Testimonio

Renuncié a las redes sociales en Adviento, esto es lo que sucedió

Lo que una "monja mediática" aprendió de tomarse un descanso de Facebook Y Twitter

“Pero somos monjas de comunicación, ¿cómo vamos a abandonar las redes sociales?”. Hace poco una hermana me hizo esta pregunta retórica después de ver que me había desconectado de mis cuentas de Facebook y Twitter durante la temporada de Adviento.

Pensé sobre la cuestión un poco, no mucho, para ser sincera. Creo que, como caso personal, necesito descansos de las redes sociales para desconectar. Los medios sociales pueden convertirse fácilmente en un usurpador de mi tiempo libre, de mi energía y de mi atención personales.

Sin duda, como Hija de San Pablo, mi vocación para con Dios es la de extender el Evangelio usando los medios de comunicación modernos, pero no estoy llamada por Dios a permitir que estos medios modernos me controlen. Por eso hago pausas. Y con estas pausas, tengo oportunidad de darme cuenta del impacto que los medios tienen en mi vida.

Aquí están algunas de las lecciones que he aprendido durante esta época:

Las redes sociales impiden el silencio: Me sorprendía a mí misma entrando en Facebook y Twitter, incluso después de que empezara el Adviento, de forma mecánica, como si estuviera en piloto automático. Sin darme cuenta empezaba a escribir la URL. Algunos dirán que es un síntoma de una adicción, pero en realidad parece más como algo a lo que me he habituado para eliminar el silencio. Es algo que todos tratamos de hacer, ¿sabéis? Matar el silencio nos ayuda a evitar cosas a las que tenemos que enfrentarnos: sentimientos complicados, dificultades en las relaciones, aburrimiento, etc.

Las redes sociales pueden sobrevivir sin mí: Me busco excusas para permanecer en las redes sociales o para usarlas más de lo que debería. Una excusa que me digo a menudo es que seguramente me perderé algo importante. “¿Qué pasa si alguien tiene un bebé?”, me pregunto, “¿O si otro se casa?”. Por fin he llegado a la conclusión de que las personas que no se molestan en enviarme una tarjeta de Navidad o que no cogen el teléfono para contarme este tipo de cosas es que probablemente no eran amigos íntimos de todas formas. Únicamente porque los contactos sociales se hayan expandido exponencialmente con las redes sociales no significa que ahora tengamos que estar al día de la situación de todos los conocidos con los que nos hemos cruzado.

Los descansos de las redes sociales ayudan a nutrir las relaciones fundamentales: A veces paso tiempo en los medios sociales preocupándome por personas que ni siquiera conozco o con los que hace mucho que perdí el contacto. Y me pregunto: “¿por qué esta persona ha dejado de seguirme?”, o “¿por qué esta persona con la que no he hablado en una década de repente escribe un comentario airado en una de mis publicaciones de Facebook?”. Las redes sociales crean conexiones con personas que no conocemos o con otras que se habrían separado de nuestro círculo cercano de relaciones de no ser por Internet. Puede ser algo bueno, cierto, pero la energía que dedicamos a estas relaciones es también la energía que no dedicamos a las personas que están justo delante de nosotros. Los descansos de las redes nos ayudan a reexaminar nuestras prioridades, en especial en lo referente a la relación más importante: Jesús.

Y así llego al mayor cambio que he experimentado durante esta pausa de las redes sociales durante el Adviento. Al igual que en todas las formas de penitencia, esta pausa ha abierto más espacio en mi vida.

Siempre me he percatado de que cuando escojo una penitencia para el Adviento o la Cuaresma, se deslizan otras pequeñas cosas que rellenan el espacio vacío. Y no son necesariamente cosas buenas.

Si dejo el azúcar, empiezo a comer más carbohidratos. Si dejo el café, empiezo a beber más té. Si dejo Facebook y Twitter, me paso más tiempo en Instagram y Reddit. Es algo normal y humano, pero este Adviento he pedido al Señor que me eche una mano para, al menos, darle a Él algo de este espacio recién vaciado. Y creo que me está ayudando. Este Adviento no ha sido perfecto, pero sí está teniendo un carácter más suave y más lento, a pesar del ajetreo de mi vida. Y doy gracias por ello.

¡Ya estoy lista para la Navidad!

Y espero que vosotros también.

 

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