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La espiritualidad como una forma de “hacking” interior

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Surge un nuevo modelo: el “hombre descodificador”

Un tema complicado, que puede parecer “banal” o “superficial”, es cómo conjugar hoy las nuevas tecnologías – internet, social network (Facebook, Twitter, Pinterest, G+) en relación con los jóvenes, o cómo se ponen en relación ambos temas en el ideario común, sin caer en el tópico fácil.
 
Y sin embargo, explicó ayer el teólogo y director de la prestigiosa revista La Civiltà Cattolica, padre Antonio Spadaro – no es un tema baladí. El jesuita, famoso por haber acuñado el término “cyberteología”, afirma que quienes han nacido en los confines de la era digital saborean el mundo y lo experimentan de forma distinta respecto a las generaciones precedentes. De una forma, es cierto, disgregada y no jerárquica, pero sí de una nueva forma de plantear las preguntas sobre el sentido de cada uno de nosotros.
 
En su intervención en la plenaria del Consejo Pontificio de la cultura retomó las intuiciones de Marshall McLuhan, que explicaba que “toda tecnología crea un nuevo ambiente. Esto aturde totalmente nuestros sentidos, porque nuestro instinto es el de evitar todo lo que desconocemos, lo que es extraño, y así la gente se automargina de este nuevo ambiente”.
 
Planteado en estos términos, se trata de un reto real pero también apasionante relacionado con la evangelización., y explica el gran interés que el Papa ha demostrado por las nuevas tecnologías, como se refleja en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año: “El ambiente digital no es un mundo paralelo o puramente virtual, sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes”. Por esto, el padre Spadaro advierte: “El espacio digital no es alienado, falso o aparente, sino una extensión de nuestro espacio vital cotidiano”.
 
El jesuita recordó a un ilustre y profético predecesor de esta relación positiva entre la humanidad y la tecnología: Pablo VI. Él, frente a los progresos de la informática, dijo en 1964: “el cerebro mecánico viene en ayuda del cerebro espiritual” y se preguntaba: “¿Es el espíritu el que se ha vuelto prisionero de la materia, o no es más bien la materia, ya domada y obligada a cumplir las leyes del espíritu, la que ofrece al espíritu este sublime reconocimiento?”.

La conexión continua, que en particular los jóvenes buscan de forma obsesiva, buscando unirse a una realidad de contactos, de compartir, formada por una nube de amigos y de followers es la manifestación de una necesidad de vivir la realidad a partir de la experiencia, y de plasmar ésta a través de un flujo de conciencia a disposición del propio círculo de relaciones. Existo porque descodifico lo que me sucede según mis propias exigencias de sentido: es el nuevo “hombre descodificador” – sostiene el director de La Civiltà Cattolica – “hoy es importante reconocer las preguntas básicas, las fundamentales”, pues las respuestas, en cambio, ya están al alcance de la mano gracias a la Red.
 
La Red “plasma la manera de comprender los contenidos de sentido, que se convierten en orbital contents, contenidos que giran alrededor de quien los busca o los encuentra”. Se busca, se salva un contenido y poco importa de dónde procede: un periódico profesional, un blog, un canal de Youtube, una fanzine. Lo importante es que entre a formar parte de ese mosaico de respuestas que se cruzan en el camino de la exigencia de sentido del usuario, del navegante, del surfista de la Red.
 
La Iglesia debe insertarse en esta forma de percibir el mundo y de pensarlo por parte de los jóvenes y de las que serán cada vez más las próximas generaciones, constantemente conectadas, empeñadas en construirse su propia playlist tanto musical, como de noticias, de reflexiones. Buscando diálogo e intercambio – y no por rebelión – rechazan la jerarquía. Escuchan, y sólo si algo les llama la atención, buscan definirlo para memorizarlo, invirtiendo completamente el esquema de la transmisión de los saberes. El flujo del conocimiento se ha roto, pero esto no es necesariamente malo.

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