidos sus lemas y cánticos. Sin embargo, esta tendencia, fue eliminada por Hasan al-Hidaibi, su segundo guía, que impuso al movimiento el objetivo de la rehabilitación política y la sobriedad en las formas.

Entre las causas estratégicas comunes a los movimientos islamistas contemporáneos es su rechazo a las cofradías sufíes, a su inmovilismo e incluso a su tendencia a convivir con los poderes establecidos. Esta fuerte oposición se enraíza en Ibn Taimiya (1328), figura de referencia en este tipo de movimientos y que atacó enérgicamente la influencia de las cofradías en Egipto.

Otro aspecto de confrontación provienen de la contraposición de los términos mirach/Hégira. El ideal sufí de la experiencia ultraterrena del mirach (ascensión a los cielos de Mahoma) enfatiza un aspecto que choca con terrenal de su éxodo a Medina. A pesar de estas relaciones, nunca debe confundirse un sufí con un islamista. Incluso algunos musulmanes en la actualidad utilizan el vocablo sufí como sinónimo de musulmán practicante y opuesto a interpretaciones políticas del Islam.

Debemos decir, que pese a todo, la diversidad del sufismo de cofradías puede dificultar una valoración conjunta de su evolución respecto a su posición frente a la modernidad. Hay que realizar análisis pormenorizados de cada contexto cultural y social, que determinarán una determinada lectura del Corán, del Hadiz y de la escuela jurídica propia de cada región.  Podemos hallar diversidad dentro de una misma tariqa. Actualmente, puede decirse que una de las tariqas principales hoy es la Chixtí (Muín al-Din Chixtí (m.1236, Ajmer, India) por su número de seguidores en el subcontinente Indio. La Qaridí, por su implantación generalizada en todo el mundo islámico en numerosas ramificaciones. La Tiyaní por su enorme influencia en África. Especialmente en Argelia, Marruecos y África Subsahariana. Y por último, la naksibendí (ahá al-Din al-Naqsbandi, m. 1388 Turkistán), por su influencia crucial en la configuración del islam turcomano.

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