1/12

Yolanda y su marido llevaron a su pequeña a Montserrat por primera vez.

2/12

Ahora no llegan los autocares de turistas y hay pocos peregrinos.

Puede verse en la imagen que hay obras en el subterráneo: Montserrat, que es centro de peregrinación mundial, mira al futuro con la esperanza de que pronto volverán los visitantes de los cinco continentes.
3/12

Ahora está prohibido tocar la imagen de la Moreneta.

Sin embargo, cuando no hay actos litúrgicos se puede subir al camaril de la Virgen y rezar ante ella. El horario es extenso. Un guardia controla que se guarden las distancias entre grupos, unidades familiares o personas.
4/12

En el atrio de entrada, algunas personas esperan a que acabe la misa de las 12 horas para entrar en el templo.

A derecha e izquierda hay pantallas de televisión que transmiten la misa. Se han venido empleando cuando el templo estaba lleno a rebosar y los peregrinos debían seguir la misa desde fuera.
5/12

La explanada del santuario al mediodía.

6/12

Las pilas de agua bendita están secas. Al fondo, el interior del templo casi vacío.

7/12

El gel hidroalcohólico está a disposición de los visitantes a la entrada y salida del templo.

8/12

Un grupo de adolescentes sube con mascarilla al camaril de la Virgen.

Ahora la distancia de seguridad entre grupos se hace imprescindible. No hay prisa y se puede estar ante la Virgen más tiempo que antes de la pandemia, cuando había largas colas.
9/12

El interior del santuario visto desde el camaril de la Virgen de Montserrat.

10/12

Una persona de la limpieza se encarga de desinfectar la zona del confesionario.

11/12

Concluida la misa, un joven monje benedictino se encargaba de arreglar la pintura de los bancos de madera con un bote de barniz y un pincel.

12/12

Siguen encendiéndose velas a la Virgen en el pasillo exterior del santuario.