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¿Conoces la propuesta de la Iglesia para tu familia?

Avanguard Photography CC

Familia Cristiana - publicado el 02/10/14 - actualizado el 15/02/18

Muchos piensan que la Iglesia está contra el preservativo y la píldora, sólo porque es anticuada

Muchos piensan que la Iglesia está contra el preservativo y la píldora sólo porque es anticuada. ¿Y si te dijéramos que existen razones fundamentales para esta posición, y alternativas más eficaces que el viejo método Ogino? Si estás frunciendo el entrecejo en este momento, sacudiendo la cabeza o haciendo un gesto de sorpresa e incredulidad, continúa leyendo, mira que vale la pena.

Texto Ricardo Perna

Desde el inicio de la historia de la Iglesia se habla de la importancia de la familia y del número grande de hijos. Sea por necesidades económicas, sea por no haber métodos de planeación familiar eficaces, las familias a lo largo de la historia presentaban siempre un gran número de hijos. No conociéndose bien la realidad, se consideraba que el hombre era el portador de la vida y la mujer el terreno fértil donde su “semilla” era plantada. Esto reforzó las teorías que apuntaban como equivocados ciertos actos sexuales, como la masturbación, o algunas posiciones en las relaciones sexuales que llevaban al desperdicio de esa “semilla”.

El crecimiento de la sociedad y la evolución de la ciencia permitió que a finales del siglo XIX se descubriera que la mujer tenía un periodo fértil y que ella también participaba en el proceso de generación de vida, no sólo el hombre. Basado en este descubrimiento, se les pidió a las mujeres que buscaran hacer un calendario de sus periodos fértiles y los establecieran a partir de ahí. “La técnica fue útil para muchas parejas, pero el ciclo de la mujer era variable e influenciado por factores externos, por lo que el método se mostró muy falible”, nos cuenta Mary Anne d’Avillez, enfermera que se dedica al trabajo en el área de la planeación familiar.

Es dentro de una sociedad que se comienza a pensar en las cuestiones de la planeación familiar y la necesidad de planear el futuro de la familia, quizá porque viven en zonas urbanas, en casas más pequeñas, o porque la mujer comenzaba a ganar una mayor independencia, o porque había una mentalidad más individualista que comenzó a ganar forma en mayo del 68 en Francia, cuando surge uno de los documentos más polémicos e incomprendidos de la Iglesia en las últimas décadas: La Encíclica Humanae Vitae. “Cuando las cuestiones alrededor de la planeación familiar se plantearon, en el ámbito de buscar una paternidad responsable, el Papa Pablo VI propuso una comisión de estudio innovadora en aquellos tiempos, porque incluía el testimonio de parejas de laicos”, cuenta el padre José Manuel Pereira de Almeida, coordinador de la Comisión Nacional de Pastoral de la Salud.

Esta encíclica pretendía regular todas las cuestiones relacionadas con el matrimonio y la planeación familiar, pero sus ideas y propuestas nunca fueron plenamente conocidas, incluso al día de hoy. Se crearon muchos mitos alrededor de esta encíclica y del entendimiento de la Iglesia sobre la planeación familiar. Que las relaciones sexuales después del matrimonio son sólo para procrear es luego lo primero. El punto 12 de la encíclica habla del doble significado de la relación sexual de la pareja, el “significado unitivo y el significado procreador”.

“En verdad, por su estructura íntima, el acto conyugal, al mismo tiempo que une profundamente a los esposos, los vuelve aptos para la generación de nuevas vidas, según leyes inscritas en el propio ser del hombre y la mujer”, puede leerse en el documento. Además, la noción de que el acto sexual sirve sólo para el placer de la pareja, seguros de que no estarán procreando, aparece más adelante, en el punto 16. “La Iglesia es la primera en elogiar y en recomendar la intervención de la inteligencia, en una obra que tan de cerca asocia a la criatura racional con su Creador. (…) Si, por lo tanto, existen motivos serios para distanciar los nacimientos, que deriven o de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges, o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que entonces es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras, para usar en el matrimonio sólo en los periodos infecundos y, de este modo, regular la natalidad”. A pesar de ser clara la posición de la Iglesia, las personas no la conocen.

Pero, ¿qué significa entonces tener en cuenta “los ritmos naturales” del ser humano para que la pareja pueda expresar su amor el uno al otro a través de la relación sexual sin correr el riesgo de embarazarse? En aquel entonces, la única propuesta existente era el llamado método del calendario, o de las cuentas, ya referido arriba, y éste no fue muy bueno.

El padre José Manuel considera que aún hoy se hace sentir el peso de una encíclica que tuvo “más publicidad”, por culpa propia. “Cuando la Humanae Vitae es aprobada, la propuesta que la Iglesia tenía era la abstinencia periódica regulada por un ciclo con cuentas hechas a los 28 días. Esa propuesta, que no era nada eficaz, temo que haya sido una propuesta tan fuera de las expectativas de las personas, y con resultados falibles, que las personas dijeron “bien, esto es un peso que nos colocan a nosotros y ellos no ayudan ni siquiera con un dedo”, y eso creó resistencia al documento por parte de las parejas en aquel entonces”, considera el sacerdote.

Conciente de que la propuesta de la Iglesia tenía fallas en esta área, Pablo VI pidió a médicos y científicos católicos que buscaran respuestas, sin saber que la solución ya estaba buscándose en Australia.

John Billings y su esposa eran una pareja de médicos a quien su párroco pidió ayuda para las mujeres de la parroquia en el uso del método del calendario, a la luz de la Encíclica Humanae Vitae. Al ver los resultados tan débiles que obtenían con aquel método, John Billings hizo una investigación profunda y comprendió que la mujer producía un moco que se mostraba en determinados momentos del mes.

