Vatican News

Felicitaciones del Papa a los empleados vaticanos y elogio del trabajo

El Papa quiso agradecer a sus colaboradores por su trabajo en la audiencia a los empleados vaticanos y a sus familiares, que fueron recibidos en el Aula Pablo VI para las felicitaciones de Navidad después del discurso navideño a la Curia Romana en el palacio Apostólico. Garantizó que en el Vaticano no hay sitio para el trabajo «en negro» ni para subterfugios, y exhortó a rezar por quienes no tienen trabajo.

«Antes que nada, quiero agradecer con ustedes al Señor por todos sus dones», comenzó Francisco, «porque es vierto que en estos días se piensa en los regalos de Navidad, pero en realidad quien hace el verdadero regalo es Él, Nuestro Padre, que nos dona a Jesús. Y nuestros regalos, esta bella tradición de intercambiar regalos, debería expresar justamente esto: un reflejo del único don que es su Hijo hecho hombre y nacido de la Virgen María». Recibió al Papa el cardenal Giuseppe Bertello, presidente del Gobernatorado.

«Y hoy —dijo— queremos agradecer a Dios ante todo por el don del trabajo. El trabajo es importantísimo, tanto para la misma persona que trabaja, como para su familia. Y, mientras agradecemos, oremos por las personas y sus familias que – en Italia y en todo el mundo – no tienen trabajo, o que, tantas veces, tienen trabajos no dignos, mal pagados, dañinos para la salud… Siempre tenemos que agradecer a Dios por el trabajo. Y debemos comprometernos, cada uno con su propia responsabilidad, en hacer que el trabajo sea digno, que respete a la persona y a la familia, que sea justo. Y aquí en el Vaticano tenemos un motivo más para hacerlo, tenemos el Evangelio y debemos seguir las directrices de la Doctrina social de la Iglesia. Aquí en el Vaticano yo no quiero trabajos que no estén en esta senda. Nada de trabajo en negro, nada de subterfugios».

En este contexto, el Papa Francisco quiso expresar su gratitud personal a todos y a cada uno de los que trabajan en el Vaticano: «Por mi parte, hoy quiero agradecerles por su trabajo. Agradezco a cada uno de ustedes, a cada uno, por el empeño que pone cada día en el desarrollo de su trabajo, intentando hacerlo bien, aunque a veces no se sienta bien o tenga preocupaciones familiares… Una cosa linda del Vaticano es que, al ser una realidad muy pequeña, se logra percibir en su conjunto, con las diversas tareas que forman el conjunto, y cada una es importante».

«Este año que hemos vivido ha sido un año especial: ha sido el Año Santo de la Misericordia». El Papa destacó que la Navidad nos recuerda la gracia del Jubileo vivido juntos y la misericordia derramada por el Señor, gracia que no terminó con el Año Santo: «¡No—exclamó! Esta gracia está dentro de nosotros, para que la hagamos fructificar en la vida de cada día, tanto en familia, como en el trabajo, por doquier. La Navidad nos la recuerda: ‘La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña… a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad’, así dice San Pablo. La ‘gracia de Dios’ ‘se ha manifestado’ en Jesús, Él es el Amor de Dios encarnado, por obra del Espíritu Santo. Y este mismo Espíritu lo hemos recibido todos en el Bautismo y en la Confirmación; pero debemos invocarlo cada día, despertar la acción del Espíritu en nosotros, para vivir en este mundo – también este pequeño mundo del Vaticano – ‘con sobriedad, justicia y paz’».

Antes de su bendición e invocando para todos el amparo de la Virgen María, el Papa reiteró su agradecimiento y pidió llevar su saludo especial a los niños y  a los ancianos, con una oración también por los enfermos.

 

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