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El Papa: para los sacerdotes la rigidez y la mundanidad son un desastre

Los sacerdotes deben ser mediadores del amor de Dios, no intermediarios que solo piensan en sus propios intereses. Es la advertencia que hizo Papa Francisco durante la homilía de la Misa matutina de hoy, 9 de diciembre, en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana. Puso en guardia sobre los «rígidos» que llenan de pesos a los fieles y ellos no los cargan. Denunció además la tentación de la mundanidad que transforma al sacerdote en funcionario y lo vuelve «ridículo». La rigidez, subrayó el obispo de Roma, «no se puede mantener mucho tiempo, totalmente. Es fundamentalmente esquizofrénica. Acabarás pareciendo rígido pero dentro serás un desastre». Y también indicó que hay que tener cuidado con la mundanidad: «Un sacerdote mundano, rígido, es un insatisfecho porque ha tomado la vía equivocada». Un buen pastor sabe «jugar con los niños».

Papa Bergoglio se inspiró en las palabras con las que Cristo, en el Evangelio de hoy, muestra la insatisfacción constante del pueblo. las personas son como los niños a los que se ofrece algo que no les gusta, se les ofrece lo contrario y tampoco les agrada. De la misma manera en el tercer milenio «hay cristianos insatisfechos (muchos) que no logran comprender qué nos ha enseñado el Señor, no logran comprender la esencia de la revelación del Evangelio».

Por ello el Papa reflexionó sobre los sacerdotes «insatisfechos», que «hacen tanto daño». Pasan el tiempo sin estar contentos, buscando constantemente nuevos proyectos o iniciativas «porque su corazón está lejos de la lógica de Jesús», por ello «se quejan o viven tristes».

La lógica del Hijo de Dios, por el contrario, debería llevar a la «plena satisfacción» a un sacerdote. Se trata de la «lógica del mediador», indicó el Papa. «Jesús —explicó— es el mediador entre Dios y nosotros. Y nosotros debemos tomar este camino de mediadores, no la otra figura que se parece mucho pero que no es la misma: intermediarios». Este último, de hecho, «hace su trabajo y cobra su paga, nunca pierde».

Al contrario, «el mediador se pierde a sí mismo para unir las partes, da la vida, sí mismo. Ese es el precio: la propia vida, paga con la propia vida, con el propio cansancio, el propio trabajo, muchas cosas, pero (en este caso el párroco) para unir al rebaño, para unir a la gente y llevarla hacia Jesús. La lógica de Jesús como mediador es la lógica de aniquilarse a sí mismo».

El auténtico sacerdote es «un mediador que está muy cerca de su pueblo», mientras que el intermediario cumple con el propio trabajo pero luego toma otro trabajo, «siempre como funcionario», porque «no sabe qué significa ensuciarse las manos» en las llagas de la realidad. Es por ello que cuando el «sacerdote cambia de mediador a intermediario no es feliz, está triste». Y se la pasa buscando un poco de felicidad en la visibilidad, «haciendo sentir la autoridad».

El Papa sostuvo que Jesús le decía a los intermediarios de su época que «les gustaba pasear por las plazas» para que los vieran y atraer la atención, honores y elogios.

Además, «para hacerse importantes —advirtió Francisco—, los sacerdotes intermediarios toman el camino de la rigidez: muchas veces, alejados de la gente, no saben qué es el dolor humano; pierden lo que habían aprendido en sus casas, con el trabajo del papá, de la mamá, del abuelo, de la abuela, de los hermanos… Pierden estas cosas». Son «rígidos —insistió—, esos rígidos que cargan a los fieles con muchas cosas que ellos no cargan, como le decía Jesús a los intermediarios de su tiempo. La rigidez. Chicote en mano con el pueblo de Dios: “Esto no se puede, esto no se puede…”». Y así, «mucha gente que se acerca buscando un poco de consuelo, un poco de comprensión, es expulsada con esta rigidez».

Pero la rigidez «no se puede mantener mucho tiempo, totalmente. Fundamentalmente es esquizofrénica. Acabarás pareciendo rígido, pero dentro serás un desastre».

Y lo mismo sucede con la mundanidad: «Un sacerdote mundano, rígido, es un insatisfecho, porque ha tomado la vía equivocada». El Papa contó: «Hace tiempo vinos verme un anciano monseñor de la Curia, que trabaja, un hombre normal, un hombre bueno, enamorado de Jesús, y me contó que había ido al Euroclero (tienda que vende ropa y objetos litúrgicos, ndr.) para comprarse un par de camisas, y vio a un joven delante del espejo… él pensaba que no habría tenido más de 25 años, un sacerdote joven o que estaba por serlo… frente al espejo, con una capa grande, larga, con terciopelo, una cadena de plata, y se estaba viendo. Y luego tomó el “saturno” (el sombrero de teja utilizado por los sacerdotes, ndr.), se lo puso y seguía viéndose. Un rígido mundano», dijo el Papa. Y prosiguió la narración: «y ese sacerdote (es sabio aquel monseñor, muy sabio) logró superar el dolor, con una frase de sano humorismo, y le dijo: “¡Y luego se dice que la Iglesia no permite el sacerdocio a las mujeres!”. Así, el oficio que desempeña el sacerdote cuando se vuelve funcionario acaba en el ridículo, siempre».
 
Otra anécdota del Portífice: una vez, una persona le dijo que «sabía reconocer a los sacerdotes según su actitud con los niños: si saben acariciar a un niño, sonreírle a un niño, jugar con un niño… Esto es  interesante, porque significa que saben abajarse, acercarse a las cosas pequeñas».

Al contrario, el sacerdote intermediario «está triste, siempre con esa cara triste o demasiado seria, cara oscura. Tiene la mirada oscura, ¡muy oscura!». En cambio, «el mediador es abierto: la sonrisa, la acogida, la comprensión, las caricias».

Francisco planteó tres imágenes de «sacerdotes mediadores y no intermediarios», tres íconos. Uno es el «gran» san Policarpo de Esmirna, que «no negocia su vocación y va valiente a la pira, y cuando se enciende el fuego a su alrededor, los fieles que estaban ahí sintieron el olor del pan»; de esta manera «acaba un mediador: como un pedazo de pan para sus fieles».

El segundo fue san Francisco Javier, que acabó su joven vida en la playa de San-cián «viendo hacia China» a donde deseaba ir en vano. Y para concluir, san Pablo en las Tres fuentes: «Esa mañana, los soldados fueron por él, lo arrestaron, y el caminaba sin curvarse»; estaba consciente de que lo estaban llevando al martirio, debido a la traición de algunos dentro de su comunidad cristiana, pero él «luchó tanto, tanto, en su vida, que se ofreció al Señor como un sacrificio».
 

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