Estilo de vida

Por qué expresar ternura

Hay miradas, tonos de voz, gestos, palabras que te atraviesan todo el cuerpo como un calambre

Por qué expresar ternura

GettyImages / Thomas Barwick

Hay miradas, tonos de voz, gestos, palabras que te atraviesan todo el cuerpo como un calambre hasta llegar a lo más profundo del corazón. No hablemos ya de las caricias que amparan, expresan unión y confianza, comunican aliento y calor…

La ternura, cuando es auténtica, es un “sí” a la otra persona, es complacencia, inclinación, participación, es una expresión concreta del sufrir y gozar con el otro, explica Federico E. von Gagern en el libro Para esposos, de la editorial Guadalupe.

La forma más primitiva de las caricias es la proximidad corporal. Todos deseamos sentirnos cobijados, desde los recién nacidos y los ancianos más vulnerables hasta las personas más fuertes, y recibir ternura puede ayudarnos a ello.

Si tienes pareja, seguramente has escuchado alguna vez el palpitar de su corazón. Es una experiencia de tranquilidad, sosiego, calor, amparo,… probablemente relacionada con momentos prenatales que no podemos recordar. Una experiencia también de recogimiento, como un oasis de paz en medio de un mundo de estímulos y actividad frenética. Un buen preámbulo a una unión sexual.

La ternura puede servir para mantener viva y acrecentar la intensidad del amor. Pero que sea este amor el que haga nacer la ternura, y no el dominio del yo sobre el tú. Porque la ternura también podría no corresponderse con la verdad interior, y usarse por ejemplo para satisfacer una curiosidad, combatir el aburrimiento, vivir una sensación, conquistar una victoria.

Muchas personas sufren inseguridad y sentimientos de inferioridad por no haber recibido en su infancia un poco de ternura nacida de un amor natural y verdadero. ¡Cuánta hambre de caricias en tantos que no perciben cuánto valen o sufren angustia existencial!

Acariciándonos desde el alma con la piel, la mirada, la palabra,… libramos al yo de su aislamiento, creamos una relación con el tú como con el propio yo que nos conduce al nosotros.

Entonces nos manifestamos nuestro amor mutuo, nos confirmamos el uno al otro con un sí aprobatorio, gozamos con la proximidad y con el contacto personal, nos queremos y hacemos bien, nos regalamos, nos ayudamos, nos hacemos felices.