Sociedad

¿Y si bebemos una taza de café colombiano para brindar por la paz?

Una meta a largo plazo: caficultura sostenible en tiempos de posconflicto

¿Y si bebemos una taza de café colombiano para brindar por la paz?

Carolina Londono Mosquera-CC

No hay como una buena taza de café colombiano para iniciar las mañanas o mantenerse despierto cuando el sueño empieza a hacer de las suyas, dicen algunos, más allá de la buena calidad que ostentan otros países de América Latina en cuanto a esta bebida, como Guatemala, por ejemplo.

Pero detrás de una taza de café colombiano hay miles de familias que ganan su sustento diario gracias a toda la actividad que conlleva transformar este grano para el consumo.

Hace poco en Colombia se desarrolló el Congreso Nacional de Cafeteros y de ahí se desprendió cuál es la visión de futuro. En ese sentido, surgió el testimonio de Juliana Trejos, una joven beneficiaria del programa de educación rural “Escuela Nueva”, proyecto vinculado a esta actividad hace más de 30 años, impulsado por la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), además de ser adaptado y aplicado en Vietnam.

Para algunos, este modelo podría ser replicado en el campo colombiano durante el escenario del posconflicto. Y la propia Juliana fue la encargada de recordar durante el congreso que la juventud campesina está lista para ofrecerle alegría, entusiasmo y capacidad creativa a esa actividad agrícola, reproduce El Colombiano.

Precisamente, esta esperanza es la que abre la ilusión para que la actividad de alguna manera colabore para fortalecer y apalancar los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC.

Las oportunidades para estudiar, de los jóvenes que viven el campo colombiano, son muy pocas y gracias a estos programas es posible facilitar los aspectos de financiación para las familias cuyos bajos ingresos complican el envío de sus hijos a terminar la secundaria o acudir a la universidad.

Además de los aspectos educativos, durante el congreso se exaltaron los avances del programa “Colombia Cafetera Sostenible” .

Una de las pruebas para llevarlo a cabo se realizó en la localidad bajo la égida del Comité de Cafeteros Cesar-Guajira donde unas 600 familias que tuvieron que abandonar sus predios por el conflicto colombiano lograron volver gracias al café. 

Gracias al apoyo de otros países se logró financiar esta idea y muchos de los campos destinados a esta actividad obtuvieron un certificado de agricultura sostenible.

La apuesta es a largo plazo y está prevista de aquí a 2027. “La meta es ambiciosa, pero si hay un país capaz de lograrla es Colombia”, afirmó el gerente Comercial de la FNC, Felipe Robayo, a El Colombiano.

Para ello, se buscará la integración de una estrategia que haga énfasis en los temas socioeconómicos, institucionales y ambientales de la caficultura bajo la constante verificación de las mejores prácticas en los procesos de comercialización.

Jóvenes que trabajan en el campo con alegría y proyectos de sustentabilidad para el cultivo de este grano -además del resurgimiento de palabras como paz, tranquilidad y desarrollo- ya son motivos más que suficientes para tomarse un tiempo y brindar con una buena taza de café colombiano.    

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