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LI JMCS – No temas, yo estoy contigo

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Se ha hecho público hace unos días el Mensaje del Santo Padre Francisco para la LI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que este año se celebrará el próximo 28 de mayo. Este mensaje, que nos llega puntualmente, no es, como alguno pudiera pensar, un mensaje destinado sólo a los profesionales de la comunicación, que también y en gran medida, sino que es un mensaje dirigido a todos nosotros. La Iglesia, en su esencia más íntima, es comunicación, y cada uno de sus miembros, por extensión, tenemos una misión clara: comunicar una buena noticia, la Buena Noticia, Jesucristo.

El Papa Francisco, fiel a su estilo sencillo y al alcance de todos, nos exhorta a combatir la angustia, el miedo y la desesperanza en un mundo percibido por muchos como a la deriva. Siempre ha habido guerras, hambre, injusticias, dictaduras, sufrimiento… pero el Papa sabe que en esta época de redes sociales y dispositivos tecnológicos de última generación, las personas estamos siendo especialmente sensibles ante la avalancha informativa que se nos viene encima desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Francisco demuestra ser conocedor de nuestra debilitada esperanza y de un cierto bajar de hombros ante una realidad que se percibe como inamovible y que, parece, estamos condenados a aceptar sin más.

Por eso el Papa nos llama a refrescar nuestra manera de ser cristianos en el mundo y de comunicar lo que en él sucede. Y para ello nos da unas pistas muy valiosas:

  1. El valor de la narración. Ya Jesús demostró, en sus años de vida pública, que es más fácil contar a Dios que definirlo, que es más fácil narrar nuestra historia y la historia de Dios con nosotros que intentar explicar conceptos, leyes, mandamientos y teologías varias. El Papa nos pide que narremos la realidad y eso implica comprometer nuestra historia e involucrarnos en aquello que narramos. Implica ser comunicadores que van dentro de lo comunicado. La invitación es a narrar mi propio sufrimiento más que hablar sobre el sufrimiento, narrar mi experiencia de Dios más que hablar de Dios, narrar mi vivencia de la cruz más que teorizar sobre su sentido, narrar lo que implica la Palabra en mi vida más que explicársela a otros…
  2. El valor de la imagen. Francisco recupera algo que la Iglesia ya vivió en tiempos donde la evangelización se hacía a través del arte. La imagen deja un espacio libre para que cada uno pueda situarse, encontrarse, explicarse, confrontarse… no es una Palabra dada y cerrada, sin posibilidades, sino más bien una puerta abierta que sugiere, que aromatiza, que invita, que desvela sutilmente…
  3. La necesidad de la esperanza. La realidad es la que es y no se puede falsear. Eso lo tenemos claro. Una de las críticas más voraces a las redes es su “filtro” continuo ante aquello que soy y vivo, un filtro que acaba mostrando una imagen idílica, romántica y placentera de mi persona y de mi existencia, tantas veces alejada de mi realidad. La mirada ante el mundo debe ser realista pero debe ser cristiana. Mirar como Jesús. Mirar a través de Jesús. Mirar lo que sucede y descubrir al Padre que nos cuida, nos protege, nos ama y nos acompaña y ver su mano en las posibilidades de amor y redención que tantas veces se abren en el sufrimiento y el sinsentido.
  4. La certeza de la confianza. No estamos solos. No tengamos miedo en esta labor. No tengamos temor ante nuestras propias limitaciones y ante nuestras propias debilidades. No tengamos miedo de poner a Cristo en el centro de la vida de la humanidad. Su presencia, es verdad, genera controversia muchas veces pero, a la vez, confronta siempre al hombre de todo tiempo, invitándole a una conversión.

Ojalá, de aquí a mayo, sepamos profundizar en toda la riqueza de este mensaje y, a partir de ahí, sepamos llevar a la práctica aquello que nos sugiere.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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