Religión

¿Quién escribió el primer villancico?

La expansión de los villancicos abarca varios siglos y es una mezcla de prácticas religiosas y populares.

Misa de Navidad del Papa el 25 de diciembre de 2012

© ALESSIA GIULIANI / CPP

1. Antes del desarrollo de los villancicos alegres y familiares, se cantaban himnos latinos solemnes y de una teología muy profunda durante las liturgias navideñas.

La costumbre de cantar en Navidad se remonta a las primeras celebraciones conocidas de la Navidad, del siglo IV, pero estos himnos carecían del tono alegre de los villancicos actuales. Uno de los himnos navideños más antiguos es el himno de la Iglesia Latina Veni, Redemptor Gentium (Ven, redentor de la tierra), escrito por san Ambrosio, obispo de Milán (340-397).

Clement A. Miles, autor de la obra clásica Navidad en el Ritual y en la Tradición: Cristiana y pagana (1912), destaca que el himno representa “sólo el aspecto teológico de la Navidad […]; no hay un sentimiento de la pathos humana ni poesía en la escena de Belén”.

Otros himnos de este tipo se incorporan a la liturgia de la Iglesia en Navidad, incluyendo el himno del poeta español Prudentius (384-413), Corde natus ex parentis (Engendrado por el amor del Padre); A Solis Ortus Cardine (Del este al oeste, de una costa a otra), de Coelius Sedulius (d. 450); y Jesu, Redemptor Omnium (Jesús, el redentor del hombre).

Phos Hilaron (Oh Luz gozosa), de la antigua Iglesia griega, se dice que fue escrito en el siglo III o IV. A pesar de no haber sido escrito específicamente para Navidad y de usarse en las Iglesias orientales en Vísperas, el himno antiguo se canta alguna tarde en los servicios de Navidad en las iglesias ortodoxas, católicas, anglicanas y luteranas.

Estos primeros himnos son densos, solemnes y muy teológicos; comunican las doctrinas de la Encarnación y de la Redención, pero no sirven para describir la escena -como hacen los villancicos- de la realidad humana del nacimiento de Cristo, completada con la presencia de los pastores, los coros de los ángeles y la ternura del amor de la Madre hacia el recién nacido.

2. En el siglo XIII, la espiritualidad de san Francisco de Asís, comenzó “el espíritu de los villancicos” que celebraban la sencilla humanidad del nacimiento del Niño Jesús.

Muchos, erróneamente, atribuyeron los primeros villancicos a san Francisco de Asís, que tenía una particular devoción al Niño Jesús, pero no hay villancicos conocidos cuyo autor sea san Francisco. Lo que sí introdujo él fue el belén, la escena navideña. De acuerdo con su biógrafo Tomás de Celano (1200-1265), el santo había querido recrear “el recuerdo del Niño que nació en Belén para ver con los ojos del cuerpo las inconveniencias de su infancia, cómo yacía en el pesebre flanqueado por un buey y un asno”.

Por esta razón muchos atribuyen a san Francisco el “espíritu de la Navidad”, que Clement A. Miles destaca en su texto clásico sobre las tradiciones de la Navidad, sin olvidar “el lado divino de la Natividad, que se deleita en su sencilla humanidad”. Este santo sí escribió Psalmus in Nativitate (Salmo para el día de Navidad), que habla del nacimiento del Niño “que yacía en el pesebre porque no tenía sitio en la posada”. Sin embargo, el primer villancico no se escribiría hasta después de su muerte.

Se dice que los franciscanos que seguían a san Francisco escribieron los primeros “villancicos”, que se diferenciaban de los antiguos himnos cristianos en que se escribían en el idioma del lugar y trataban la escena de la Natividad y al mismo Cristo con una cálida familiaridad. Los versos llaman al Niño Dios “nuestro dulce y pequeño hermano” y usan diminutivos afectivos refiriéndose a Cristo como “muñequito”, “pequeñito” y “Jesusito”. Un verso dice: “Vamos a ver a su niño, que yace en la paja/ Mira sus desnudos brazos abiertos/ lo pone en el pecho/ lo cubre como puede/ le pone la comida en la boquita”. [Veggiamo il suo Bambino, Gammettare ne fieno / E le bracia scoperte/ Porgere ad ella in seno / Ed essa lo ricopre, El meglio che puo almeno/ Mettendoli la poppa / Entro la sua bocchina].

