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El Papa a los seminaristas: sean hombres de relación, con la mirada de Jesús

«Ser un hombre de relación»: quienes se preparan para convertirse en sacerdotes deben tomar esta decisión en su corazón. Lo subrayó Papa Francisco en el discurso que entregó a la Comunidad del Pontificio Seminario Regional de Apulia Pío XI, más de 300 personas, que fueron recibidas en la Sala Clementina. «El santo pueblo de Dios cansa —advirtió Bergoglio—, pero cómo es bello encontrar a un sacerdote que al final del día está cansado, y no necesita pastillas para dormir».

Francisco pidió a los que se preparan para convertirse en sacerdotes que tengan cuidado con el peligro del narcisismo y también que no excluyan a nadie. «El primer obstáculo —observó Francisco—que hay que superar es el narcisismo. Es la tentación más peligrosa. No todo comienza y acaba conmigo, puedo y debo ver más allá de mí mismo, hasta darme cuenta de la belleza y de la profundidad del misterio que me rodea, de mi vida que me supera, de la fe en Dios que sostiene cada cosa y a cada persona, también a mí».

Entonces, no hay que temer perder algo de nosotros. Sin cuidarse del narcisismo, «ningún camino vocacional es verdaderamente posible». Pertenecer también significa «saber entrar en relación». Papa Francisco por ello pidió a los futuros sacerdotes que se prepararan a ser hombres de relación y recomendó que fuera esta la primera meta de su formación. Mientras se va acercando la ordenación, hay que verificar su la propia capacidad para relacionarse está creciendo, porque la construcción de la comunidad que un día guiarán los sacerdotes «comienza en la vida de todos los días en el seminario».

«No se sientan diferentes de sus coetáneos —advirtió Francisco—, no piensen que son mejores que los demás jóvenes, aprendan a estar con todos, no tengan miedo de ensuciarse las manos. Si mañana ustedes serán sacerdotes que viven en medio del pueblo santo de Dios, hoy comiencen a ser jóvenes que saben estar con todos, que saben aprender algo de cada persona con la que se encuentran, con humildad e inteligencia. Y, como base de todas sus relaciones esté siempre su relación con Cristo: cuanto más lo conozcan y lo escuchen, más se unirán a Él en la confianza y en el amor, hagan que su amor sea el de ustedes, pónganlo en sus relaciones con los demás, sean ‘canales’ de su amor, mediante su madurez relacional. El lugar en el que crece la relación con Cristo es la oración y el fruto maduro de la oración es siempre la caridad».
 

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