Religión

La sangre de Cristo cayó al suelo, ¿qué hago?

Una duda de un lector ante un accidente en la comunión

La sangre de Cristo cayó al suelo, ¿qué hago?

© Public Domain

Un saludo cordial, tengo una situación de confusión, falta de claridad ante un asunto que a mí parecer es gravísimo: En mi parroquia siempre se distribuye la comunión en pan y vino, se coloca el diácono y a los lados dos personas que llevan la luz y el cáliz con la patena mientras el sacerdote reparte la hostia. 

En varias oportunidades ha ocurrido que cae una gota o dos gotas de la preciosa sangre de Jesus al piso (por accidente, claro está) y el sacerdote no hace nada, ni el diácono, y peor aún: la gota se queda ahí en el piso, después la pisan, etc, en fin.

Yo como siempre me siento delante logro percatarme de eso, y lo que hago es, que como ninguno de los dos consagrados hace nada, agarro una pequeña servilleta, limpio muy bien la gota del piso con mucha reverencia y sin tocar la sangre, se la acerco al sacerdote y realmente, no puedo hacer más nada, por qué no me la voy a llevar a ningún lado. 

No sé qué hacer, estoy muy confundido, se que es un accidente pero me aterroriza saber que la preciosa sangre cae en el suelo, así solo sea una gota, esa gota es de la sangre de Jesus y podría salvar al mundo entero. Ayuda, por favor (Pregunta desde Facebook)

Respuesta: Si bien es verdad que en la actualidad se ha ampliado la posibilidad de dar a los fieles la comunión bajo las dos especies –pan y vino-, no llega a permitir que se haga de modo habitual. ¿Por qué? Pues precisamente para evitar que ocurra lo que usted menciona. En cualquier caso, debería hacerse con una bandeja o algo parecido que recoja las gotas que accidentalmente hayan podido caer. Si no se es cuidadoso con esto, no es de extrañar que tampoco se ponga cuidado en recoger bien esas gotas que hayan caído. Sí, ya sé, al igual que usted,  que la fe pide poner más cuidado, pero habrá que afrontar la realidad tal como se presenta.

¿Qué puede hacer? Lo que ha hecho es correcto. Supongamos que el sacerdote acepta y trata con respeto la servilleta que le presenta. Pues ha hecho lo que debía. Si no lo hace así, lo tendrá que resolver usted. Dependerá de qué entendemos aquí por “servilleta”. Si es de papel, guárdela con sumo cuidado, y, en cuanto pueda, quémela en un lugar digno, o sobre tierra. Si es de trapo, purifíquela en su casa. Eso se hace preparando un pequeño recipiente con agua limpia, pasando por ella la servilleta hasta que no quede mancha alguna, y después derramando el agua del recipiente sobre tierra (por tierra se entiende “tierra viva”, donde crezca alguna planta).

Y quédese tranquilo. Cuando uno hace lo que puede con fe y amor, el Señor tiene que estar contento. Él se expone a este tipo de cosas, y a otras peores, por amor a los que ha salvado con su Sangre.  Y usted, con esa preocupación, demuestra que tiene fe en Él y le quiere con obras.

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