Otro santo, el fundador redentorista Alfonso María de Ligorio (1696-1787), escribió uno de los villancicos más famosos de Italia y más allá: Tu Scendi Dalle Stelle (Tú desciendes de las estrellas). El villancico, que tradicionalmente se canta en Nochebuena en el Vaticano, sigue fielmente el “espíritu navideño” iniciado por san Francisco al describir la escena de la Natividad: “Desde el Cielo desciendes/ vienes oh Rey Glorioso/ un pesebre es tu lecho/ con el frío helador/ Oh, mi querido Niño / tiritando, temblando de frío” [Tu scendi dalle stelle, / O Re del Cielo, / e vieni in una grotta, / al freddo al gelo. / O Bambino mio Divino / Io ti vedo qui a tremar].

John J. Boucher, director asociado para la evangelización de la diócesis estadounidense de Trenton y organizador de un famoso festival de villancicos populares, reflexionó con Aleteia sobre la historia de los villancicos, y destacó que “siempre que ha habido un gran despertar espiritual parece que se hayan escrito mejores villancicos que en épocas anteriores. Normalmente se da un movimiento real del Espíritu Santo en la cultura, y se puede observar que aparecen nuevos villancicos o versiones de algunos antiguos”.

Boucher también explica que la mayoría de los villancicos tienen una “historia mezclada”: las letras se escriben de forma separada de la música, y la unión de las mismas en un villancico “representa la unión de múltiples autores”. La música que se usa para muchos villancicos, señala, se toma de la cultura secular: “Esto refleja el ingenio de la Iglesia católica para tomar lo que está en su cultura, bautizarlo y convertirlo en católico”. La música usada para ¿Qué niño es este?, por ejemplo, se tomó de Greensleeves, que era una canción de bar en Inglaterra.

3. El género del villancico se expandió con el tiempo por toda Europa, y se define vagamente como una canción de sentimiento religioso, escrito a menudo en lengua vernácula, que se acompaña por una melodía secular, popular o informal.

En inglés, la palabra usada para este tipo de música navideña es carol, que viene del antiguo francés carole, una danza circular de orígenes paganos que se remonta al siglo XII. En francés, sin embargo, este género es conocido como Noël, que también es la palabra con la que se designa la Navidad. En italiano, el género se conoce sencillamente como canto di Natale o canto natalizio. En España recibe el nombre de “villancico,” y en portugués vilancete. El “villancico” toma su nombre de un tipo de música popular de la Península Ibérica durante los siglos XV al XVIII. En esa época, los villancicos se escribían para una serie de fiestas como la Inmaculada Concepción, la Ascensión, el Corpus Christi y la Asunción, pero hoy el villancico hace referencia sólo a la Navidad.

En el siglo XIV, varios villancicos, siguiendo la tradición de los italianos escritos por los franciscanos, comenzaron a aparecer en Alemania. Recibían el nombre Weihnachtslied. John Tauler (d. 1361) escribió Es komt ein schif geladen (Un barco llega a toda vela), que es una adaptación de una canción secular. Del mismo siglo es Es is Ros entsprungen, y del XIV, In Dulci Jubilo.

En 1816, el padre Joseph Mohr escribió Stille Nacht! Heilige Nacht (Noche de paz), que fue cantado por primera vez en la Nochebuena de 1818 acompañado por la música compuesta por Franz Gruber. Este villancico es una canción de cuna para recién nacidos que le dice al “Niño santo, tan dulce y suave” que “duerma en paz celestial”. Este villancico es tan apreciado, que es uno de los más cantados en el mundo y ha sido traducido a más de 140 idiomas.

El villancico inglés vivió su edad dorada entre los siglos XV y XVII, como recoge Edith Rickert en Antiguos villancicos ingleses 1400-1700 (Duffield and Company, 1910). Se conocen unos 500 villancicos escritos en ese periodo, la mayoría de los cuales hablan de la Madre de Dios y del niño Jesús. Al principio, se intentaba que los villancicos se parecieran a los antiguos himnos latinos, como el macarrónico Mater salutaris del siglo XIII. Un villancico popular de este periodo es The first Nowell, que apareció como lo conocemos hoy a principios del siglo XIX, pero cuya letra data, posiblemente, de principios del siglo XIII o al menos de mediados del siglo XVI. El villancico trata muchos temas comunes, como el papel de los pastores en la historia de Navidad, describiendo la escena de “una profunda noche fría de invierno” y la historia de los Tres Reyes que “continuaron, día y noche” buscando al Niño Jesús. El villancico también menciona “el pesebre con el buey y la mula” y Cristo Niño “carente de ropa” y “en un pesebre entre el heno”.

