Aleteia

Fueron a llevar felicidad en Navidad y los que salieron regalados fueron ellos

Ayacucho Corazón
Comparte
Comenta

“Ayacucho Corazón”, una campaña navideña peruana recargada de ternura

Llegaron para dar, pero recibieron mucho más. Sonrisas, abrazos. Esos niños no paraban de regalarles su ternura. La idea era llevarles alegría y resulta que ellos, los niños les dieron paz.

Desde 2013 los voluntarios de “Ayacucho corazón” no dejan de soñar. Con una meta trazada al empezar cada año, logran unir voluntades para conseguir donaciones y convertir esos sueños en realidades. Hasta el momento han ayudado a 400 niños, 300 adultos mayores y 120 religiosas.

¿Se puede visitar a Ayacucho sin dejar el corazón? Mariella Tuccio llegó a la ciudad y no pudo dejar de involucrar su corazón. Detrás de cada sonrisa que le regalaban los niños y niñas se escondía una historia difícil. A Mariella le diagnosticaron cáncer, ella no ha encontrado mejor terapia que llevar esperanza.

 “¡Ayacucho nos robó el corazón!”

Cuando Mariella, Liz y tres amigas más llegaron a tierras ayacuchanas encontraron afecto, hospitalidad, dulzura y paz.

¿Se puede encontrar paz, en medio de tanta carencia y necesidad? Era nuestro primer viaje, recuerda Mariella, promotora del grupo de voluntarios, junto a Liz Gonzales.

Ayacucho, o también conocido como “el rincón de los muertos”, es una región que, pese a los años de dolor, vividos por la violencia terrorista por más de una década, mantienen firme su fe y confianza en un futuro mejor.

Visitaron los auspicios, hospitales, orfanatos y monasterios, de la mano de Salvador Piñeiro, arzobispo de la ciudad. “Éramos sólo unos peregrinos. Andábamos de visita en el lugar. No era mucho lo que podíamos dar”.

Esa Navidad conseguimos llevarles telas, para sus sábanas a 80 niños (entre 15 días de nacidos y 18 años de edad ) del Puericultorio “Juan Vivanco Amorin”, ubicado en la ciudad de Huamanga, capital de la provincia de Ayacucho. Prosigue Tuccio.

Las donaciones superaron las expectativas de estos voluntarios, entonces lograron compartir también con la casa hogar “Juan Pablo II”, en Huanta. A veces les tocaba cargar, envolver, subir, bajar. Todo lo valía. “Nuestros corazones aguardaban por esas caritas llenas de ilusión al recibir lo que lográbamos juntar”, comenta para Aleteia, Mariella, mientras terminaba de recibir una de sus quimios, que esta vez afrontaba con el corazón recargado.

Nunca faltaban las donaciones

“Jamás imaginé que esta iniciativa pudiera movilizar a más personas sin siquiera pedírselos”. Y es que sin conocerme, en un restaurante ya en Lima, me sorprendieron al regalarme una infinidad de cuentos, armables y formatos divertidos. “Recíbelos es para Ayacucho: Corazón”, me decían. Así todo se iba armando: habría una segunda Navidad en Ayacucho.

No sólo las donaciones iban creciendo sino también las voluntades. Los “Peregrinos” (como los bautizó Piñeiro) aumentaban cada año. Para el 2016 ya sumaban 16 los corazones que surcaban los andes en busca de dar.

Cada vez recibían para dar más. La meta del 2014 era 80 toallas para niños, lograron esa cantidad para cada uno de ellos. Compartieron también alegría en el Comedor Parroquial “San Francisco de Paula”. Y lo más importante asistimos a los ancianos del Asilo “Padre Saturnino López Novoa”. Ese año como el anterior tuvieron algo para darles a nuestras hermanas del Monasterio Santa Clara de Asís.

Dar siempre es mejor que recibir

Tejedoras voluntarias colaboraron con la iniciativa en 2015. Chicas de la peluquería tejiendo, secretarias en horas de refrigerio; todos ponían el hombro desde Lima. “Ayacucho Corazón”, espera los “gorritos” continuaban entusiasmadas. Llevar mil gorritos tejidos a mano fue el reto que alcanzaron en 2015. Visitaron las zonas más alejadas, también a los niños del Puericultorio y a los adultos mayores.

Procuraba pensar no sentirse enferma. Y así se mantuvo. Parecía que esta vez no podría viajar, sin embargo, en esos días visitaron Huanta, Vilcashuaman y Vishongo. Llevaron juguetes, ropa (en buen estado), medicinas. Fue grandioso: recibieron la donación de 40 colchones y mil pañales. Lograron asistir a los integrantes del asilo de la ciudad.

Las madres canonesas de la Cruz, quienes cuidan a los niños en el Puericultorio, esperaban pijamas y dos computadoras para esta Navidad. Esa era la meta. Y la superaron.

“Enamorados de Ayacucho. Así quedamos todos, siempre con ganas de regresar el siguiente año”. El grupo tiene nuevas metas y formas de ayudar. Han pensado organizar un equipo de médicos que puedan asistir en salud a los más vulnerables. Ente tanto Mariella Tuccio continuará dando la batalla al linfoma de Hopkins, que intenta arrancarle la vida. Ayacucho los espera para regalarles su valiosa sonrisa.

 

Fotos gentileza Ayacucho Corazón

 

 

Newsletter
Recibe Aleteia cada día