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Disfrazado de superhéroe, médico atiende a niños con leucemia

Facebook Sergio Gallegos
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Fortalecido en Dios, el doctor Gallegos encuentra la inspiración necesaria para generar en sus pacientes confianza en el tratamiento

Pediatra, oncólogo y responsable de la Clínica de Leucemia “Dr. Juan I. Menchaca”, Sergio Gallegos Castorena es un hombre de gran fe, quien se fortalece e inspira diariamente en Dios; al llegar a este hospital de Guadalajara, viste ropa de civil y bata blanca como cualquier otro médico, pero sólo para cumplir con sus labores administrativas, ya que enseguida se disfraza de superhéroe. “Mientras me disfrazo —comenta a Desde la fe— medito en que tengo que hacer mi trabajo con todo el amor y pasión que pueda ser capaz, encarnar los valores y la energía de mi personaje. Este mes que fui Capitán América, así que tuve que aprender una de sus frases: ‘No pidas retos a la altura de tus fuerzas, pide fuerzas a la altura de tus retos’; y eso pedí a Dios a la hora de caracterizarme”.

El doctor Sergio Gallegos dijo que cuando tenía 17 años de edad sufrió el cáncer en carne propia; sus padres, al no encontrar el tratamiento adecuado en Guadalajara, su ciudad de origen, tuvieron que llevarlo a Estados Unidos, donde pudo recuperar totalmente la salud. Desde entonces, decidió que dedicaría el resto de su vida a trabajar por la salud de los niños mexicanos que padecen este tipo de cáncer.

“Regresé a mi país y me fijé dos misiones en la vida —comentó—: vivir cada día agradeciendo a Dios por la oportunidad que me dio de vivir, y convertirme en un médico de excelencia especializado en cáncer infantil, para que otros niños no se vieran en la necesidad de ir a tratarse a otra nación. Con esta meta en mente, cuando cursaba mi primer semestre de Medicina, me dedicaba a entretener, bajo un disfraz de payaso, a niños hospitalizados por esta enfermedad; esto me hacía recordar mis tiempos en el hospital, cuando me iban a visitar voluntarios disfrazados de igual forma, que me hacían olvidarme de mi padecimiento”.

Es por esto que el doctor Gallegos no sólo se ocupa del tratamientos de los niños, sino que los conduce a sentir el amor que Dios les tiene, para que se motiven y tengan la confianza de que con el tratamiento podrán salir adelante. “Al tratar con niños enfermos de leucemia, sé de antemano que es un paquete pesado, por el compromiso que hay que asumir; eso me obliga a hacer todo lo posible para que un niño no se vaya de este mundo antes que sus padres. Yo no compro esa idea de no involucrarme para que no me duela; es imposible no hacerlo; con la forma en que trabajo, me abro a ellos y genero una relación estrecha. El que no libren la enfermedad siempre será para mí doloroso. Lo bueno es que la mayoría sanan”.

Afirmó que le alienta mucho ver los mensajes que dejan sus pacientes. “Un día descubrí la carta de una niña pegada en el escudo del Capitán América que aparecía en un póster colocado en la pared del consultorio, en esa carta ella le pedía a Dios que me cuidara; la he leído y releído para tomar ánimos y dar lo mejor a mis pacientes. A diario reviso la lista y veo qué hay de especial en cada pequeño que atenderé, para lograr una consulta personalizada; así, si un paciente me pide que me disfrace de su personaje favorito, lo hago con mucho gusto, porque sé que eso influye mucho en su estado de ánimo y en su recuperación. Cuando me llegan a ver vestido de civil, sufro su reclamo, me cuestionan si me pasa algo, se preocupan”.

Dijo sentir una gran satisfacción cuando los niños corren a abrazarlo o cuando se disfrazan como él; frecuentemente le preguntan qué personaje tendrá en su próxima visita, para caracterizarse de igual forma; “es gratificante ver la alegría y el gusto con el que se presentan a su consulta o tratamiento”.

Finalmente, el doctor Gallegos comentó que cada caso es especial, por la naturaleza de la enfermedad, que obliga a muchos pequeños a un seguimiento largo; muchas veces la leucemia regresa cuando parecía que todo iba bien. “Volverlos a ver en estas circunstancias me resulta tremendamente doloroso, pues no es que esté en riesgo de morir un niño o una niña; se puede ir Quique, Mariana, Judith. Todos tienen nombre, todos tienen cara, hay vivencias con ellos; se hacen parte de ti. He aprendido que cuando el proceso no va bien, cuando un niño entra en fase paliativa, y uno se entrega plenamente, los acompaña, los ayuda a despedirse, a partir lo más dignamente posible, queda la satisfacción y la tranquilidad por haber hecho lo correcto”.

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