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Sé sincero.

Si las reuniones de Zoom con amigos te resultan repetitivas o angustiantes porque te obligan a estar a determinada hora en la pantalla y tú tienes asuntos importantes que atender, es mejor que se lo digas.

Tus amigos o familiares no conocen tu situación al mismo nivel que tú. La doctora Gold recomienda que hables sinceramente y digas si la reunión de Zoom te da fatiga tal como está planteada.

En el trabajo, también puedes comunicar al equipo qué es lo que te inquieta o cansa, para que se pueda mejorar. Tal vez es cuestión de proponer un cambio de horario o un nuevo sistema de organización en el trabajo.
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Compensa con tiempos de silencio y soledad.

Si las reuniones de Zoom parece que te dejan un vacío interior porque acabas extenuado y sin ideas, plantéate buscar tiempos para ti en los que puedas recuperar energía.
Puedes tomarte un tiempo de meditación, de lectura sosegada de un buen libro de literatura (no hablo de noticias o vistazos a Instagram).
Recogerse y hacer oración es una excelente forma de recargar pilas. Logras recuperar el equilibrio entre una vida exterior volcada en el trabajo y las redes sociales, y la vida interior.
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Marca un tiempo.

Spinelli afirma que las reuniones de Zoom deberían ser de unos 30 minutos como máximo. La doctora Golf añade que si tú no eres quien propone la reunión, sí puedes avisar de que a tal hora deberás cerrar la conexión.
En el caso de Zoom, el tiempo límite son 40 minutos por reunión, pero nadie nos obliga a agotarlos.
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Vuelve a las antiguas llamadas.

¡Lo habíamos olvidado! Existen las llamadas de teléfono de toda la vida, uno a uno, en las que no te ves pero atiendes a la conversación.
Las llamadas de teléfono permiten más libertad de movimientos que una reunión de Zoom y no obligan a estar sentado tantas horas frente al ordenador.
Aunque no os veáis, con la voz puedes manifestar atención y cariño a los familiares y amigos con la misma fuerza que proyectas con la imagen.
En el caso de las reuniones de trabajo, la llamada de teléfono puede dar aire más personalizado a la tarea que asumes y que comentas.
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No te fuerces.

Spinelli reconoce que hay momentos en que nadie de la reunión tiene nada que aportar y propone que tengáis un plan previsto: ver una película juntos, una clase de cocina... o participar en la misma actividad, como seguir la misma clase de yoga.
Personalmente, creo que no hay que forzar las situaciones. En la amistad no se trata de "llenar el silencio" de Zoom con palabras o actividades. Cuando hay amistad auténtica, uno piensa en la otra persona. Pensaremos si queremos que descanse, que se divierta, que se olvide de su rutina o su problema, o si estamos deseosos de contarle algo que nos ha pasado, por insignificante que sea, o queremos pedirle consejo... seguramente así acertaremos más a la hora de encontrarnos virtualmente.
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Personaliza cuando puedas.

Que las reuniones de grupo no maten la amistad. Cultívala con llamadas o videollamadas uno a uno cuando te sea posible. Es una recomendación de Spinelli.
En la amistad, al final hay un componente personal que hace que de vez en cuando nos encontremos más a gusto con una sola persona. Es momento de confidencias que no diríamos en grupo o, sencillamente, porque en el grupo no todos los temas os atraen por igual y quieres ahondar en un aspecto.
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Pon límites.

La reunión de Zoom con los amigos o familiares no debe ser eterna. Todos tenéis otras cosas que hacer y, además, todos sabemos que cuando hay confianza, unos días se tienen muchos temas que comentar pero otros no. No alargues la reunión hasta quedar extenuado. Con franqueza, te despides y hasta la próxima.
Para los que cueste decir adiós, Babita Spinelli propone un sencillo "ha sido un placer hablar con ustedes".