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El planeta Nibiru y el fin del mundo del próximo 16 de febrero: ¿otra vez?

Anuncios catastrofistas sobre el impacto de un falso planeta se hacen virales en Internet

El planeta Nibiru y el fin del mundo del próximo 16 de febrero: ¿otra vez?

Shutterstock / Igor Zh

“¿Qué había previsto hacer el próximo 16 de febrero? Tal vez debería revisar sus planes si hace caso a una nueva teoría del complot que circula actualmente en Internet”, leíamos hace unos días en el portal web de TVA Nouvelles, cadena de televisión nacional canadiense que emite en francés.

Una vez más, las noticias y las redes sociales mezclan elementos ciertos y falsos, datos de la astronomía con invenciones de la astrología, informaciones científicas con presagios catastróficos… Una vez más, la agencia espacial de los Estados Unidos, la NASA, aparece citada para infundir el miedo a la sociedad.

Dos versiones: en octubre y en febrero

En 2016 salió publicado el libro Planet X. The 2017 Arrival (Planeta X. La llegada en 2017). Su autor, David Meade (cuya biografía señala que ha estudiado algunas asignaturas como astronomía en una universidad norteamericana), afirma que una serie de astros impulsado por una estrella a la que considera “un gemelo binario de nuestro Sol” se acercan al planeta Tierra e impactarán en octubre de 2017. Asegura presentar pruebas científicas y para explicar la ausencia de detección de tal estrella por nuestra parte alude al “ángulo oblicuo” con el que se aproxima “hacia nuestro Polo Sur”.

La obra ha sido muy criticada porque, según explican los lectores, Meade parte de datos astronómicos ciertos, y por ello en su inicio “se centra en los hechos, la ciencia y la evidencia”, pero muy pronto “toma un rumbo religioso y más de la tercera parte del libro está basada en visiones y sueños, que al final son ‘hechos’ porque Dios lo dijo en la Biblia”. No es extraño que el autor se presente como alguien obsesionado por concordar Biblia y ciencia, pero de una manera que no respeta en su verdad ni a la una ni a la otra.

Sin embargo, por Internet han corrido como la pólvora otras informaciones que adelantan el supuesto “fin del mundo” al mes de febrero, y a una fecha muy concreta: el jueves 16. Como suele suceder, la noticia se basa en un dato cierto: el año pasado la NASA descubrió un objeto de medio kilómetro de diámetro atravesando el espacio a gran velocidad en dirección a la Tierra, llamado “WF9”. Pero los catastrofistas no repararon en la segunda parte de la información de los astrónomos: el objeto en cuestión pasará a unos 52 millones de kilómetros de nuestro planeta.

Ha sido el astrónomo ruso Dyomin Damir Zakharovich quien ha relacionado el paso de WF9 con una catástrofe planetaria. Sus palabras no pueden ser más explícitas: “el objeto que llaman WF9 dejó el sistema Nibiru en octubre, cuando Nibiru comenzó a girar en sentido contrario a las agujas del reloj alrededor del sol. Desde entonces, la NASA ha sabido que golpeará la Tierra. Si esto pasa, la Tierra podría destruir ciudades o provocar un mega tsunami. Todos estamos en peligro”.

Nibiru o “planeta X”

Todo el mundo sabe que los anuncios de finales catastróficos de la humanidad basados en hipótesis astronómicas –y astrológicas– no son ninguna novedad. Ni siquiera los que ponen un nombre a la presunta amenaza: Nibiru o el misterioso “planeta X”.

Nibiru –hay que aclararlo antes de decir nada más– no existe. La NASA ya ha tenido que desmentir su realidad en más de una ocasión, señalando claramente que “Nibiru y otras historias sobre planetas rebeldes son un engaño de Internet”. Sería, según sus defensores, el noveno planeta del Sistema Solar, de color azul y diez veces mayor que la Tierra. Y tendría que haber impactado en varias fechas recientes, cosa que no ha hecho.

Los amigos de buscar conspiraciones en las que intervenga el elemento espacial han atribuido a Nibiru y a su gran influencia gravitatoria diversas catástrofes naturales que nos han afectado en las dos últimas décadas. La NASA, sin embargo, explica con la paciencia del maestro que “si Nibiru o el Planeta X fueran reales y se dirigieran a un encuentro con la Tierra los astrónomos lo estarían siguiendo por lo menos durante la última década, y ahora sería visible a simple vista”.

Conspiraciones gubernamentales y extraterrestres

Como es lógico, uno puede encontrarse muchas versiones de todo esto. En algunos medios sensacionalistas se afirma que “los gobiernos de todo el mundo se están preparando secretamente para el inminente desastre”, lo que alimenta todo tipo de teoría conspiranoica de gobiernos en la sombra o incluso exo-gobernanza mundial (por parte de extraterrestres, sobre todo).

Y lo de los alienígenas no es una exageración. De hecho, si retrocedemos en el tiempo para ver de dónde ha surgido la invención del planeta Nibiru –y sin llegar a los orígenes babilónicos que sus defensores le atribuyen–, nos encontramos con una figura peculiar: la norteamericana Nancy Lieder, fundadora de la comunidad Zeta Talk.

Esta señora asegura haber sido contactada por extraterrestres cuando era sólo una niña, y desde entonces se comunica con ellos. Los Zetas, que así se llaman esos visitantes espaciales, implantaron un dispositivo en su cerebro, gracias al cual en los años 90 Lieder se enteró de que el denominado “Planeta X” chocaría contra la Tierra… en el año 2003.

A la emisaria de los Zetas siguió un popular escritor de la órbita de literatura de misterio y de lo paranormal, Zecharia Sitchin (1920-2010), conocido por sus teorías sobre el origen extraterrestre de la humanidad. Este autor afirmaba que la cultura sumeria fue creada por los alienígenas conocidos como anunnaki o nefilim, que vivirían precisamente… ¡en el desconocido planeta Nibiru!

Ciencia, confianza y “posverdad”

En torno al denominado “apocalipsis maya” del año 2012 se multiplicaron los anuncios de una catástrofe planetaria final, que ya habría predicho esta civilización precolombina. Llegó el 21 de diciembre, la fecha fatídica, y no pasó nada. En los años posteriores se han ido repitiendo anuncios y presagios, y nada. Sin ir más lejos, para el año 2016 se predijeron sucesos como la colisión de un asteroide contra la Tierra (el 16 de mayo) o la inversión de los polos terrestres (el 29 de julio). Según explican los científicos, la última vez que un astro impactó nuestro Planeta fue hace 65 millones de años, en la Península de Yucatán… sí, el famoso causante de la desaparición de los dinosaurios.

En algunos medios hemos llegado a leer cosas como la siguiente: “aunque la NASA nos parece, sin duda alguna, una fuente más reconocida y confiable, no podremos saber quién dice la verdad, hasta que el asteroide no se acerque a (o choque con) la Tierra”. Dejando así abiertas ambas posibilidades, moviéndose en el ámbito de una morbosa ambigüedad y jugando con el miedo de los lectores, en una alarmante falta de ética profesional. Quizás la frontera entre ciencia y pseudociencia se haya borrado en el mundo de la “posverdad”.

Para más información:

– Luis Santamaría, “La NASA y el fin del mundo”, InfoCatólica, 23/03/12.

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