En Francia, el Nöel surgió en el siglo XV y, al igual que los villancicos ingleses, apareció al principio en latín mezclado con la lengua vernácula. Noël nouvelet (literalmente traducido como “noticias novedosas”) data del siglo XV, y Ça, bergers, assemblons nous (Pastores, reuníos) data del siglo XVI. Algunos de los villancicos conocidos universalmente incluyen Il est ne, le Divin Enfant (Ha nacido, el Divino Niño Jesús), y Les Anges Dans Nos Campagnes (Gloria in excelsis Deo) del siglo XVIII.

En España, Juan López de Úbeda, Francisco de Ocaña y José de Valdivielso fueron los principales autores de villancicos en los siglos XVI y XVII. Uno de las canciones más populares del mundo hispano parlante es Los peces en el río, cuya letra habla de lo que hace María al dar a luz al Niño, y los movimientos de los peces en el río. Otro villancico muy popular es En el portal de Belén.

4. Juan Pablo II elogió los villancicos como “expresiones de la piedad popular” que están llenos de “una gran riqueza musical y teológica”.

Los villancicos no sólo pertenecen a nuestra historia; de alguna manera forman parte de nuestra historia nacional y de la historia del cristianismo”, dijo Juan Pablo II al dirigirse a un grupo de peregrinos polacos en la Navidad de 1996. El Papa polaco reflexionó junto a sus compatriotas sobre “estas expresiones de piedad popular […] cuya riqueza musical y teológica es enorme”.

“Son muchos y de una riqueza espiritual considerable”, continuó. “Desde los más antiguos a los más actuales, desde los más litúrgicos a los más populares”. “No debemos perder esta riqueza”, dijo hablando sobre el villancico polaco Bóg się rodzi (Dios ha nacido). “Esta es la razón por la que, así como yo parto con vosotros la Eucaristía de Navidad, espero que todos vosotros, queridos compatriotas, ya sea en vuestra tierra o aquí en Roma o en cualquier parte del mundo, cantéis los villancicos, pensando lo que estáis diciendo, en su contenido, y en ellos descubriréis la verdad del amor de Dios que se ha hecho hombre por nosotros”.

Dos años antes, en 1994, Juan Pablo II escribió una carta a los niños, en la que les contaba su experiencia en la infancia: “Entonces yo vivía también la atmósfera serena de la Navidad, y al ver brillar la estrella de Belén corría al nacimiento con mis amigos para recordar lo que sucedió en Palestina hace 2000 años. Los niños manifestábamos nuestra alegría ante todo con cantos. ¡Qué bellos y emotivos son los villancicos, que en la tradición de cada pueblo se cantan en torno al nacimiento! ¡Qué profundos sentimientos contienen y, sobre todo, cuánta alegría y ternura expresan hacia el divino Niño venido al mundo en Nochebuena!”.

John J. Boucher, el director asociado para la Evangelización en la diócesis de Trenton, cuenta a Aleteia que los villancicos son una especie de “pequeño catecismo” y una “forma de presentar el Evangelio de Jesús en pocas palabras”. Explica también que “algunos villancicos […] resumen la vida entera, muerte y resurrección de Cristo y su reinado como Cristo Rey. Otros ofrecen instantáneas de Jesús y títulos de Jesús”.

El Festival de Villancicos es un proyecto anual de evangelización en Trenton que anima a las parroquias a usar su rica tradición de los villancicos para llegar a los católicos alejados.

Boucher afirma que esta posibilidad de usar los villancicos como modo de evangelizar y hablar a los católicos y los no católicos de la fe es “algo de lo que no nos hemos aprovechado”. Y revela que después de varios años celebrando el Festival de Villancicos, mucha gente se ha vuelto a cuestionar sobre la fe católica o ha vuelto a la Iglesia.

También habla de varias historias de conversión sucedidas después de la asistencia al Festival de Villancicos, entre ellas la de una mujer que hacía muchos años que no iba a la iglesia y que volvió después de asistir al festival. Los participantes experimentaron una “gran alegría”, dijo. “Se sintieron atraídos por el curativo recuerdo de Cristo Niño. Este recuerdo es algo tan profundo que toca la vida de las personas”.

Referencias:
El Papa Juan Pablo II sobre los villancicos polacos
Bóg się rodzi (Dios nace), escrito por Franciszek Karpiński en 1792
Carta de 1994 de Juan Pablo II a los niños