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¿Es posible desintoxicarse de las tecnologías digitales?

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Este tipo de adicciones han ido creciendo en el mundo

Hace pocos días, un miembro del chat que conforma el Consejo Directivo de Bancos de Alimentos de México, dejó el siguiente mensaje: “Voy a salir del grupo ya que saldré de viaje y quiero descansar y desconectarme… Espero llegar mejor de cómo me fui. Saludos y me reintegro a mi regreso”. Dejaba el aparato que se lleva la oficina y los pendientes con nosotros…

La adicción al teléfono móvil ha ido creciendo en el mundo de manera exponencial, al grado que el mismo Papa Francisco ha advertido sobre lo pernicioso que resulta que –en familia, por ejemplo—el llamado “teléfono celular” sustituya la conversación y la escucha del otro.

Hay una empresa en San Francisco, nacida en 2012, que ayuda a la gente a “desconectarse para volverse a conectar”. Se llama Digital Detox. Su fundador Levi Félix, trabajaba sin descanso 70 horas a la semana en una empresa de consultoría, hasta que tuvo que ser internado en el hospital, por agotamiento (en 2008).

Ahora su empresa se dedica a reclutar gente adicta al mundo digital, pero, sobre todo, al móvil para darles métodos (cobrados, claro está) de desintoxicación tecnológica. Fue la pionera de miles de iniciativas den todos los países industrializados que tratan de parar una adicción que puede convertirse –si no es que ya se convirtió—en un problema muy serio de salud pública.

Descanso digital

La premisa en la que se basan todas las organizaciones para desintoxicarse de Internet, redes sociales, smartphones, etcétera, es que hemos perdido contacto, equilibrio, cercanía con el mundo natural, con la realidad real y hemos elevado a categoría de “indispensable” el navegar ocho o diez horas al día en el universo virtual. Aunque, para muchos, es imposible “desconectarse”, lo cierto es que hoy mismo se ha hecho más común ofrecer bases y guías para un “descanso digital”.

Los “gurú” en la materia aseguran que el mínimo de tiempo que dicho “descanso” debe durar es de tres días que son los necesarios para poder superar el “horror” de no tener cerca el aparato tecnológico al que el usuario se ha hecho adicto, y las “vibraciones fantasma” en el bolsillo del “celular” inexistente.

En algunos lugares de Asia ya se están ofreciendo “retiros de silencio” de diez días en los que la gente medita para “reconcentrase” con la realidad real, inaugurando una nueva era de turismo de “reconciliarse” con la vida misma. El verdadero problema (que no dice en la carátula del retiro) es “volver” al mundo digital. El tema es que esta adicción no consume sustancias, sino genera conductas.

Generalmente, el tiempo de volverse a enganchar dura la mitad de lo que duró el “retiro”. Pero, cuando menos, queda una gota de conciencia en el adicto. Y ya no será tan “defensor” de la primacía de lo digital en su vida. Lo que para nuestros abuelos era perfectamente normal, ahora mismo es sujeto de “especialistas”: darle primacía a lo real.

Pero, ya está aquí la adicción, y hay que detectarla. ¿Cómo? Algunos especialistas en el tema concuerdan en que son cuatro los síntomas de la adicción y que requieren una desintoxicación (si la persona quiere, claro está): falta de sueño, dificultad para concentrarse, decaimiento del estado de ánimo tras el uso de redes sociales y ausencia de tono vital.

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