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El Papa a los artistas: custodien esa belleza que cura a los hombres

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Que los artistas sean «custodios» de la belleza, porque podrá «curar muchas heridas» que marcan el alma de los hombres y de las mujeres de hoy. Es el centro del mensaje que Papa Francisco dirigió a los que participaron en la XXI Sesión Pública de las Pontificias Academias. Un mensaje que leyó el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin hoy por la tarde, en la Sala Vasari del Palacio de la Cancillería de Roma, en donde se llevó a cabo la XXI Sesión Pública de las Pontificias Academias, con el título «Centellas de belleza para un rostro humano de las ciudades»

Según el Pontífice, la tarea «importante y necesaria» de los artistas, en particular si son creyentes, sería: «crear obras de arte que lleven, justamente mediante el lenguaje de la belleza, un signo, una centella de esperanza y de confianza allí a donde las personas parecen rendirse a la indiferencia y a la fealdad». «Arquitectos y pintores, escultores y músicos, cineastas y literatos, fotógrafos y poetas, artistas de cada disciplina —continuó Francisco— están llamados a hace que brille la belleza, sobre todo en donde la oscuridad o el gris domina la cotidianidad; son custodios de la belleza, anunciadores y testigos de esperanza para la humanidad, como han repetido en varias ocasiones mis predecesores. Los invito, por lo tanto, a cuidar la belleza, y la belleza curará muchas heridas que marcan el corazón y el ánimo de los hombres y de las mujeres de nuestros días».

El Papa se refirió a un discurso que pronunció Benedicto XVI en noviembre de 2009, frente a los artistas que estaban reunidos en la Capilla Sixtina: «El momento actual —dijo Ratzinger— está desgraciadamente marcado, además de fenómenos negativos a nivel social y económico, también por una debilitación de la esperanza, de cierta desconfianza en las relaciones humanas, por lo que aumentan los signos de resignación, de agresividad, de desesperación… ¿Qué puede volver a dar entusiasmo y confianza, qué puede impulsar al ánimo humano para que vuelva a encontrar el camino, para que levante la mirada al horizonte, para que sueñe una vida digna de su vocación si no la belleza?»

Y refiriéndose a los proyectos de revitalización de las periferias y de las metrópolis, Bergoglio citó también la obra de Italo Calvino («las ciudades, como los sueños, están construidas con deseos y miedos», escribió Calvino en 1972). «Tal vez —prosiguió el Papa— muchas ciudades en nuestro tiempo, con sus suburbios desoladores, han dejado mucho más espacio a los miedos que a los deseos y a los sueños más bellos de las personas, sobre todo de los jóvenes. En la Encíclica “Laudato si’” subrayé justamente “la relación que hay entre una adecuada educación estética y mantener un ambiente sano” ,afirmando que “prestar atención a la belleza y amarla nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista. Cuando no se aprende a detenerse y a admirar y a apreciar lo bello, no es raro que cada cosa se transforme en objeto para usar y abusar sin escrúpulos”». Por lo demás, reflexionó Francisco, también en las periferias hay «huellas de belleza, de humanidad verdadera, que hay que saber apreciar y valorizar al máximo, que deben ser apoyadas y animadas, desarrolladas y difundidas».

«Por eso, por ejemplo —observó Bergoglio— es necesario que los edificios sacros, empezando por las nuevas iglesias parroquiales, sobre todo las que se encuentran en contextos periféricos y degradados, se propongan, aún en su sencillez y especialidad, como oasis de belleza, de paz, de acogida, favoreciendo verdaderamente el encuentro con Dios y la comunión con los hermanos y hermanas, convirtiéndose de esta manera en punto de referencia para el crecimiento integral de todos los habitantes, para un desarrollo armonioso y solidario de las comunidades».

«Cuidar a las personas, empezando por los más pequeños e indefensos, y preocuparse por sus vínculos cotidianos —concluyó el Pontífice— significa necesariamente cuidar el ambiente en el que viven. Pequeños gestos, simples acciones, pequeñas centellas de belleza y de caridad pueden resanar, remendar un tejido humano, además de urbanístico y ambiental, a menudo lacerado y dividido, convirtiéndose en una concreta alternativa a la indiferencia y al cinismo».
 

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