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El guardia municipal de San Paulo que acoge a personas sin techo y drogadictos en su propia casa

Arquivo pessoal/Marcos de Moraes
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Un ejemplo concreto del célebre consejo de Madre Teresa de Calcuta: el consejo de la gota limpia

Marcos de Moraes tiene 51 años y es miembro de la Guardia Civil Metropolitana de San Paulo desde hace ocho años. Mientras que su trabajo lo lleva a patrullar las calles del centro de la metrópolis brasileña para velar por la seguridad pública, su compromiso personal como ciudadano lo lleva a transformar su propia casa en centro de acogida y recuperación a consumidores de crack y personas sin techo. Ya sobrepasan las 50 personas beneficiadas por el impresionante esfuerzo voluntario del guardia municipal.

Además de acogida y ayuda para que sus “huéspedes” comiencen a reconstruir su vida, Marcos se empeña personalmente en reconstruir la vida familiar de esas personas a quien rescata, haciendo investigaciones y búsquedas para encontrar a sus parientes.

El trabajo voluntario, sin embargo, convive cotidianamente con las críticas y prejuicios de personas que acusan a los rescatados de “no merecer la oportunidad”, ya que, según un punto de vista bastante difundido, los sin techo y los drogadictos sólo están en la calle “porque quieren”. A pesar de la negatividad, Marcos sigue adelante.

Él piensa montar una ONG un día, orientada a recuperar y reintegrar en la sociedad a un número cada vez mayor de personas que hoy deambulan sin horizonte por las calles de la ciudad o intentan aguantar la falta de sentido de su propia existencia recurriendo, ilusoriamente, al consumo devastador de crack.

Mientras que el sueño de la ONG no se concretice, el guardia no se queda quieto. Y evoca el cliché “¿Estás con penita? ¡Llévatela a casa!”, Marcos responde con determinación y coherencia: “Me la llevo para casa realmente (…) Cuando tomo un caso, voy hasta el final”.

Las críticas, sin embargo, son sólo una parte de la realidad de Marcos, que está compuesta de muchas actitudes propositivas y constructivas: él cuenta con la solidaridad de varias personas que lo ayudan a financiar los costos de este complejo trabajo de voluntariado, además de recibir apoyo del propio comandante de la Guardia Civil Metropolitana que, cuando es necesario, le cede un coche y una computadora para búsquedas específicas. La esposa Karyne, a quien, además, Marcos conoció justamente durante un trabajo de búsqueda en Internet, es patrocinadora constante de la ardua tarea ciudadana del marido.

Algunas de las personas rescatadas por Marcos

Paulo, sin techo que recibió ayuda y pudo volver junto a su familia en Río Grande del Sur:

Felipe, sin techo en San Paulo, recibió ayuda para reencontrar a su madre:

Seu Antonio, ya fallecido, pero gracias a Marcos, pudo vivir sus últimos años finalmente al lado de la familia en Barbosa, SP:

Claudiucir, consumidor de crack, recibió ayuda para reencontrar a su familia después de 25 años deambulando por las calles de San Paulo:

La Madre Teresa y la Gota Limpia

Marcos es un ejemplo concreto y efectivo de un célebre consejo de la Madre Teresa de Calcuta: ser sólo una gota en medio del océano, pero una gota limpia.

En 1979, al volver de Noruega tras el recibimiento del Premio Nobel de la Paz, la Madre Teresa de Calcuta pasó por la humilde casa de las Misioneras de la Caridad en Roma, donde un periodista le hizo una pregunta provocadora:

  • “Madre, usted tiene setenta años. Cuando muera, el mundo será como antes. ¿Qué ha cambiado después de tanto esfuerzo?”.

Madre Teresa le respondió:

  • Mire, yo nunca pensé que podría ayudar a cambiar el mundo. Yo sólo intenté ser una gota de agua limpia en la que pudiera brillar el amor de Dios. ¿Le parece poco?

El periodista no logró responder. En el silencio de la escucha y la emoción que surgió, Madre Teresa retomó la palabra y le dijo al periodista:

  • Intente usted también ser una gota limpia y, así, seremos dos. ¿Usted está casado?
  • Sí, madre.
  • Pídale también a su esposa, y así seremos tres. ¿Tiene hijos?
  • Tres hijos, madre.
  • Pídale a sus tres hijos y así seremos seis.

La lección es muy simple. Para ponerla en práctica, basta voluntad.

Imágenes e información por Best of Web

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