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La poesía es una “pequeña encarnación” que manifiesta la presencia de Dios en el mundo

mariana leme-cc
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Unos versos pueden transformar nuestro modo de ser en el mundo

“Leer poesía nos muestra la belleza de este mundo a través de una nueva mirada”, afirma la postulante dominica Rhonda Miska en un ensayo recientemente publicado por la revista U.S. Catholic.

Miska recuerda las palabras del obispo auxiliar emérito de Green Bay (Wisconsin), Robert Morneau: “Un poema en el bolsillo es como estar acompañados dondequiera que vayamos”.

Miska, quien fue voluntaria con los jesuitas en Nicaragua del 2002 al 2004, subraya que desde los salmos del Antiguo Testamento, la poesía sufí del siglo XIII, hasta los poetas contemporáneos, “por milenios la gente de fe ha utilizado la poesía como un vehículo para reflejar su relación con Dios”.

“Leer poesía como una práctica espiritual, es algo muy diferente a otra clase de lecturas. Muchos de nosotros leemos prácticamente todo el día, todos los días”, dice Miska. Lo hacemos con los textos en el celular, con los correos electrónicos, artículos, ensayos, noticias en el periódico, o nos relajamos leyendo una novela: estamos sumidos en palabras en nuestra edad digital.

Pero la poesía necesita una aproximación muy diferente. “Unos versos de algún poema –escribe en su reflexión la postulante dominica—pueden abrir nuestra percepción y transformar nuestro modo de ser en el mundo”.

Miska, quien es graduada del Boston College School of Theology and Ministry, recupera, en su ensayo, algunos poemas y poetas que le han servido y le siguen sirviendo en los tiempos litúrgicos (por ejemplo, el poema “Anunciación” de Denise Levertov para el tiempo de Adviento); en las estaciones del año (“Primavera”, de Mary Oliver) o en situaciones de la vida (para el cansancio, Miska recuerda el poema de Mary Karr, “La voz de Dios”).

“La poesía –enfatiza Miska—nos conecta con mujeres y hombres de diferentes tiempos, lugares y culturas que también han luchado con las grandes cuestiones de la fe, la duda, la alegría, el dolor, la gratitud y la pérdida así como todas las gloriosas y terribles experiencias del ser humano”.

Y no necesita ser específicamente religiosa o usar lenguaje teológico para alimentar nuestra espiritualidad. Como exclamó el poeta irlandés Seamus Heaney: “Si la poesía y las artes pueden hacer algo… es fortalecer tu vida interior, tu espiritualidad”.

Para quien también es profesora de estudios religiosos en la Universidad de Clarke (en Iowa), los poetas no tiene que nombran a Dios en sus escritos: “la buena poesía habla a la vida íntima, justo al sitio donde Dios mora en cada uno de nosotros”.

En su Manual de Poesía, Mary Oliver describe la poesía como “una fuerza que estimula la vida; porque los poemas no son solo palabras, sino fuego para el frío, una cuerda que baja para auxiliar al que esta hundido, algo tan necesario como un pan en el bolsillo del hambriento”.

Y Miska termina diciendo: “Podemos usar algunos poemas y traerlos en nuestro bolsillo para atravesar los momentos más duros de nuestra vida espiritual, y también de nuestra vida material”. Pues como dijo C. S. Lewis, la poesía es “una pequeña encarnación” que manifiesta la presencia de Dios en el mundo.

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