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¿Cual es la diferencia entre religión islámica e ideología islamista?

AFP PHOTO / HO / AL-FURQAN MEDIA
An image grab taken from a propaganda video released on March 17, 2014 by the Islamic State of Iraq and the Levant (ISIL)'s al-Furqan Media allegedly shows ISIL fighters raising their weapons as they stand on a vehicle mounted with the trademark Jihadists flag at an undisclosed location in the Anbar province. The jihadist Islamic State of Iraq and the Levant group has spearheaded a major offensive that began on June 9, 2014 and has since overrun all of Iraq's northern Nineveh province. AFP PHOTO / HO / AL-FURQAN MEDIA
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El islamismo aparece hoy como la ideología más peligrosa del mundo, capaz de inspirar y justificar la violencia. A diferencia del fascismo o el comunismo, lo hace manipulando un mensaje religioso y la misma figura del Dios de los musulmanes

¿Cual es la ideologia más peligrosa del mundo?

A lo largo del siglo XX, naceron y se desarrollaron ideologías que pretendieron ofrecer al mundo soluciones globales. Bajo las banderas del imperialismo, comunismo, fascismo y nacismo se justificó la matanza de millones de personas.

Desde su nacimiento como proyecto político, el islamismo, se ha convertido a día de hoy en la última y más peligrosa de estas ideologias.

Debe advertirse que el islamismo no equivale a Islam. El islamismo incluye a un amplio abanico de discursos y tipos de activismo que reivindican la ley islámica (Sharía) como el pilar jurídico del sistema estatal. Utilizado por grupos terroristas, el islamismo ha resultado ser el discurso político-religioso más eficaz para movilizar colectivos violentos y aniquilar cualquier grupo estimado contrario a sus fines.

Podemos decir que fascismo, comunismo e islamismo poseen tres elementos en común:

  • Totalitarios por natureza: aspiran a la dirección y control de todos los aspectos de la vida
  • Expansionistas: con tendencia a creer de forma ilimitada
  • Violentos: para conseguir sus objetivos, contemplan la eliminación de cualquier elementos o grupo que se oponga a ellos. Esto inluye no sólo a los occidentales, sino también a los propios musulmanes. De hecho, el islamismo radical ha ejecutado a más miembros musulmanes que de cualquier otra religión.

Pese a existir la idea de que el discurso radical islamista se vincula a una lectura “atrasada” del Islam, debe afirmarse que el terrorismo que hoy invade a diario los medios de comunicación es producto del siglo XXI. Utiliza los medios tecnológicamente más avanzados en cada campo y se financia utlizando las redes de tráfico de armas, droga y prostitución.

Podemos decir que este Islamismo radical, como proyecto totalizador se opone a cualquier tipo de libertad jurídica y religiosa. Ejerce un control efectivo del Estado e impone una interpretación interesada de la ley islámica. La Sharía y todas las figuras de autoridad vinculadas a ella (ulemas, alfaquíes, imames) estarían sometidos a la dictadura de los violentos. Realizar una lectura radical significa que, cualquier disposición religiosa o jurídica es utlizada para la aniquilación del otro. A modo de ejemplo, pueden calibrarse las consecuencias si se aplica a algunos puntos:

  • Toda persona nacida musulmana debe permanecer musulmana. En caso de apostatar, debe ser perseguida y ejecutada.
  • El adulterio se castiga con la lapidación
  • Cualquier expresión sobre el Islam o Mahoma considerada ofensiva, debe ser castigada severamente, incluso con la muerte

Esta interpretación se aplica en países como Sudán, Irán, Arabia Saudita y partes de Nigeria, Irak, Pakistán, Afganistán y Siria.

¿Cuántos islamistas hay en el mundo?

Esta es una pregunta ciertamente muy compleja. De un lado, en muchos países donde el Islam es minoritario, declarar sobre la pertenencia a una determinada religión se considera una cuestión privada que no se está obligado a declarar. De otro, más allá de una pertenencia oficial a un grupo religioso, hablamos de abrazar una tendencia ideológcia violenta. Una mentalidad que escapa a cualquier control estadístico. No obstante, en 2013, el Pew Research Center (Instituto Estadounidense de Investigación) ofreció algunos datos relacionados con la aplicación de la sharía que pueden dar una idea del arraigo de esta tendencia:

Apoyo al apedreamiento de adúlteros hasta la muerte: 86% de los musulmanes de Pakistán, 80% en Egipto y 65% en Jordania.

Apoyo a la pena de muerte de apóstatas: 79% de los musulmanes de de Afganistán, 62% en Palestina, 58% en Malasia.

Se estima que de los 1.500 millones de musulmanes que hay en el mundo, al menos un 10% es favorable a la aplicación de la Sharía en su versión más extrema. Más allá de estos 150 millones que apoya esta tendencia islamista, cabe cuestionarse sobre qué porcentaje de ellos estaría dispuesto a pasar a la acción. Se estima en un 2% aquellos que no sólo estarían apoyando el terorismo del Estado Islâmico, a Al-Qaeda, o Talibã, o Hamas, o Hezbollah, o Boko Haram, o Al-Shabaab. Hablaríamos de 3 millones de activistas potenciales.

El peligro de la generalización radical

Ante esta situación existe otro problema añadido: la identificación de religión, ideología y terrorismo. Islam, islamismo y terrorismo islamista son realidades conectadas, pero no iguales. Debe tenerse en cuenta que existe un historia rica y compleja dentro del mundo árabe, incluso anterior a la aparición del Islam. Un área en el que gran parte de su población ha convivido durante siglos de modo pacífico. Tampoco podemos olvidar que muchas de las víctimas de estos grupos radicales son musulmanes manifiestamente contrarios a la violencia.

Comprender esta distinción es el primer paso que debemos dar para evitar la reproducción de comportamientos poco tolerantes. No hacerlo es generar la excusa perfecta para la expasión del desconocimiento y el miedo. El caldo de cultivo más favorable a cualquier tipo de extremismo.

REFERENCIAS: Pew Reseach Center (2013) http://www.pewglobal.org/2013/09/10/muslim-publics-share-concerns-about-extremist-groups/

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