Espiritualidad

“Inmenso esplendor”: Un recuerdo de mis tiempos de monaguillo

Una foto antigua recuerda a un ex-monaguillo su fe de niño

1947:  Un niño de rodillas en el altar de una catedral de Viena en la postguerra

© Ernst Haas/Getty Images

En cierto modo, la foto me recordó a mi primer servicio como monaguillo.

Estaba en cuarto curso por aquel entonces y mi primera tarea fue la de arrodillarme durante media hora ante el Santísimo Sacramento expuesto en un lateral del altar de nuestra iglesia, un día de Jueves Santo.

Por entonces la liturgia aún no había sido “reformada” y el rito del Jueves Santo tenía lugar durante las horas de luz.

Después de la misa, la hostia fue depositada en una custodia del altar de una capilla lateral, donde las personas acudían a adorarla y a rezar durante todo el día.

Los monaguillos estaban allí para… decoración, supongo. El muro de la capilla era toda una ribera de plantas en flor —lirios, azaleas y muchas otras— y el aire estaba sobrecargado por el olor del incienso y las flores.

Poco entendía yo de qué iba la cosa, pero quedé aturdido por el inmenso esplendor de todo aquello y por la increíble responsabilidad de formar parte de ello.

Supongo que me habré vuelto más sofisticado con respecto a la religión desde entonces, pero dudo que la intensidad de mi fe haya aumentado mucho.