En ese sentido, pidió a 100 mujeres que se prestaran para documentar diariamente la observación de ese moco y recogieran orina, con el objetivo de hacerse análisis hormonales. “Al final de seis meses, compararon las observaciones de las mujeres con el resultado de los análisis y vieron que había una correlación entre la aparición del muco fértil y su desaparición y los periodos de fertilidad. Esto era una señal directa de lo que estaba sucediendo en el aparato reproductor”, nos explica Mary Anne d’Avillez. Este método se reveló tan eficaz que la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió al Dr. Billings que patentase el método, con el objetivo de evitar réplicas mal fundamentadas, y así surgió un método que, no siendo anticonceptivo, permite regular los nacimientos a medida de los deseos de la pareja.

Además de este, surgió más tarde el método sintotérmico, que vincula el método Billings a la medición diaria de la temperatura corporal para un diagnóstico complementario. Estos métodos son diferentes de los métodos hormonales o del preservativo, puesto que los otros métodos están en contra de la concepción pues impiden que se lleve a cabo al colocar una barrera, en el caso del preservativo o de los dispositivos intrauterinos, o provocan alteraciones hormonales en la mujer, en el caso de la píldora. Además de esto, respetan los ritmos del cuerpo, no introducen alteraciones hormonales en las mujeres ni acarrean los riesgos para la salud que vienen descritos en el prospecto de la píldora. La aplicación del método Billings es simple, pues sólo necesita de una observación diaria de la mujer, y no depende, al contrario de lo que se piensa, de la regularidad de los ciclos menstruales de la mujer, pero carece de instrucción para garantizar una aplicación correcta.

“Ese mito de la regularidad tiene que ver con el método de las cuentas, que aquí no interesa nada. La mujer tiene que definir cómo es su periodo infértil, y conocer su cuerpo. Inicialmente eso puede parecer complicado, pero en determinado momento se vuelve automático entender estas diferencias, se vuelve parte de la rutina diaria”, defiende Mary Anne d’Avillez, que da formaciones en esta área.

“La pareja que pretende utilizar estos métodos tiene una primera sesión de clarificación, lleva a casa una gráfica que rellena, y después va a consultas de acompañamiento una vez por mes durante más de tres meses, en la que trae la gráfica y entendemos si las medidas y observaciones fueron bien hechas. Sólo ahí es que consideramos a la pareja autónoma. Una pareja que venga después a reclamar que el método falló pero nunca fue a las consultas de acompañamiento no tiene razón, porque quien falló fue la pareja, y no el método”, afirma la enfermera.

Pero si son tan eficaces, ¿por qué se oye hablar tan raramente de estos métodos? “Hay un lobby muy grande en los laboratorios. Mire usted: es una mujer saludable la que va a tomar un medicamento todos los días durante años, por lo tanto, los estudios a largo plazo sobre los efectos de esos métodos anticonceptivos no se conocen mucho y existe un silencio en esa materia, lo que es un poco sospechoso”, critica Mary Anne d’Avillez. El hecho es que, dentro de la propia Iglesia, existe silencio sobre esta materia. “Existen hoy cuestiones de omisión, es verdad. Hay poca preparación general, y por eso tenemos que dar formación, bien a través de formadores, bien a través de las personas, sacerdotes y parejas laicas”, reconoce el padre José Manuel Pereira de Almeida, para quien la Iglesia “necesita entender la realidad, acompañar la mentalidad de los tiempos actuales, sin nunca dejar de entender que la propuesta que hacemos tiene una sabiduría secular que le da credibilidad, incluso sobre el punto de vista sacramental”.

Mary Anne d’Avillez defiende que el CPM debería abordar obligatoriamente las cuestiones de la planeación familiar. “Es un asunto que debería formar parte de los CPM, pero muchas de las parejas que están dando los CPM no lo hacen, y por eso no hablan de eso”, critica esta responsable, para quien la “ignorancia” existente es la razón por la cual las personas no se adhieren, no la falta de eficacia del procedimiento. Entender las realidades de las parejas es el camino a seguir, para el padre José Manuel.

“Tenemos que pensar en el replanteamiento de una vida a dos. Sin invasión a la vida íntima de cada pareja, porque no se debe hacer algo sólo porque la Iglesia dice, sino porque la pareja entiende cuál es el mayor bien”, afirma el sacerdote, que añade que la Iglesia no tiene una visión limitada de las cosas. “No somos adoradores del método natural, lejos de ello, a pesar de reconocer que es la mejor opción para la generalidad de los casos. Pero si el marido ha emigrado y apenas ve a su mujer pocos días al año, o si por cualquier razón se ven impedidos de estar siempre juntos, es legítimo que se comprendan estas realidades".

"Lo importante es que en la base de todo no esté una mentalidad anticonceptiva, que está vinculada al relativismo y al individualismo actualmente, sino a una postura de apertura a la vida que la pareja debe tener. El niño es, hoy, el último electrodoméstico a adquirir en el camino de estabilidad de la pareja, y eso es lo que está equivocado”, considera el coordinador de la Pastoral de la Salud.

Estos son tiempos nuevos. Y por eso la respuesta de la Iglesia debe ser adecuada. Y para eso contribuyen los documentos de la Iglesia, que proponen una vida en pareja estable, responsable, donde la familia crece a medida de los deseos y posibilidades de la pareja, en una dinámica en sintonía con el Evangelio. ¿Están disponibles los católicos para conocer y vivir esta realidad?

Todas la información relativa al método Billings está disponible en el sitio web www.woomb.org

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