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Vive el día.

Es una expresión latina, Carpe diem, vive el día, pero en vez de afrontarla como harían los romanos, como una vida en la que al morir se acaba todo, aplícala a un vivir el día con sentido trascendente. Y es que Dios no nos pide más de lo que nos da para sobrellevar la situación.

El beato Álvaro del Portillo escribió: "Si encontramos alguna vez más dificultades, quiere decir que el Señor nos enviará más gracia, nos concederá siempre la ayuda proporcional". Así es, nunca nos va a faltar la gracia de Dios.
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Facilita la vida y no seas quejica.

En las redes sociales, ¿qué mensajes lanzas? ¿Discutes? ¿Te enfadas con facilidad? Sé constructiva con lo poco que tenemos a nuestro alcance: un buen plan, un pequeño éxito en el trabajo, una sugerencia de ocio a nuestro alcance (escuchar buena música, una receta o ver una película, por ejemplo).

Esto no significa decir amén a la política o a determinadas conductas. Nuestro juicio crítico debe seguir activo, pero que no exceda a nuestras posibilidades reales de intervenir en la opinión pública.
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Empieza por algo pequeño.

Si estás abrumada o abatida por el montón de cosas que parecen problemas irresolubles, comienza poniéndote en marcha con algo muy pequeño: hacerse la cama, por ejemplo.
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Sigues siendo explorador.

Recuerda que los exploradores buscan tesoros y nuevos territorios, pero cada jornada deben hacer un descanso para seguir al día siguiente con fuerzas renovadas.

La pandemia no nos hace menos humanos. Somos nosotros quienes decidimos qué rumbo tomar cada día.
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Menos es más.

Abarcar menos no implica que nuestra vida baje en calidad. Al contrario. Puede ser un buen momento para ganar en conversaciones a fondo, en dedicación de mayor tiempo a los míos y a cultivar la amistad, por ejemplo.
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Planifica solo lo imprescindible.

Ve a lo esencial. ¿De qué te sirve ahora preocuparte por como viviréis las Navidades en tu familia? Resuelve el día a día y no te obsesiones por asuntos que no están en tus manos: dependemos de las autoridades en cuestión de movilidad y de seguridad sanitaria.
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Vive con esperanza.

Mira a la Naturaleza para aprender grandes lecciones de esperanza. Tras una tormenta siempre llega la calma, uno puede asomarse a la ventana y ver de nuevo el sol. Eso es que lo que nos va a suceder cuando acabe la pandemia, que -no lo dudes- acabará.
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El hombre propone y Dios dispone.

Volvamos a leer qué significa la Providencia: es el cuidado amoroso que Dios tiene de las criaturas. Dios no nos abandona nunca.

Nosotros hacemos planes pero siempre contaremos con que Dios está pendiente de nuestra vida. Visto así, uno puede mejorar el plan que toca en cada momento y convertir las nuevas circunstancias en una opción mejor.
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De la lista interminable, escoge una cosa.

Si tienes una larga lista de asuntos pendientes, actúa con el número 1 como si fuera el único que tienes que hacer en el día. Una vez lo hayas resuelto, enfoca el segundo y así sucesivamente.
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Recuerda que al final...

Lo importante, de lo que se nos va a juzgar al final de nuestra vida es sobre el amor. El Papa Francisco nos lo recuerda una y otra vez.
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¿No te ves rezando?

"¿Cómo voy a rezar si tengo tanto trabajo?". Basta un pensamiento. Una frase dirigida a Dios es suficiente para que le digamos que le amamos. Te pueden servir algunas como:

"Danos la paz".

"Santa María, detén tu día".

"Jesús, contigo más y mejor".

Las jaculatorias son tan poderosas como un concentrado atómico.