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Mi hijo me enseñó a leer

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Brasil es el país con mayor índice de analfabetismo en América Latina, continente con más de 30 millones de analfabetos

“Yo voy a aprender a leer y a escribir. Y cuando lo haga, te voy a enseñar”

Así de confiado e inocente se plantó ante la situación de su madre Damiao, un niño brasileño de 11 años que en el momento de esta sublime declaración aún no alcanzaba los cinco años, reproduce un extenso reportaje publicado por BBC Mundo.

Y con el transcurso de los años aquellas palabras se fueron transformando en realidad. Para la propia madre, Sandra María, el hecho de que su hijo fuera a la escuela ya de por sí era un gran logro. Incluso, recuerda, luego de finalizada la jornada escolar su hijo le contaba todo lo que aprendía y a ella le daba curiosidad.

Sandra María está inmersa en esta aventura de aprender a leer y escribir desde hace un año, pero su vida no ha sido fácil. A los 12 años fue a buscar a su madre biológica, pero recibió un contundente rechazo, indica BBC.

“Ella no me aceptó. Su hombre (pareja) me quería hacer daño. No sabía lo que estaba pasando”, comenta.  Esta situación la llevó a tener que sobrevivir de diversas maneras, incluso revolviendo la basura para encontrar algo para comer. Luego, conoció a quien fuera el padre de sus primeros hijos, pero fue víctima de mucha violencia (incluso con ataques con cuchillo) algo que la llevó a huir con sus tres pequeños. Y aún sin saber.

Para ella era lo mismo un papel escrito o una hoja en blanco. Cada vez que tenía algún trámite lo más recurrente era la huella digital. Entre adversidad y adversidad Sandra María conoció a otro hombre con quien tuvo entre otros hijos también a Damiao.

Con los años volvió a quedar sola y a esa altura, cuando Damiao le expresó su deseo de ayudarla, ya había perdido a cuatro de sus siete hijos en diferentes circunstancias dolorosas.

Según cifras publicadas por Unesco en setiembre de 2016, en el mundo hay 758 millones de adultos que no saben leer ni escribir, de los cuales, reproduce BBC Mundo, más de 30 millones viven en América Latina y casi 13 millones residen en Brasil (el país de Sandra), convirtiéndose en uno de los países de la región con mayor índice de analfabetismo.

Cuando lo aprendí, sentí que tenía otra identidad. Yo no podía escribir mi nombre. Ahora, puedo escribirlo y ya no me produce más vergüenza”, dijo.

Fue Damiao quien la ayudó en ello, pues desde hace tiempo su hijo le pedía que la ayudara con los libros, pero ella no sabía, los tomaba y poco a poco iba teniendo más curiosidad para aprender.

En una oportunidad Damiao le dijo que la “E” era lo mismo que una “I”, pero cerrada y sin punto. O que la “H” se convertía en una silla o que la “R” era lo mismo que la “B” pero con la panza abierta. Él le comenzó a enseñar las letras de su nombre. Y así ella lo aprendió a escribir, destaca BBC Mundo.

Pero además de su nombre, poder escribir la palabra “madre” fue otra de sus conquistas. Y cuando pudo firmar por primera vez como responsable de su hijo se llenó de felicidad, cuenta.

Los años siguieron y en 2016 madre e hijo leyeron más de 100 libros juntos. Y la perseverancia ha tenido sus frutos, incluso de boca del propio Damiao.

Es la historia mía y de mi mamá. Yo le estoy enseñando una cosa y ella me enseña otra. Cuando era pequeño, ella me cuidaba y yo la cuidaba también. Ella me daba un abrazo y yo le devolvía dos. Fue así que comenzamos a querernos”, recordó.

En el hemisferio sur por estos días comienzan las clases en varios países y con ello una nueva esperanza contra este flagelo que golpea a los sectores más vulnerables de la sociedad. Pero al mismo tiempo, el caso de Sandra María también deja de manifiesto que nunca es tarde para empezar a aprender y nunca es tarde soñar.

Aunque tal vez mejor reflexión para este caso se puede apreciar en la propia pared de su casa donde hay inscripta una leyenda, escrita entre los dos, que reza: “Pequeño rincón de felicidad, donde está Dios nada faltará”.

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